Escribe: Carlos Paredes
Keiko Fujimori hizo una pésima campaña de segunda vuelta. A diferencia de Sánchez, que disputó voto a voto su pase al balotaje con Rafael López Aliaga, ella desde el 12 de abril sabía que pasaba a la final. Tuvo cinco semanas más para hacer una campaña en búsqueda del voto renuente. Ese voto del grueso de peruanos que, en primera vuelta, no decidió ni por el fujimorismo ni por el castillismo. Ese mayoritario 70 %, al que no le entusiasmaba ninguna de las dos opciones, era clave para que su cuarto intento no sea fallido como los tres anteriores. Pero parece que Keiko no quiere ser presidenta. Le perdonó la vida a Sánchez en el debate presidencial. Se supone que es la candidata más experimentada en debates de segunda vuelta, pero se le notó nerviosa, sin salirse del libreto que leía con poco disimulo. Sin capacidad de reacción ante los ataques certeros de su oponente. Tampoco tomó la iniciativa para desnudar a su rival.

Un rival que, en el poco tiempo que lleva en la vida pública, como congresista y ministro de Castillo, solo ha acumulado prontuario. Keiko, o los asesores de ella, decidieron no desnudar a Sánchez. Un ministro que convirtió al MINCETUR en una agencia de empleos para sus partidarios y amigos, un congresista al que se le acusa de ser mochasueldos, de ser autor y de votar a favor de una verdadera ley procrimen, aquella que impide que la Policía incaute explosivos a los mineros informales que tienen REINFO. Un congresista que presidió una comisión investigadora sobre el puerto de Chancay y la convirtió en “comisión facilitadora” después que los chinos lo invitaran, con todos los gastos pagados, a su país.

Un socio del autogolpe de Pedro Castillo que, ante el prematuro fracaso de la intentona golpista, saltó del barco evidenciando su traición, la que confirmó votando en abstención cuando el Congreso vacó a su jefe. Ese personaje no fue desnudado por Fujimori. Tampoco el candidato con recetas desfasadas de izquierda que han fracasado ahí donde han sido puestas en práctica. No dijo nada sobre la bancada MOVADEF ni de las curules que ocupará el antaurismo radical en el partido aliado Obras, de Ricardo Belmont. Probablemente por consejo de sus asesores argentinos, Keiko Fujimori llegó al debate con una lista de lavandería sobre supuestas obras que ofrecía hacer.
En términos de culinaria figurada, decidió hacer un asado argentino colocándole solo sal gruesa a la carne. Se equivocó, la cocina peruana necesita condimentos. Sal, ají, pimienta y, por supuesto, también anticuchos y picarones.
En los siguientes días, la parrilla argentina de Fujimori terminó cruda e insípida y rápidamente lo reflejaron las encuestas o simulacros de voto que, aunque por ley no pueden publicarse, corrían como reguero de pólvora en redes sociales o chats de WhatsApp generando el efecto “Panetón 2026”. En X fue tendencia la palabra “Tetra” por la inminente cuarta derrota de Keiko.
SE ACTIVÓ EL ANTIFUJIMORISMO
Hasta el jueves 4 de junio, Keiko Fujimori caía en las encuestas de intención de voto y Sánchez crecía, especialmente en Lima. Era increíble ver cómo había pasado del 3 % que tuvo en la primera vuelta hasta el 37 % que alcanzó, según Ipsos, en el balotaje. Sin embargo, todo indica que con la rueda de prensa de Rafael López Aliaga el viernes 5, en la que pidió explícitamente votar por Fujimori y la catalogó como la única opción democrática, se detuvo la caída de Fuerza Popular y el avance de su contendor, por lo menos en Lima, la plaza electoral más importante del país.
Después, otros gestos políticos que se adherían a la candidatura de Fujimori influyeron en ese grueso de indecisos o renuentes a ambos candidatos. Álvaro Vargas Llosa se pronunció públicamente a favor de ella. Carlos Espá también anunció en entrevistas periodísticas que iba a votar por Keiko alegando que la opción de Sánchez era la vieja receta de izquierdas que solo traía atraso, hambre e inestabilidad en los países que lo abrazaban.
Carlos Álvarez rompió su silencio para poner a disposición de los dos candidatos su plan de lucha contra la delincuencia organizada, el principal problema de los peruanos. Fujimori reaccionó mostrando el plan de Álvarez y diciéndoles a las víctimas de sicarios y extorsionadores que tomará en cuenta la mano dura que prometía el cómico para enfrentar este gravísimo problema.

Pero el antifujimorismo no se quedó con los brazos cruzados. Hubo pronunciamientos públicos, como el del periodista César Hildebrandt, quien alegó haberse equivocado al anunciar que votaba en blanco y anunció que lo iba a hacer por Sánchez. En el mismo sentido, el actor y exministro de Vizcarra Salvador del Solar subió un video a su cuenta de X explicando, según su opinión, que el mal menor para el país en estos aciagos momentos de polarización e incertidumbre era Sánchez.
Repitió la narrativa de la campaña antagónica a Fuerza Popular según la cual Keiko Fujimori había acumulado un inmenso poder controlando el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, la Fiscalía de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Congreso de la República. Si obtiene la presidencia, tendrá un poder omnímodo que la convertirá en una dictadora. Todo sugería que estos endoses asegurarían un ajustado triunfo de Sánchez. Pero en la política peruana siempre suele haber sorpresas de último momento no necesariamente por aciertos de uno, sino por errores del contrincante.
LA PARADOJA DEL ACTIVISMO DE IZQUIERDA
Horas después, el viernes 5, Víctor Caballero, el activista de izquierda conocido como “Curwen”, que conduce Brutalidad política, un pódcast de comentarios y entrevistas políticas, invitó a Jorge Nieto Montesinos con la intención de arrancarle una adhesión a Sánchez como el mal menor ante el supuesto autoritarismo hereditario de Fujimori. Querían que Nieto cambie su posición primigenia de pedirle a sus seguidores que vicien o anulen sus votos. Sin embargo, Nieto se reafirmó en su tercera vía de no adherirse a ninguna de las dos candidaturas.
Al argumentar su negativa de votar por Sánchez explicó los lazos de Juntos por el Perú con el MOVADEF, el brazo político de Sendero Luminoso. Algo que el periodismo ha investigado ampliamente informando de los antecedentes, por ejemplo, del exministro castillista Iber Maraví detenido en la década del 80 en Ayacucho por sus vínculos con Sendero Luminoso, el grupo subversivo. O del puneño César Tito Rojas, fundador del MOVADEF ahora diputado electo por Puno.

Esta entrevista viralizada en redes provocó una desaforada respuesta del exfiscal Lava Jato y cancerbero de Keiko Fujimori, José Domingo Pérez, quien grabó un video amenazando con denunciar a Nieto por difamación. Todo indica que la actitud matonesca de Pérez ––que mencionó el apellido materno de Nieto, en alusión a Vladimiro Montesinos, poderoso y corrupto asesor de inteligencia de Alberto Fujimori y tío de Jorge Nieto Montesinos–– sí movió la aguja de los indecisos en favor de Keiko. El razonamiento de estos electores pudo haber sido así de simple: si antes de tener poder amenazan con denunciar a un político que está ejerciendo su libertad de expresión y derecho a la crítica, cómo serán cuando estén en el gobierno.
El exfiscal Pérez se volvió a mostrar como una persona con poco equilibrio emocional que con supina irresponsabilidad judicializa la política y politiza la justicia.
SE VOLTEÓ LA TORTILLA A FAVOR DE KEIKO
Al cierre de esta columna había consenso entre expertos estadistas en señalar que esta elección tan cerrada iba a definirse por pocos miles de votos a favor de Keiko Fujimori. Al igual que Lula da Silva en Brasil o Salvador Allende en Chile, salvando las antípodas ideológicas, la hija del autócrata peruano iba a conseguir la presidencia en la cuarta oportunidad.
Ya lo han explicado los técnicos, el voto de los peruanos en el exterior y las actas resueltas en la justicia electoral harían que un cuarto de siglo después el fujimorismo regrese al Ejecutivo. Si es así o si Sánchez gana el conteo final y definitivo, hay dos cosas que deberían pasar en la política peruana de estos aciagos días para la democracia: que el perdedor reconozca a la presidenta o presidente electo y que el nuevo inquilino o inquilina de Palacio de Gobierno recuerde que por lo menos la mitad de los peruanos no votó por él o por ella en segunda vuelta.
Que es necesario construir consensos mínimos con los otros actores políticos para romper esta racha de crisis política e ingobernabilidad. Que los problemas urgentes e impostergables de los peruanos son el desborde de las bandas criminales que están asesinando gente humilde por no pagar cupos y también la salud y educación públicas, que dan un pésimo servicio a los que menos tienen.
Que toda la clase política está devaluada, sin legitimidad y bajo sospecha. Que la corrupción es la epidemia endémica para la cual aún no conocemos el antídoto. Que estamos en un super ciclo del oro y de los commodities, que producimos con cierta eficiencia, pero que no estamos aprovechando para generar más puestos de trabajo que reduzcan la pobreza, la desnutrición y la anemia.
Si el próximo presidente o presidenta no entiende este claro mandato popular, habremos perdido una oportunidad más para enrumbarnos, para dejar de ser un país en construcción.









