La violencia ligada a las mafias de extorsión volvió a golpear al transporte interprovincial. La empresa Z Buss suspendió todas sus operaciones luego de sufrir dos ataques en menos de 24 horas y una serie de atentados que, según las investigaciones preliminares, estarían vinculados al cobro de cupos por parte de organizaciones criminales que operan en Lima Norte.
El episodio más grave ocurrió este 10 de junio en el distrito de Independencia, donde sujetos armados atacaron a balazos una unidad de la empresa. Durante el atentado resultó gravemente herido Ismael Huayta, trabajador de la compañía, quien fue trasladado de emergencia al Hospital Cayetano Heredia.
La agresión se produjo apenas horas después de otro hecho alarmante: el lanzamiento de una granada de guerra contra el terminal de Z Buss ubicado en la avenida Alfredo Mendiola. El artefacto no detonó, evitando una tragedia de mayores proporciones.
La cronología de una ofensiva criminal
Los ataques contra Z Buss muestran una escalada de violencia que se intensificó en apenas unos días.
El primer atentado ocurrió durante la madrugada del 5 de junio. Dos sicarios a bordo de una motocicleta dispararon al menos seis veces contra la fachada principal del terminal de la empresa en la zona de Previ, en Independencia. Aunque no se registraron heridos, el mensaje de intimidación fue evidente.
Cuatro días después, el 9 de junio, los delincuentes regresaron al mismo local. Esta vez lanzaron una granada de guerra tipo piña hacia el ingreso principal. El explosivo no llegó a activarse y fue posteriormente neutralizado por agentes de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX).
Menos de 24 horas después ocurrió el tercer ataque. Los extorsionadores pasaron de amenazar instalaciones a disparar directamente contra una unidad en circulación, dejando a un trabajador entre la vida y la muerte.
Un antecedente que revela la vulnerabilidad del sector
La empresa ya había enfrentado situaciones de violencia meses atrás. El 8 de abril, una unidad que cubría la ruta Lima-Huaral fue asaltada por delincuentes que se hicieron pasar por pasajeros.
El hecho ocurrió luego de que el vehículo recogiera usuarios en el paradero PREVI. Cinco sujetos encapuchados abordaron el bus y, utilizando armas de fuego, redujeron a pasajeros y tripulación para robar dinero, celulares, laptops y otras pertenencias.
Aunque aquel caso respondió a una modalidad distinta, evidenció las condiciones de inseguridad que enfrentan diariamente las empresas de transporte que operan en los corredores del norte de Lima.
Norte Chico afectado por suspensión de servicios
Tras el atentado que dejó a un trabajador herido, la gerencia de Z Buss anunció la paralización total de sus operaciones.
La medida impacta directamente en miles de usuarios que utilizan diariamente esta empresa para trasladarse entre Lima Metropolitana y las ciudades del Norte Chico, especialmente Huaral, Huacho y Barranca.
La suspensión también genera preocupación entre comerciantes, estudiantes y trabajadores que dependen de estas rutas para sus actividades cotidianas.
Extorsión golpea cada vez más al transporte
Las investigaciones policiales apuntan a organizaciones criminales dedicadas al cobro de cupos a empresas de transporte público e interprovincial.
Fuentes vinculadas al caso señalan que estas mafias exigen pagos periódicos por cada unidad que circula en determinadas zonas de Lima Norte. Quienes se niegan a pagar suelen convertirse en blanco de amenazas, atentados o ataques armados.
El caso de Z Buss se suma a una larga lista de empresas afectadas por la extorsión en distritos como Independencia, San Martín de Porres y Los Olivos, donde el transporte se ha convertido en uno de los sectores más golpeados por el avance del crimen organizado.
En resumen
La suspensión de operaciones de Z Buss refleja el impacto que las mafias de extorsión están teniendo sobre el transporte interprovincial. En apenas cinco días, la empresa pasó de recibir disparos contra su terminal a sufrir un ataque con granada y posteriormente un atentado armado que dejó a un trabajador gravemente herido. Mientras continúan las investigaciones, miles de pasajeros del Norte Chico enfrentan las consecuencias de una violencia que parece avanzar más rápido que las respuestas del Estado.