Escribe: ANDRÉS GÓMEZ DE LA TORRE ROTTA
Naciones Unidas, que hace poco cumplió 80 años, en medio de su crisis financiera y existencial se prepara para elegir a su nuevo secretario general en un escenario global plagado de unilateralismo, uso de la fuerza como factor dirimente de las relaciones internacionales y pedidos de redefinición de su papel. Un agotamiento evidente de gestión la caracteriza.
El socialista portugués Antonio Guterres cederá la posta el 31 de diciembre del 2026. Su sucesor, que saldrá entre los candidatos que aspiran a conducir los destinos del organismo nacido en 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría basado en reglas de derecho internacional, asumirá a partir del 2027 hasta el 2031.
Por lo pronto, hay candidaturas latinoamericanas para encabezar la ONU. Una de ellas es la de la socialista expresidenta de Chile Michelle Bachelet, promovida por el exmandatario Gabriel Boric y su canciller Van Klaveren.
Aunque no ha recibido el apoyo de la actual administración Kast, cuenta con el aval de Gobiernos de la cliqué de Lula (PT) de Brasil y Sheinbaum de México, y probablemente también del frenteamplista uruguayo Yamandú Orsi y el Pacto Histórico de Colombia si se extiende con su candidato Iván Cepeda. Por su parte, el diplomático argentino Rafael Grossi, que encabeza la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), de reciente proactividad en la crisis de Irán, tiene el guiño de Milei y la simpatía de la entente conservadora. Otra argentina, la reconocida experta en seguridad y no proliferación Virgina Gamba, intentó candidatear sin éxito.
Entre los candidatos a liderar la ONU están la expresidenta chilena Michelle Bachelet, la economista costarricense Rebeca Grynspan y la excanciller de Ecuador María Fernanda Espinoza.
La costarricense Rebeca Grynspan, en modo cuota centroamericana, de gran experiencia en el manejo burocrático y en el área económica de la ONU, y la excanciller de Ecuador, diplomática y académica María Fernanda Espinoza completan un cuarteto. Interesante será el pulseo y cabildeos que hará más visible la correlación de fuerzas hemisféricas en medio de alineamientos y autonomías frente a Trump II.
En el Perú, los candidatos en segunda vuelta electoral ya estarían mostrando cartas: Keiko Fujimori en la transmisión de mando presidencial de Chile, de marzo pasado, declaró a la cadena CNN Chile que apoyaría a Bachelet.
No es difícil intuir que Roberto Sánchez apoyaría la misma opción. Así la “cuota de género” tendría un peso mayor que en otras oportunidades, ya que nunca hubo en la Secretaría General una mujer, y desde luego América Latina podría tener a su segundo representante desde Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991).















