Escrito por: Juan Vidal
FUERON doce años los que pasó vinculada a la televisión peruana. Pero hace cinco meses Karen Schwarz decidió salir de su zona de confort y mudarse con su familia a España. La decisión no fue sencilla.
“Lo más difícil fue alejarme de mi familia, de mi mamá, mi suegra; ambas vivían con nosotros. Soy recontrafamiliar”, cuenta.
A inicios de 2026, la familia Oliva Schwarz atravesó uno de sus momentos más difíciles al ser víctima de extorsiones. Mientras sus hijas estaban en el colegio y Karen y Ezio cumplían con sus jornadas laborales, crecía el temor de no poder protegerlas. Hubo apoyo familiar, nanas e incluso autos blindados, pero la sensación de inseguridad terminó alterando la vida cotidiana.
“Nadie está libre de las extorsiones. Pero considero que no fue el detonante para decidir irnos a España, no al 100%. Pero sí estaba en nuestros planes que las niñas recuperen esa libertad que nadie les podía quitar”, explica.
Libertad Innegociable
En España, la rutina cambió. Karen y Ezio se movilizan en metro o caminando. El automóvil quedó relegado porque, para ellos, significaba reproducir las limitaciones que habían dejado atrás. “Mis hijas no podían perder esa libertad. Esa libertad de salir a correr al parque como cualquier niño. El tema de las extorsiones era algo que me estaba asfixiando, sobre todo por mis hijas”, confiesa. La mudanza, entonces, no significó únicamente cambiar de país. Fue también recuperar una cotidianidad que la familia había empezado a perder.

De mama a empresaria
La maternidad también abrió otra puerta. Después de dar a luz, Karen buscaba prendas que la acompañaran durante los primeros meses y encontró un vacío en el mercado.
“Siempre buscaba prendas modeladoras que me acompañen en el proceso luego de haber dado a luz, y no las encontraba. Lo único que había eran fajas y yo decía: ‘¿Cómo pueden usar esto durante los tres primeros meses?’. Son los meses más agobiantes: la lactancia, las madrugadas y los cambios hormonales hacen que veas diferente a tu cuerpo”, recuerda.
Así nació el proyecto que terminaría convirtiéndose en Valente, su marca de ropa interior modeladora. Comenzó como un plan piloto y, tras tres meses de buenos resultados, Karen decidió apostar por el negocio. No sabía de contabilidad ni de ventas, por lo que tuvo que aprender mientras continuaba trabajando en televisión. Cinco años después, Valente no solo permanece en el mercado peruano: ahora también busca consolidarse en España.
“Un día me miré al espejo y dije: ‘Karen, o sales del mood de conductora de televisión o chau a tu emprendimiento’”, recuerda entre risas.
La empresa también le exigió asumir un compromiso distinto. Karen participa en la elección de telas y desarrolla las prendas desde cero.
“Yo elijo la tela, yo no la compro en catálogo, desarrollo cada prenda desde cero. Me puedo demorar haciendo una prenda tres meses, pero yo sé que vas a amarla. Tengo un doble compromiso, además: soy un personaje público y, si la prenda sale de baja calidad, mi empresa se va al diablo. Hay compromiso”, sostiene.
Una controversia en palacio
Otro episodio que puso a Karen en el centro de la conversación pública ocurrió cuando obsequió prendas de Valente a la presidenta Keiko Fujimori. El gesto generó críticas en redes sociales y la empresaria tuvo que enfrentar cuestionamientos sobre sus motivaciones.

que recibió de Valente.
“Soy dueña de mis actos. Yo busqué promover a la mujer valiente, la mujer que aplaude el éxito de otra mujer. Entre nosotras debemos defendernos y celebrar los logros de las mujeres, no atacarnos ni ofendernos entre sí”, responde.
Mujeres sin etiquetas
Para Karen, Valente también es una manera de cuestionar los estereotipos que pesan sobre el cuerpo femenino. Por eso asegura que la marca no recurre a influencers para vender sus productos.
“¿Quiénes son los influencers? Son las mujeres que compran; ellas cuentan su experiencia con las prendas. Buscamos romper esos estigmas, estereotipos que la sociedad coloca a las mujeres por simplemente usar prendas de una talla mucho más grande que otras”.

estereotipos que la sociedad coloca.
Su nueva vida en España no significa empezar de cero. Karen lleva consigo lo aprendido frente a las cámaras, la experiencia de la maternidad y una empresa que nació de una necesidad personal. Ahora enfrenta otro escenario, lejos del país donde construyó su carrera, pero con la misma convicción de avanzar.

Es madre, influencer y empresaria.
“Nosotros somos ejemplo para nuestros hijos. Tú y tu pareja deben ser un equipo. Somos capaces de construir nuestros propios sueños, no permitamos que nos digan que no podemos hacer algo. El miedo no te puede paralizar; al miedo hay que vencerlo”, concluye.

