Con una población proyectada de 34.35 millones de personas, el Perú de 2025 enfrenta retos inéditos en términos de desarrollo y equidad. El informe “Perú: Población 2025” elaborado por CPI, permite un análisis fino de la realidad demográfica y social del país en vísperas de un nuevo proceso electoral. Y los hallazgos no son menores.
LIMA GRAVITANTE
Lima concentra al 36 % de la población nacional, con 12.4 millones de habitantes. Le siguen con bastante distancia Piura (6.3 %), La Libertad (6 %) y Arequipa (4.7 %). La capital y su área metropolitana –incluido el Callao– aglutinan más de 11.3 millones de personas, y concentran el 41 % del total urbano del país. Este dato confirma una tendencia estructural de concentración poblacional y, por tanto, de poder económico y político.
En el extremo opuesto, Madre de Dios, Moquegua y Tumbes no superan el 0.8 % del total nacional cada uno.

CADA VEZ MAYORES
El informe muestra que la pirámide poblacional peruana se está transformando. El grupo de 25 a 39 años es el más numeroso (23 %), pero le siguen muy de cerca los segmentos de 40 a 55 años (20 %) y mayores de 56 años (18.2 %). Los menores de 18 años representan menos del 29 %, lo que marca una transición hacia una sociedad envejecida.
El crecimiento del grupo de adultos mayores –impulsado por la mejora de la esperanza de vida y la disminución de la natalidad– obliga a repensar políticas de salud, pensiones y cuidados, aún débiles o inexistentes en muchas regiones.
GENERACIONES AL ESPEJO
Por generaciones, los Millennials (30-45 años) suman 8.1 millones de personas, seguidos por la Generación Z (15-29 años) con 7.8 millones y la Generación Alfa (0-14 años) con 8.15 millones. La Generación X (46-60 años) suma 5.6 millones, mientras que los Baby Boomers (61-79 años) son 3.8 millones. Los mayores de 80 años (Generación Silent) apenas representan el 2.2% de la población.
Este cruce generacional tendrá implicancias electorales y culturales: conviven en un mismo espacio democrático votantes de cinco generaciones con visiones del país, del mundo y del rol del Estado profundamente distintas.

LA GRAN DESIGUALDAD
La estructura socioeconómica revela la cara más dura del país: la desigualdad persistente. A nivel nacional, solo el 9.8 % de la población pertenece al NSE A/B, mientras que el 28.8 % está en el segmento E.
Pero el desglose regional es aún más revelador. En Lima, el 18.6 % está en A/B y el 7.6 % en E. Pero en Huancavelica, Puno y Loreto, más del 60 % de la población está en el NSE E, al igual
que en Ayacucho, Cajamarca y San Martín. Estas regiones tienen además alta proporción de población rural, lo que refuerza su exclusión.
URBANIZACIÓN ACELERADA
El Perú es ya 80 % urbano, aunque con brechas importantes. Lima, Arequipa, Ica y Tacna superan el 90 % de urbanización. En cambio, en regiones como Cajamarca (64 % rural), Huancavelica (69 %) y Loreto (30 %), la vida rural sigue siendo predominante.
Esta diferencia territorial complica la aplicación uniforme de políticas públicas y exige un enfoque diferencial para servicios esenciales como salud, educación o conectividad digital.
DISTRITOS Y CIUDADES
San Juan de Lurigancho, con 1.2 millones de habitantes, sigue siendo el distrito más poblado del país, seguido por San Martín de Porres (776 mil) y Ate (701 mil). En contraste, Santa María del Mar, en la misma Lima, apenas supera los 1200 habitantes.
Las diez ciudades más grandes fuera de Lima son Arequipa, Trujillo, Chiclayo, Piura, Cusco, Iquitos, Chimbote, Huancayo, Pucallpa e Ica. Juntas suman más de 7 millones de personas, casi una cuarta parte del total nacional urbano.
Lima y Callao ofrecen un microcosmos del Perú. El grupo de 25 a 39 años es el más numeroso, y la Generación Millennial representa el 25.2 % del total limeño. El 48 % de la población está en el NSE C, pero destaca el 19.3 % en A/B, lo que confirma el peso de la clase media alta y alta en la toma de decisiones.
Sin embargo, también hay un 26.6 % en D y un 5.6 % en E, mostrando la coexistencia de desigualdades profundas dentro de la misma urbe.
IMPULSOS POLÍTICOS PARA UN PAÍS FRAGMENTADO
El retrato demográfico del Perú 2025 plantea interrogantes de fondo sobre el tipo de liderazgo político que puede conectar con una ciudadanía tan diversa, fragmentada y en transformación.
Por un lado, el peso abrumador de Lima y su área metropolitana sigue desbalanceando el mapa político y económico, obligando a los candidatos a diseñar estrategias casi exclusivas para el electorado limeño. Pero ese foco urbano y costero muchas veces invisibiliza a regiones como Cajamarca, Puno, Loreto o Huancavelica, donde la pobreza estructural, la ruralidad y el abandono estatal siguen marcando el día a día.
Por otro lado, el crecimiento de los adultos mayores y la reducción de la base joven anticipa una transición generacional compleja: un electorado más envejecido, pero con millones de jóvenes sin oportunidades reales. En simultáneo, conviven cinco generaciones con prioridades y expectativas disímiles: desde los Centennials hiperconectados hasta los Baby Boomers desconfiados de las promesas.
Y a todo esto se suma la fragmentación por niveles socioeconómicos, que no solo refleja desigualdad material, sino también agendas disímiles, demandas divergentes y grados distintos de institucionalidad. No es lo mismo hacer campaña en Surquillo que en Sicuani.
En resumen, el informe de CPI no solo ofrece cifras. Es un espejo que obliga a repensar la representación política, la distribución del poder y la necesidad urgente de una visión integradora para un país que es muchos países a la vez. n
La Plata Manda
¿Cuánto gana, en promedio, cada segmento socioeconómico en el Perú?
Según el informe 2023-2024 de APEIM (basado en la ENAHO 2022), estos son los ingresos mensuales estimados por hogar en el Perú para cada Nivel Socioeconómico (NSE):
| Nivel Socioeconómico | Ingreso mensual promedio por hogar (S/) |
| NSE A | 14,104 |
| NSE B | 7,071 |
| NSE C | 3,427 |
| NSE D | 1,690 |
| NSE E | 870 |
Estos ingresos evidencian la marcada brecha de oportunidades y poder adquisitivo en el país. El hogar promedio del NSE A gana más de 16 veces lo que percibe uno del NSE E, y más del doble que un hogar del NSE B. Cabe resaltar que estos niveles no se definen por ingresos, sino por una fórmula que combina variables como acceso a servicios, equipamiento del hogar y nivel educativo del jefe de familia. Sin embargo, el cruce con ingresos permite visibilizar las profundas desigualdades del tejido social peruano.
¿Quiénes son los A1?
El 0.2 % más exclusivo del Perú. Son pocos, pero influyentes.
Ingreso mensual estimado:
Más de S/ 25 000. En Lima moderna puede superar los S/ 40 000 o S/ 50 000.
Localización:
Principalmente en San Isidro, Miraflores, La Molina, Barranco, partes de Surco y Camacho. Algunas zonas exclusivas de provincias (Yanahuara en Arequipa, urbanizaciones cerradas en Piura o Trujillo).
Características del hogar:
• Dos o más vehículos (frecuentemente de gama alta).
• Servicio doméstico estable.
• Vivienda propia con acabados de lujo y posible segunda propiedad (playa o campo).
• Alta conectividad digital (fibra óptica, múltiples dispositivos por persona).
• Educación privada internacional para los hijos (IB, bilingües, internados).
Gasto e intereses:
• Restaurantes de alta cocina, membresías gourmet y clubes sociales.
• Salud en clínicas top, seguros internacionales.
• Viajes frecuentes dentro y fuera del país.
• Consumo cultural sofisticado: arte, literatura, moda de autor.
• Alta bancarización: fondos de inversión, tarjetas black, asesoría financiera.
Los 70 mil que mandan
Aunque representan sólo el 0.2 % de los hogares del país, el estrato A1 agrupa a unas 20 mil familias peruanas. Si consideramos un promedio de 3.4 personas por hogar, se estima que alrededor de 68 mil peruanos forman parte de este pequeño pero influyente grupo. Equivale a la población de un distrito limeño como Magdalena del Mar, pero con un impacto económico y simbólico que trasciende su tamaño.
Retroceso en la cima
Antes de la pandemia, el estrato socioeconómico A en el Perú llegaba al 1.8 % de la población, según Ipsos (2019). Pero el golpe económico de la COVID-19 redujo ese porcentaje al 1.2 % en 2021, y desde entonces no ha logrado recuperarse. La clase más afluente también se encogió. El fenómeno ilustra que, incluso en la cúspide de la pirámide, la estabilidad económica no es inmutable.
¿Feliz el Perú?
Radiografía de una paradoja latinoamericana
El World Happiness Report 2025 ubica al Perú en el puesto 65 de 147 países, con una puntuación de 5.6 sobre 10 en la evaluación subjetiva de la vida. Es un punto medio en el mapa global de felicidad, pero queda lejos de países latinoamericanos como Costa Rica (6.º) y México (10.º), y muy por debajo de los líderes nórdicos encabezados por Finlandia.
Este ranking, elaborado por la Universidad de Oxford junto con la ONU y Gallup, se basa en encuestas y seis variables determinantes para la felicidad:
• PBI per cápita
• Apoyo social
• Esperanza de vida saludable
• Libertad para tomar decisiones
• Generosidad
• Percepción de corrupción
Generosidad en el sótano
En el rubro de generosidad –medido por la frecuencia con la que las personas donan dinero a extraños– el Perú se encuentra en el puesto 124, muy por debajo del promedio regional. No es solo que no se done: lo grave es que la generosidad espontánea como expresión de cohesión social está debilitada, especialmente en un país donde el Estado es percibido como lejano.
El informe subraya que, en sociedades con redes públicas débiles, la generosidad privada suele llenar los vacíos. Pero en el Perú, ni una ni otra termina de cuajar. Esto se conecta directamente con la otra variable crítica.
Corrupción: un país que no cree
En percepción de corrupción, el Perú figura también entre los peores del mundo. Esta percepción –tanto en el sector público como en el privado– erosiona la confianza interpersonal y reduce la satisfacción con la vida. La evidencia es clara: países donde la corrupción es vista como extendida tienden a puntuar bajo en felicidad, sin importar su nivel de ingresos.
El informe señala que la desconfianza generalizada puede hacer más daño al bienestar que el bajo ingreso per cápita. Y lo más preocupante: la desconfianza también es combustible para el populismo y la polarización política.
Más allá del ingreso
Cuando se cruzan estos datos con los estudios de CPI y APEIM, el retrato se afina:
• El 58 % de los hogares están en los NSE D y E, donde los ingresos no superan los S/ 1690 al mes.
• Lima concentra el 36 % de la población nacional, pero también la mayor proporción del NSE A/B, con ingresos promedio por hogar de más de S/ 14 000 mensuales.
• Regiones enteras, como Puno, Loreto y Cajamarca, están en el fondo de la pirámide, tanto en términos de ingreso como de urbanización, servicios y expectativas.
El dilema peruano
Entonces, ¿por qué no somos más infelices? Porque aún persisten la familia, los lazos afectivos y el ingenio cotidiano para sobrellevar la adversidad. Pero la felicidad basada solo en el afecto, sin justicia ni confianza, es frágil. En un país donde se desconfía del otro, donde no se dona, donde se percibe corrupción en cada nivel, la felicidad no florece: apenas resiste.







