Violeta Quispe creció entre pigmentos, madera y memoria. Hija de los maestros de las Tablas de Sarhua Juan Walberto Quispe y Gaudencia Yupari, su historia está ligada a una tradición que es también forma de vida. Este 15 de abril inaugura su primera individual, Wasipi maipira kausa, en la Galería L’Imaginaire de la Alianza Francesa de Lima.
Nacida en Chorrillos, creció cerca de los Pantanos de Villa, donde en 1982 se asentaron familias ayacuchanas que dieron forma a la Asociación de Artistas Populares de Sarhua. Su infancia transcurrió en el taller familiar, donde el arte era aprendizaje y pertenencia.
Su padre, fallecido en 2007, fue músico, tejedor y figura clave en las Tablas de Sarhua, mientras que su madre marcó un hito al convertirse en una de las primeras mujeres en firmar sus propias piezas. Ese legado marcó a Violeta Quispe, aunque su camino fue autodidacta y progresivo.


El punto de quiebre llegó en 2018, tras la polémica que vinculó estas tablas con apología al terrorismo. Ese contexto la llevó a replantear su práctica: “Entendí la importancia de tener una voz propia sin romper la esencia”. Desde entonces, su obra aborda temas como la violencia de género, las tensiones familiares y los silencios heredados.
Wasipi maipira kausa (¿Quién es el culpable en casa?) propone revisar la familia como un espacio complejo. La artista expande el lenguaje tradicional hacia instalaciones, collage y materiales no convencionales, incluso orgánicos, en una exploración sobre el cuerpo y las presiones sociales.
En ese cruce entre memoria y crítica, tradición y cambio, Quispe presenta no solo una obra, sino una posición: incomodar para abrir nuevas conversaciones.