Escribe: LUIS MIGUEL IGLESIAS LEÓN
En el panorama educativo global, las becas internacionales —entendidas como la subvención que reciben personas calificadas para poder llevar a cabo estudios especializados en el extranjero— representan la esperanza de estudiantes o profesionales de bajos recursos que sueñan con lograr mayores metas académicas y profesionales. Por parte de los Estados, constituyen un mecanismo clave para promover una mayor equidad educativa y el talento humano, y para contar con profesionales que puedan fortalecer la innovación y el desarrollo nacional.
Para lograr estos objetivos, los Estados suelen contar con instituciones que promueven y canalizan el acceso a becas, como el Programa de Formación de Capital Humano Avanzado de Chile, el Instituto Colombiano de Crédito Educativo (ICETEX), el programa Impulso Ecuador, el programa Bec.AR de Argentina o el Programa Mobilidade Internacional de Universidades Brasileñas (GCUB). En el caso peruano, en 1973 se creó el Instituto Nacional de Becas y Crédito Educativo (INABEC) como organismo público encargado de los programas de becas y crédito educativo, el que fue reemplazado en el 2012 por el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (PRONABEC).
Desde su creación en adelante, el PRONABEC fue incrementando de manera importante su presupuesto año tras año, pasando de 129 millones en el 2012 a 420 millones en el 2014, 920 millones en el 2016, 1173 millones en el 2021, 1152 millones en el 2024 y 1450 millones de soles en el 2025, mostrando que, a pesar de los vaivenes políticos, los gobiernos de turno dieron la importancia debida a esta política educativa, permitiendo que miles de jóvenes salieran al exterior para conectar académicamente al Perú con el resto del mundo.
“Dejar el PRONABEC sin oxígeno, sin sustento, y soltar a los jóvenes, es un abandono en toda regla”.
Si bien existen tres becas que son las más solicitadas (Beca 18, Beca Permanencia y Beca Generación del Bicentenario), PRONABEC tiene otros seis tipos de becas disponibles (Beca Tec, Beca Perú, Beca Inclusión, Beca Hijo de Docentes, Beca Productiva y Beca Alianza del Pacífico) y tres modalidades de crédito educativo (Crédito Talento, Crédito 18 y Crédito Pro).
No obstante, muchos de estos programas fueron creados con un criterio político más que técnico, y han sido utilizados más como mecanismo para la atención de demandas sociales que para promover el talento educativo. A ello se han sumado otros factores que han llevado a graves problemas internos en el sistema de becas, como el no retorno de becarios al país —cifra que llega al 40 %— o la continuidad de subvenciones a becarios que no han mantenido el nivel de excelencia requerido.
Lamentablemente, en lugar de optar por una reestructuración o reingeniería del sistema de becas, el Congreso ha preferido el hachazo presupuestal. Dejar al PRONABEC sin oxígeno, sin sustento y, sobre todo, soltar a la deriva a jóvenes que ya tenían un pie en las mejores universidades no es “austeridad”, es un abandono en toda regla.
Por otro lado, el Ministerio de Educación sigue en deuda: necesitamos un plan que pase de las palabras a la acción, que conecte el talento con la innovación tecnológica y que garantice que ese conocimiento regrese al país. No basta con dar una beca; hay que gestionar el futuro con transparencia y resultados.
Ojalá el próximo gobierno entienda que el éxito de una nación ya no se mide solo por sus puertos o rutas comerciales, sino por la materia gris de su gente. En un mundo donde el conocimiento vale más que el capital, darles la espalda a nuestros mejores estudiantes es condenarnos al rezago. El Perú no puede darse el lujo de apagar los motores del talento si realmente aspira a jugar en las ligas mayores del desarrollo global. Es hora de que el piloto, quienquiera que sea, tome el control de la educación antes de que perdamos el rumbo por completo.






