Lucía de la Cruz solo quiere seguir cantando. A puertas del concierto con el que celebrará 61 años de vida artística, prefiere quedarse en el presente antes que hacer balance. “No retrocedería, sino me quedaría en estos 61”, dice, después de resumir una trayectoria atravesada por momentos “tristes” y “alegres”, pero sostenida siempre por el escenario. “Lo más importante de todo es que estoy parada en un escenario y cantando”.
Ese pulso aparece también en el concierto que ofrecerá el 28 de marzo en el Círculo Militar de Jesús María, anunciado como una celebración de su recorrido y de los cruces musicales que ha defendido en los últimos años. Habrá, adelanta, “timba, cajón y bongós, de todo”, en una mezcla de criollo, cumbia y salsa.
Más que una concesión a la moda, la oferta de este show responde a una forma natural de entender la música: “Yo creo que la música es una sola”. Por eso no le resulta extraño pasar del vals a los espacios salseros y timberos. De la joven que empezó, dice, conserva algo menos visible y quizá más raro: “Escuchar, responder tus preguntas y tener paciencia”. Ahí también hay una forma de permanencia.











