A estas alturas, resulta claro que Rafael López Aliaga es candidato a la alcaldía de Lima. Vulnerando todas las normas constitucionales y legales aplicables, lo es. Para ello, como es de amplio dominio público, ha contado con la vergonzosa aceptación del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
Ahora bien, recientes publicaciones oficiales de la candidatura de López Aliaga anuncian que el distrito de Miraflores ha sido escogido como su maqueta. Una especie de aviso luminoso de cómo es que, desde dicho emblemático lugar, Porky pretende hacerle creer a la ciudadanía que, en efecto, Lima será “potencia mundial” (aunque con cuatro años de atraso).
Veamos. Se ha publicado que, en Miraflores, Renovación Popular, su partido, convertirá en vías expresas las avenidas Angamos y Benavides. Sin precisar plazos, presupuestos, estudios de factibilidad, evaluaciones sobre impactos en el tránsito, vialidad, afectaciones comerciales, convivencia vecinal, López Aliaga y su gente declaran que llevarán a cabo tamañas obras, confundiendo planificación con improvisación.
Como se conoce, Miraflores es un distrito simbólico de Lima. Lleno de tradición y de memoria histórica, Miraflores está caracterizado por sus calles residenciales, su variado comercio y, principalmente, su belleza natural. Es verdad que la actual gestión municipal, precisamente de Renovación Popular, se ha encargado de desdibujar dicha imagen durante los insufribles cuatro años del mandato del alcalde Carlos Canales, pero lo cierto es que finalmente la tradición miraflorina ha prevalecido sobre la imposición autoritaria. La gente de toda la capital va a Miraflores a disfrutar de las vistas al mar desde los malecones, a recorrer sus parques y a descansar contemplando los atardeceres y el buen trato de los vecinos.
Pues bien, todo eso acabaría si es que se pusieran en marcha las megaobras mencionadas. Imaginar las complicaciones en el tráfico, en el daño ambiental derivado de los desmontes y del ruido, para no hacer referencia al sufrimiento de quienes residen en tales lugares y a los escolares que acuden a sus colegios en dichas zonas, sugieren sin lugar a duda que los anuncios constituyen la más burda y pura demagogia.
Allí, sin embargo, no queda la cosa. Porky anuncia también construir un puente vehicular desde el malecón de Miraflores al malecón de Barranco, paralelo precisamente al kafkiano puente peatonal fosforescente -que tanta y justificada controversia suscitó en su momento- con el eventual propósito de aligerar el tráfico vehicular. Un verdadero sin sentido. No hay ninguna necesidad de ese puente, el cual, de ejecutarse, lo único que traerá es perjuicio durante su construcción e inutilidad cuando se termine.
Hay más. López Aliaga y su gente plantean asimismo remodelar todos los malecones de Miraflores y los icónicos parques Kennedy y Reducto. Ninguno de tales lugares requiere remodelación alguna. Solo apropiado mantenimiento regular, para que luzcan y sean aprovechados para lo que fueron hechos: pasear, descansar disfrutar. Hacer obras allí donde no se necesitan -como es el caso- no tiene otro propósito que buscar presupuestos y adendas.
Una inalcanzable lista de deseos, como la que López Aliaga plantea para Miraflores, para un período de cuatro años, se convierte entonces en la más cabal expresión del populismo demagógico.
*Abogado y fundador del original Foro Democrático.