Como si las tensiones dentro del Ministerio Público no fueran suficientes para agitar el clima político, esta última semana se ha instalado una nueva controversia que ha capturado la atención pública: la “urgente” puesta en marcha del tren Lima– Chosica promovida por la Municipalidad de Lima, frente a la insistente demanda de coordinación técnica por parte del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC). Una nueva pugna, ahora sobre rieles, enfrenta a dos instituciones clave del Estado. Al centro de este debate se hallan varias preguntas fundamentales en relación al apuro del proyecto, a los expedientes técnicos y a la factibilidad de que los trenes en verdad puedan transitar por debajo de los puentes.
De momento el ministro de Transportes, César Sandoval, aclaró de arranque que en el presupuesto actual del MTC “no se han asignado fondos para llevar a cabo la marcha blanca del proyecto”. Está claro que el alcalde Rafael López Aliaga, visiblemente entusiasmado con el impacto político y social que podría generar iniciar una “marcha blanca” antes del 28 de julio (Fiestas Patrias), ha anunciado que los primeros trenes llegarán al país entre el 6 y 12 de julio y operarán en breve. Mientras tanto, el MTC asegura que, sin un expediente técnico aprobado, no se puede establecer un plan de implementación ni cronograma. Asimismo, asegura que no se han llevado a cabo los estudios exigidos para garantizar la seguridad.
ESTADO DE LA INFRAESTRUCTURA: RIELES, CRUCES Y PUENTES
Más allá de pesimismos, es verdad que la ruta propuesta desde Chosica hasta Lima presenta un escenario técnico complejo. Por ejemplo, rieles en mal estado con inspecciones técnicas revelan vías oxidadas, abandonadas, sin señalización ni protección perimetral, en tramos donde conviven trenes de carga, peatones, motos y vehículos.
También existen cruces peligrosos, puntos de intersección vial que no cuentan con semaforización, barreras, ni sistemas de comunicación. Y lo más complejo que destacaron algunos medios fueron los puentes con altura crítica. Según la Municipalidad, el margen para trenes de 5,01 m bajo un puente peatonal de 5,28 m es apenas de 27 cm; en total, hay 17 puentes en el recorrido, algunos con deficiencias estructurales severas.
No basta con traer trenes, sino que se requiere una adecuación integral de la infraestructura, que incluye, en primer lugar, una doble vía en tramos críticos, fortalecimiento de puentes (remodelación, rebaje o ampliación), instalación de estaciones con accesibilidad universal, sistemas de seguridad ferroviaria modernos, adecuación de cruces vehiculares, cerramiento y control de perímetros.
URGENCIA ELECTORAL VS. SEGURIDAD TÉCNICA
El MTC ha sido enfático al señalar que no se ha presentado ningún expediente técnico aprobado ni solicitud formal de ampliación de la concesión ferroviaria. Según declaraciones a medios, el ministro Sandoval reiteró que la “marcha blanca” solo es viable cuando un proyecto se acerca al final de su obra –no al inicio– y que, sin estudios técnicos y cronogramas, el anuncio es una falsa expectativa. El MTC envió comunicaciones desde el 13 de mayo solicitando información clave como fichas técnicas, historial de mantenimiento, cronogramas de llegada del material rodante y planos del trazado. El aspecto legal no es menor: la vía actual es operada bajo concesión por Ferrocarril Central Andino, y cualquier cambio de uso requiere una adenda a la concesión, un proceso que podría tomar cerca de un año. A nivel normativo, estas iniciativas están reguladas desde la Ley del Transporte (Ley N° 27181) y la Ley de Contrataciones del Estado, las cuales exigen que los proyectos ferroviarios –especialmente aquellos que incorporan material rodante– cuenten con un expediente técnico que respalde cada etapa, desde diseño hasta puesta en marcha. La dinámica desarrollada en estos días sugiere una finalidad política: López Aliaga busca capitalizar rápidamente el anuncio y generar impacto, con la mira puesta en una eventual carrera presidencial. Frente a ello, el MTC ha salido a marcar un límite claro: no se debe jugar con la seguridad ni crear expectativas infladas. De hecho, el premier Arana ratificó la posición del MTC y sostuvo que “el país no está para marchas, sino para diálogo técnico”.
LO IMPORTANTE Y LO URGENTE
A pesar de las complicaciones aparentes, hay argumentos sólidos para respaldar la iniciativa de los trenes en Lima. En primer lugar, sin duda, es la descongestión y mejora del transporte. La zona este de Lima padece altos niveles de congestión vehicular y transporte informal. La línea del Metro y sus demoras causaron problemas en Ate y Santa Anita. Un nuevo tren con capacidad para más de medio millón de usuarios diarios sería de gran alivio. Además, es verdad que se aprovecharía la infraestructura preexistente que, aunque requiere adecuación, al menos ya existe la traza ferroviaria y la concesión, lo que disminuye significativamente los costos, comparado con construir una línea de cero.
Finalmente, se daría la reducción de externalidades negativas. Si los trenes pueden funcionar, se reduciría el uso de combis, colectivos y vehículos peligrosos. Para que el proyecto avance con responsabilidad y sin improvisaciones, es imprescindible que exista una coordinación técnica y fluida entre la Municipalidad Metropolitana de Lima y el MTC.
El primer paso en esta coordinación debe ser la presentación de un expediente técnico completo por parte de la Municipalidad. Esta debe servir como espacio de coordinación para evaluar el avance de obras, revisar plazos, gestionar permisos e incluso realizar inspecciones conjuntas. Solo así se podrá mantener una línea de comunicación efectiva, prever contingencias y evitar que el proyecto quede paralizado por trabas administrativas o descoordinación política. Que sería lo peor.
El proyecto de tren tiene un potencial enorme porque conecta Chosica con el mismo centro de la ciudad. Y puede marcar un antes y un después. La demanda existe, la necesidad es urgente y parte de la infraestructura ya está disponible. Sin embargo, ni el MTC puede trabar el proyecto por razones políticas, ni la Municipalidad de Lima puede avanzar sola sin cumplir las normas. Ambas partes deben sentarse a trabajar con rigor técnico y sin agendas ocultas.












