¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura?

Escribe: Patricia Salinas Oblitas | Apenas se conoció el nombre de Alberto Beingolea como ministro de Cultura, se hicieron hasta memes. ¿Por qué tanto prejuicio?

por Patricia Salinas
La designación de Alberto Beingolea reabre el debate sobre los límites que se le atribuyen a la cultura en Perú. Foto: composición Caretas

El nombramiento de Alberto Beingolea como ministro de Cultura provocó, inexplicablemente, todo un revuelo y, antes de que comience siquiera a trabajar, hubo quienes se apresuraron a sentenciar por qué no debería estar ahí. El argumento que usan como si fuera algo contundente es el siguiente: ¿qué sabe de cultura un periodista deportivo?

Algunos, incluso, han recurrido a sus inicios en la tele para llamarlo “el Burbujito” de Hola Yola, creyendo que con eso lo atacan. Sí, participó de niño en el programa infantil en el que lo vimos crecer. Allí hacía comentarios deportivos y entrevistas (bastante buenas) en un segmento denominado “El americanito”. No era parte del grupo de baile como muchos quieren hacer creer, lo cual tampoco tendría algo de malo. ¿En qué momento bailar dejó de ser cultura?

El asunto es que Beingolea no se quedó en Hola Yola. Es uno de los periodistas deportivos más reconocidos del país y ha formado a varias generaciones desde el periodismo y la docencia. Es abogado por la PUCP, ha sido profesor de Derecho Penal en la PUCP, la USMP y la Universidad César Vallejo, y enseña Periodismo Deportivo y Deontología en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la PUCP. Y en cuanto a política, ha sido secretario general del PPC, partido por el cual fue elegido congresista y candidato a presidente de la República.

Alberto Beingolea, de 13 años, junto a Yola Polastri.
Alberto Beingolea, de 13 años, junto a Yola Polastri.

Pero, al parecer, el solo hecho de ser parte de uno de los territorios que algunos consideran ajeno a la cultura, la televisión y/o la música, le produce escozor a cierta gente. Pasó con Salvador del Solar por ser actor y con Susana Baca por ser cantante, cuando asumieron la misma cartera.

Para algunos, la cultura empieza en una huaca y termina en un museo. Cultura sería solamente el patrimonio, las artes plásticas, la música clásica, la ópera. Todas las demás expresiones de nuestra identidad no tendrían cabida. Y ahí aparece el problema. Porque la televisión (con todos sus defectos) también es cultura. El cine es cultura. El teatro es cultura. La radio, la literatura popular, la música, las fiestas regionales, la gastronomía, las redes y, sí, el deporte, son expresiones de una sociedad y de su manera de verse, reconocerse y relacionarse.

Basta mirar un Mundial de Fútbol —como el que acaba de pasar— para comprobarlo. Allí no solamente hay veintidós jugadores detrás de una pelota. Hay himnos, banderas, canciones, rituales, símbolos, rivalidades, maneras de celebrar y de sufrir, héroes nacionales y una formidable representación de las identidades de cada país. El deporte no está fuera de la cultura: es una de sus manifestaciones más masivas.

Hace muchos años escribí sobre esto a propósito de quienes parecían establecer una frontera entre la cultura “culta” y la cultura popular. Como si la ópera fuera cultura y la chicha no. Como si Beethoven pudiera entrar por la puerta grande y el huayno tuviera que pedir permiso. Como si la salsa, nacida de tantas mezclas y migraciones, fuera apenas música para bailar. ¿Quién decidió eso?

De otro lado, en una revisión rápida de los que han ocupado el Ministerio de Cultura durante los gobiernos de Pedro Castillo y Dina Boluarte, por ejemplo, encontramos un montón de abogados, una administradora de empresas, un ingeniero civil y hasta una dentista, y cuando fueron designados nadie se rasgó las vestiduras. Entonces, ¿por qué esa vara tendría que ser distinta para Beingolea? ¿Porque los demás nunca aparecieron en la televisión? ¿Porque no fueron parte de Hola Yola? Resulta tan ridículo que quienes usan ese tipo de argumentos revelan una idea bastante pobre de lo que, realmente, es cultura.

Tal vez convendría recordar la frase tantas veces repetida, pero tan poco entendida, de César Vallejo cuando escribió: “Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él”. Porque la cultura no es solamente lo que se exhibe en una galería. También es lo que el pueblo canta, cuenta, baila, juega, recuerda y celebra. Y sí, eso incluye también un partido de fútbol.

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