Escribe: ARQ. URB. Jorge Ruiz de Somocurcio
La bahía de Lima es un solo gran espacio, con un eco – sistema masivo de borde que va desde Chorrillos hasta La Punta incluyendo las islas San Lorenzo y El Frontón frente al Callao. Hace unos siglos, en Lima prehispánica estaban unidas al continente y en marea baja se podía llegar caminando a la isla San Lorenzo por la llamada Pampa del Camotal.
Sobre la bahía existe la intervención del proyecto visionario llamado Costa Verde que nace de la imaginación del Arq. Ernesto Aramburú Munchaca los años 50 del siglo pasado. La Costa Verde es por lo tanto una idea de planificación urbana no una reserva natural, pero que tiene que ser bien ejecutada. Hasta ahora, es prácticamente un viaducto Lima – Callao con playas históricas como Chorrillos, Barranco y Miraflores cuna del surf llamado antes “tabla hawaiana”, traído de la Polinesia por Carlos Dogni en los años 40.
La bahía y el mar no entienden de decisiones administrativas que trazan límites imaginarios. Para la bahía el espacio es uno solo, Lima y Callao. Y se entiende el borde costero entonces como un gran espacio bisagra entre el continente con el mar. En ese gran espacio hay propuestas que incorporan las islas como parte de una imagen objetivo que para el efecto admite diferentes usos como el turístico, ambiental, recreativo, protección de La Punta ante tsunamis y también residencial, pero están en lista de espera.
El gran vacío es que todo ese espacio desde Chorrillos, hasta La Punta adolece precisamente de una visión de desarrollo, provista de sus respectivos proyectos específicos debidamente socializada, y que contribuya a afirmar la identidad marina de la metrópoli. La parte de Lima, denominada Costa Verde tiene un obsoleto Plan Maestro que viene del siglo pasado y que lotiza el borde costero. La imagen actual del frente de mar es un viaducto Lima – Callao, obra de Odebrecht, sumido en una parálisis total. No hay ningún proyecto de desarrollo urbano. Las centralidades urbanas que se conectan con la playa en cada distrito están paralizadas.
Estamos entonces ante un borde costero sin hoja de ruta, en el que componentes como las islas están paradójicamente a la deriva e inversiones privadas como La Maddalena que proponen un hotel en el mar, crear playa, espacio público, área gastronómica y comercial, inversiones por USD 200 millones, están literalmente en un insólito proceso de ninguneo. El mundo al revés. El Callao tiene también una iniciativa privada muy interesante para hacer una península artificial.
Entonces, en esa imagen de vacío, la presidenta Dina Boluarte dice, “vamos con la cárcel al Frontón”. Por ahí es la madre del cordero. Si bien el Callao acaba de aprobar un Plan Urbano elaborado por el IMP, este no es un vehículo suficiente para transformar la realidad sino va acompañado de actuaciones concretas que muestran un camino como ocurre por ejemplo en la recuperación del Centro Histórico de Lima. Y eso desgraciadamente no sucede en la costa de Lima – Callao.
Que despropósito que el espacio donde la capital está reencontrando su identidad, el borde marino, pueda tener un penal como porta – estandarte.












