Entrevista: Enrique Chávez
Ingeniero y empresario minero, Roque Benavides llega a la próxima edición de Perumin en Arequipa con la autoridad de quien estrena un proyecto emblemático: San Gabriel. Alejado de la política electoral —aunque muchos de sus amigos lo tienten con la presidencia—, el expresidente de la Confiep tiene mucho que decir sobre minería, sostenibilidad y el futuro del país.
–En Perumin dirigirá el panel de líderes mineros internacionales. ¿Cuál es el plan?
Soy de los que creo que, si al vecindario le va bien, a nosotros nos va bien. El mundo se ha vuelto una aldea global y entonces tenemos que escuchar las experiencias de distintas empresas. Por ejemplo, viene el representante de First Quantum que tuvo una experiencia medio traumática en Panamá.
La mina de cobre que fue cerrada
Donde el anterior gobierno panameño decidió paralizar una operación que había costado USD 10 mil millones de dólares por la influencia de algunos artistas de Hollywood. Gente que está en Los Ángeles y cree que las cosas se solucionan en dos minutos. Ese va a ser un tema muy interesante. Van a estar empresas globales que también nos pueden dar consejos y además están interesados en invertir en el Perú. Hay que entender que Perumin es la segunda conferencia minera más grande del mundo, después de la canadiense. Y es una oportunidad para que ellos vengan, hablen de sus limitaciones y sus problemas. Siguiendo un poco el dicho, “candil de la calle, oscuridad de tu casa”, escuchemos en el Perú también, y aprendamos de ello.
–Si se traza el mapa de las dificultades para la industria actualmente en el Perú, la primera sería la minería ilegal y la segunda la permisología.
Van amarrados porque la permisología hace que muchos de nuestros compatriotas que no tienen las espaldas financieras de una gran compañía, como les toma tanto tiempo desarrollar su proyecto, devienen en informales. Cuando no ilegales. Porque el recurso hace que haya gente que está tan desesperada que va y se mete en propiedades de terceros. Entonces tenemos que ser conscientes de que la permisología promueve la informalidad. Y que la falta de recursos y oportunidades de trabajo promueve casi la ilegalidad.

–¿Cuál es el ecosistema minero que se imagina si superamos esos problemas?
Bueno, ya supongo que estamos perfectamente en la tercera edad. Yo he trabajado cuando había pequeña, mediana y gran minería. Lo que hay que evitar es que sean mineros ilegales y en ese sentido hay que facilitar que la gente se formalice, que ingrese a la industria minera, pero con mecanismos de mercado. No destruyendo sus expectativas. Eso es lo que siempre ha sucedido en el Perú. Hubo un Banco Minero que promovía inclusive la pequeña minería, pero no la minería ilegal. El Perú ha avanzado mucho y un tema que no se menciona está en la forma cómo tenemos las cuadrículas en las concesiones mineras.
Es un sistema súper moderno y muy transparente. Cuando yo comencé a trabajar eran las visuales: la visual de la punta del cerro, de la cúpula, de la iglesia de tal pueblo. Hoy día todo es con GPS. Tienes tus cuatro esquinas de una cuadrícula y todo el Perú está dividido en cuadrículas. El trabajo del INGEMMET -Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico- es estupendo y hoy día se hace mucho más fácil formalizar y evitar conflictos. Eso es lo que tenemos que entender.
–¿San Gabriel, proyecto de Buenaventura, es la joya de la corona en 2025?
Es el primer proyecto que sale después de Quellaveco (Anglo American-Mitsubishi), pero guardando las distancias.
–¿Cómo es la historia?
Es interesante. San Gabriel fue inicialmente un denuncio de Gold Fields. Viendo que mostraba poco entusiasmo después de haber explorado y no haber encontrado, le planteamos la posibilidad de explorar invirtiendo nuestro dinero y que si salía algo podíamos tomar una participación de 49 % o algo así. Es lo que se denomina en minería un clawback por lo que Gold Fields podía regresar a tener su propiedad. Encontramos. Y dijeron, quiero el 51 %. Seguimos trabajando y comenzamos a desarrollar el proyecto pero les pareció muy chico y nosotros planteamos comprar. Y finalmente lo hicimos.
–¿Cuánto duró el proceso?
Veinte años. Buenaventura es una compañía global. Y Gold Fields quería un yacimiento de tajo abierto que produjera medio millón de onzas de oro al año. Nosotros, por ser peruanos, estamos dispuestos a producir por 150 mil o 200 mil onzas en una mina subterránea.
–¿Por qué?
Lo que pasa es que hay que entender la geometría de los depósitos. Hay geometrías que permiten el tajo abierto y otras que no. Hay muchas empresas que consideran que el tajo abierto es la única solución porque mueves un montón de tierra, pero la huella ambiental es muchísimo mayor. Mientras que hay empresas como Buenaventura que, a Dios gracias por esa tradición minera que tenemos, podemos desarrollar minas de tajo abierto y minas subterráneas. Y entonces San Gabriel va a ser una mina subterránea donde vamos a producir 150 mil – 200 mil onzas de oro. Somos peruanos, estamos aquí y podemos trabajar un poquito más.

–Anunciaron que se reutilizará hasta el 90 % del agua y utilizarán sólo energías renovables.
Tenemos un lema: Agua primero, mina después. Suena demagógico, pero “agua sí, mina no” suena más demagógico, ¿no? Y no es que lo digamos de la boca para afuera. Primero construimos un reservorio y después desarrollamos la mina. Lo hemos hecho en San Gabriel, en La Zanja, en Chaco, en Orco Pampa. La comunidad sabe que cumplimos nuestra palabra y somos amigables con el medio ambiente.
–¿La relación de San Gabriel con la comunidad es óptima?
No faltan problemas y en época de elecciones me temo que no faltarán todavía más problemas. Pero vamos a sacar adelante el proyecto y esperamos comenzar a producir entre fines de octubre y principios de noviembre.
–¿Va a ser el proyecto más importante para ustedes en la próxima década?
Si, pero con ubicaína. Este es un proyecto de USD 700 millones de dólares. Quellaveco fue USD 5500 millones.
–Pero acá ustedes arrancan solos desde el principio.
Al 100 % y los precios de los metales nos están ayudando. Estamos entrando en producción justo en el momento que está más alto el precio, así que eso va a ayudar muchísimo.
–¿Cómo resumiría el arco histórico de Buenaventura?
La verdad es que las empresas son una curva de aprendizaje. Decir que uno ha tenido más impacto que los fundadores es una pretensión. Nosotros somos la primera empresa minera latinoamericana listada en la Bolsa de Nueva York. ¿Hace 27 años hubiésemos podido listar una compañía que no fue engendrada, desarrollada por los que nos antecedieron? Imposible. Que ha habido vaivenes en los precios, en cuanto a las reservas, que hemos cometido errores y seguramente hay proyectos que no nos han funcionado bien. Sí. Todo eso es un cúmulo de experiencias. También hay gente que nos está sucediendo. Claro, yo he cumplido 71 años, que es una edad muy seria no. Como decía Haya de la Torre, hemos llegado a la cúspide.
–¿Es cierto que sigue haciendo ejercicio diario?
Corro todos los días. Lo haré mientras el cuerpo me quede. Me ayuda, por supuesto. Y me ayuda psicológicamente. Es fundamental. El respirar, sudar, es vivir.
–¿Podría elaborar sobre los errores y los éxitos de la empresa?
Una broma que yo le hacía a mi padre, que sí fue geólogo y hombre de convicción geológica extraordinaria, era la de: “¿en qué se parecen los médicos y los geólogos? En que ambos entierran sus fracasos”. Yo ya ni siquiera me río. Porque el ADN de Buenaventura es la exploración. Es una industria no renovable y lo que explotaste de mineral no lo vas a volver a explotar. Pero si continúas explorando y si tienes las capacidades y el talento de los geólogos, vas a seguir encontrando. En mi oficina tengo un dicho en inglés: Old miners never die. They only lose their veins. Los viejos mineros nunca mueren. Solamente pierden las venas, o las vetas porque la traducción es la misma. Creo que ahí está el éxito de Buenaventura: Haber tenido convicción en la exploración, aunque en algunos casos no nos ha ido bien.

–¿Cómo con la experiencia en Conga?
Fue muy difícil. Ya Yanacocha había sido un triunfo. Hay que entender, y mucha gente se olvida, que entre Cuajone y Yanacocha no hubo un solo proyecto minero que se desarrolló en el Perú. Desde 1969 hasta 1993. Entonces, sacar adelante ese proyecto con la gente de Newmont tras 24 años fue muy difícil, más en una zona claramente ganadera. La verdad es que Cajamarca es especialmente verde en nuestro país.
–¿Cuál debe ser la agenda minera del próximo gobierno?
Significa simplificar los trámites para facilitar la formalización, y combatir la ilegalidad y la delincuencia que pueda haber. Un aspecto que creo es fundamental es eliminar esta estupidez de no poder hacer inversión a 50 kilómetros de la frontera. Y fíjate tú, eso escapa ya al tema minero. No puede haber un Wong en Tacna porque es capital chileno. Por Dios. Hoy Israel manda drones hasta Irán. Los dos 50 kilómetros no tienen ningún sentido. Fruta del Norte, que es el gran yacimiento de oro que está produciendo en Ecuador, está en el límite. En el caso de Piura, Tambogrande está dentro de los 50 kilómetros de la frontera, El Algarrobo, que es esta iniciativa privada que hemos presentado y que ha sido aprobada, está un poquito por fuera y ahí sí podemos invertir. Es absurdo poder invertir en Algarrobo pero no en Tambo Grande. Hay que enfocarse en sacar adelante los USD 54 mil millones que el Ministerio de Energía y Minas tiene en proyectos mineros como Michiquillay, La Granja y Zafranal. El Perú tiene más proyectos de cobre que ningún otro país del mundo. Hoy día el país produce 2.7 millones de toneladas de cobre. Chile produce el doble. El Perú podría sobrepasar a Chile, fácilmente. El cobre no es otra cosa que el oro del futuro, el oro de la energía. Los carros eléctricos consumen cuatro veces más cobre que el carro a combustión.
–¿Y la agenda de energía?
Es indispensable ampliar la base de reservas de Camisea, o sea, verbigracia, la reserva de Candamo, donde se tienen identificadas reservas que no se perforan por temas medioambientales. Hacer una perforación por gas no significa destruir el medio ambiente. Mira lo que ha pasado en Bolivia, que agotó sus reservas. En el Perú la industria minera consume el 50 % de toda la energía eléctrica que se produce en el país. Mucha gente dirá qué horror, cómo consumen. Bueno, yo lo pongo desde otro punto de vista. El Perú es uno de los países con menor costo de energía eléctrica por kilo de producto y eso es porque hay un gran consumidor. ¿Qué más valor agregado puede haber que la industria minera justifique un costo de energía barato? Déjate de vainas.
–¿Sus amigos petroleros son optimistas con el posible hallazgo de petróleo en la costa del norte?
El gerente de Anadarko, con quienes se asoció Chevron, me dijo, antes de que salga en las noticias, que hay un gran potencial frente a Trujillo y yo entiendo que también lo hay todavía en la selva. Justificaría la refinería de Talara. No voy a decir la cifra que me han dado porque podría sonar muy grande, pero es mucho más de 100 000 barriles diarios. Hoy Talara no tiene alimentación y por eso compró crudo de Ecuador. Pero hablamos de a más de 100 kilómetros de la costa. No tiene ningún impacto sobre los pescadores. La tecnología permite que se puedan explotar esos yacimientos sin tener un impacto negativo sobre el medio ambiente. Es evidente que soy una persona parcializada con respecto a los recursos naturales. Pero tengo argumentos. No estoy en un vuelo de marihuana sino en un vuelo de convencimiento de que en el Perú puede haber mucha más riqueza. Si nos convertimos en una Venezuela, volamos.











