Por: Ricardo González Vigil
En la reciente Feria Internacional del Libro, la Universidad César Vallejo cumplió un rol sobresaliente. De un lado, auspició la FIL. De otro, tuvo la feliz iniciativa de dar realce al espacio ferial destinado a Italia, el país invitado este año: instaló un stand especial (aparte del stand dedicado al Fondo Editorial de la Universidad César Vallejo, en el área de las universidades), con los aportes realizados por los vallejistas italianos, uno de los conjuntos europeos más importantes de especialistas sobre el autor de Los heraldos negros.
Más aún, en conexión con el vallejismo italiano, su Fondo Editorial (uno de los más activos y valiosos de la universidad peruana) publicó la traducción del extenso, todo un libro en sí mismo, estudio introductorio que labró Paoli para su monumental antología, con versiones suyas al italiano, de la Poesie de Vallejo (Milano, Lerici Editora, 1964). El prestigioso traductor, poeta y crítico Renato Sandoval Bacigalupo, quien fuera alumno de Paoli, comenzó la presente traducción estimulado por su maestro italiano y ahora nos la entrega, enriquecida con esclarecedoras y actualizadas notas a cargo del poeta y crítico Paolo de Lima: César Vallejo. Un estudio introductorio (Lima, Universidad César Vallejo, 2025, 211 pp.).
Antes de Paoli, hubo contribuciones fundamentales sobre Vallejo, en particular las de Antenor Orrego, Juan Larrea, Andre Coyné y Luis Monguió. Se sumó Paoli brillantemente, superándolos incluso, a nuestro juicio, en compenetración con el meollo de la sensibilidad de Vallejo, a partir de un cuidado filológico y estilístico más riguroso todavía que el de Monguió, sin la tendencia al exceso interpretativo de Orrego, Larrea y Coyné (este último adverso al marxismo de nuestro máximo poeta).
Al respecto, resaltemos que no se había publicado la decisiva biografía de Juan Espejo Asturrizaga (César Vallejo: Itinerario del hombre, 1965), ni dos obras claves para ahondar en la estética de Vallejo nutrida por la dialéctica marxista: Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, ambas difundidas por la viuda Georgette recién en 1973. No obstante, Paoli cala formidablemente en las vivencias familiares y andinas (con su sincretismo cristiano), la evolución intelectual del genial liberteño y, no se diga, su marxismo nada dogmático, abierto al mensaje bíblico, que alcanzaría su cima creadora en Poemas humanos y, sobre todo, España, aparta de mí este cáliz. Así coincide con Larrea y Monguió (en cambio, Orrego y Coyné privilegiaron la etapa peruana), la valoración de la etapa europea de Vallejo como superior en grandeza creadora a la etapa peruana, admitiendo que esta, ya era genial y personalísima. Pero ilumina mucho mejor la continuidad de toda la producción poética: su sacralización de la madre y la familia, los valores indígenas y los ideales evangélicos: “Imaginará una sociedad que reproduzca las características de su familia, no contrato social, sino vínculo confraterno, clan tribal universal gobernado por el amor, por la obediencia, por la dedicación recíproca, palingenesia de las premuras y de las dulzuras de su infancia ya no invocadas para sí mismas, sino para todos los hombres” (p. 48).
La parte menos vigente del estudio de Paoli es la que enfoca Trilce. Contrapone sus “dos niveles o planos expresivos” (p. 58), elogiando el nutrido por su sensibilidad marcada por la infancia y el marco andino, y señalando los riesgos y debilidades poéticas de su “preocupación intelectual, vanguardista, experimental”, debido al peligro del hermetismo, del experimentarismo, del atormentado imaginismo y simbolismo, y de todas las tentaciones intelectualistas” (p. 57-58).
A partir de los enfoques vanguardistas de Saúl Yurkievich, Julio Ortega y, sobre todo, Eduardo Neale-Silva (César Vallejo en su fase trílcica, 1975) se ha abordado adecuadamente el vanguardismo vallejiano. A su vez, los estudios de Alberto Escobar, Américo Ferrari (empero, reacio a festejar la aventura trílcica), Jean Franco y James Higgins, entre otros, permitieron sopesar mejor la “preocupación intelectual” de Vallejo en conexión con su sensibilidad. Cada vez se admira más y mejor a Trilce en su conjunto, mencionándola al lado de las obras supremas publicadas ese año de 1922: Ulises de Joyce y La tierra baldía de T.S. Eliot.






































