Este fin de semana, entre el 10 y 13 de julio, se llevará a cabo PULSO, el Primer Festival Internacional de Circo del Perú. El espectáculo, considerado “el más grande de América” reunirá a más de 100 artistas de 20 países del mundo. Entre ellos cuatro figuras que han marcado historia bajo la carpa: el malabarista Kris Kremo, el verticalista Oleg Issozimov, y los clowns Sergey Prosvirnin y Fumagalli. La programación incluye funciones diarias en horarios rotativos, permitiendo a los espectadores vivir la magia del circo en diferentes momentos del día. Cada acto será evaluado por un jurado de trayectoria internacional que tendrá la misión de seleccionar a las mejores presentaciones. El domingo 13 habrá una gala de presentación que promete cerrar el festival con una celebración de talento y creatividad. Entradas en Teleticket y más información en: www.pulsofestivaldelcirco.com
Escribe: ARQ. URB. Jorge Ruiz de Somocurcio*
Estarán el rey león, doña cebra, los monitos, el tigre de Bengala blanco. Invita Arena Movistar, gracias a la concesión que ha obtenido por 43 años. Sea usted uno de los 20 000 invitados especiales.
Nada más fácil que entrar al buscador de Google y auscultar suelo disponible, con todas las facilidades de acceso. Y luego echar mano a todas las interpretaciones posibles para que la zonificación se adapte a los negocios.
El sector inmobiliario, del cual yo formo parte, es desgraciadamente uno de los más depredadores. Hay excepciones, pero para la mayoría de inversionistas la ciudad es solo una mesa de negocios. Cero aportes a la ciudad y la legislación, hecha a la medida, lo permite. Es un sector, con excepciones repito, con escasa responsabilidad social.
El proyecto Arena Movistar del grupo argentino La Nación pretende hacer un gran coliseo de espectáculos para 20 000 personas en un terreno de 2 hectáreas en la reserva del parque Las Leyendas. Juran que será totalmente insonorizado, igual como las empresas petroleras juran que no habrá derrames en el mar o en zonas ecológicas. Pero además no se dice nada de toda la contaminación acústica que acompañará los años que dure la obra. Será inmanejable.
Es evidente que la actividad de estos coliseos será todo el año porque así lo manda el negocio, con lo cual todo el entorno de ese enclave en San Miguel sencillamente colapsará con la llegada de taxis, buses, autos privados, vehículos no motorizados, peatones.
El Plan Metropolitano al año 40 que está en la fase de aprobar este año las áreas de expansión Norte y Sur de la metrópoli, orienta el eje Sur entre Lurín y San Bartolo como el gran espacio de actividades recreativas, culturales, deportivas de carácter metropolitano; con accesos por la Panamericana Sur, la antigua Panamericana, y lo que debería ser la prolongación de la Línea 1 del Metro, así como la vía Periurbana. Ahí debería instalarse el Arena y la Municipalidad Metropolitana haría bien en alentar que las inversiones privadas que se pretendan hacer, se dirijan hacia esa nueva centralidad urbana.
Lima se dispara a los pies si permite que una instalación para 20 000 personas se ubique frente a una vía local de solo 2 carriles. Un sinsentido total. Pero, claro, para los inversionistas hay suelo gratis. Y todas las externalidades que las asuma la ciudad.
El Arena Movistar no debería estar en el Parque Las Leyendas. Independientemente de una discusión hoy vigente a propósito de los animales en cautiverio, esa zona es un mix de área natural con edificaciones prehispánicas y el eje de las Universidades Católica y San Marcos que apunta a la formación de un polo cultural y patrimonial recuperado de alto valor, turísticamente atractivo y que le devuelve identidad a la ciudad. Todo lo opuesto al impacto en una reserva, de un coliseo como el Arena. Felipe Benavides –fundador del Parque Las Leyendas– se jalaría los pelos en la otra vida.
El desierto las unió y les mostró lo que es una guerra. Así es la vida de las investigadoras Tania Acuña y Devi Orozco, quienes viven en la Universidad Ben-Gurión del Néguev, una institución donde estudian y desarrollan proyectos de innovación sobre el comportamiento del clima, los suelos y la vida del Medio Oriente.
Tania Acuña, quien dejó su país natal, Perú, para hacer una maestría sobre suelos áridos en la Universidad Ben-Gurión del Néguev, se quedó allí para estudiar biotecnología y hoy trabaja en un proyecto junto a otros profesores para conocer la producción de vinos y cómo mejorarla.
“Por ejemplo, a las uvas que cosechamos de nuestro viñedo les ponemos diferentes tratamientos, más salinidad o menos agua para obtener una proyección de lo que puede provocar el cambio climático”, señala la asistente de investigación de la Universidad Ben-Gurión del Néguev.
Al igual que Devi, Tania sortea los conflictos bélicos que se desatan en el Medio Oriente, pero cuando recuerda los aportes que tiene su investigación a la ciencia, recupera el sentido de su estancia en Israel.
“Me gusta mucho lo que hago. Veo, por ejemplo, que cuando las plantas están más estresadas, las uvas y los frutos son más dulces, pero suelen ser más pequeños, sin pulpa y con mucha cáscara. Así no se puede hacer vino, entonces, hay que ver cómo lograr uvas más resistentes”, cuenta entusiasmada.
Amplía que como no hay agricultores que arriesguen toda su inversión para producir uvas pequeñas –por las pérdidas que esto representa–, los investigadores se adelantaron en la Universidad Ben-Gurión del Néguev en ver cómo producir las uvas adecuadas para lograr vinos de alta calidad.
“En este proyecto en específico agregamos salinidad, porque en el futuro los suelos serán más salinos y también tendremos menos agua”, agrega.
Por ello, desde el centro de investigación se trabaja arduamente en el diseño y prueba de todo tipo de soluciones y estrategias. En el caso de la viticultura se exploran las distintas variedades de los frutos que se pueden cultivar, así como sus reacciones.

Agrega que, a las condiciones de guerra, se suman las del clima, pues las temperaturas en Medio Oriente suben, hay más tierras secas y la desertificación se acentúa.
“Digamos que en Europa las temperaturas están más cálidas, en la parte norte se está calentando y la parte sur está aún más caliente, por ello, hay que buscar soluciones para todos estos tipos de suelo y eso es lo que hacemos en la Universidad Ben-Gurión del Néguev”, afirma la investigadora latinoamericana que pretende seguir cumpliendo sus sueños en la tierra prometida de Israel.
“Estamos desarrollando herramientas para medir los contaminantes en el agua y los efectos del gas invernadero (GEI) en el lodo en los pantanos”, cuenta Devi Orozco, estudiante ecuatoriana de la maestría en Hydrology and Water Quality.
Devi, quien cambió su vida en la Amazonía de Ecuador por el desierto en Israel, explica que con la fabricación de las herramientas electrónicas buscan medir las emisiones contaminantes en tiempo real y tener una idea de lo que sucede cada minuto y cada día en los lodazales de América Latina.
Explica que los sistemas electrónicos para la vigilancia en tiempo real de los pantanos –que fabrican en la Universidad Ben-Gurión del Néguev– son de bajo costo, ya que su precio no rebasa los dos mil dólares. Mientras que en el mercado este tipo de dispositivos usualmente van más allá de los 17 mil dólares y miden una sola vez.
Todo eso significa que con la tecnología construida en la Universidad Ben-Gurión del Néguev se pueden instalar 20 dispositivos para conocer las condiciones de los pantanos justo en el momento en que se monitorean.
Aunque los nuevos logros son importantes para la Universidad y para su desarrollo profesional, a la joven estudiante que vive desde hace un tiempo en Israel ya le tocó conocer a lo lejos el conflicto bélico entre Hamás y el ejército israelí. Y ahora vive el enfrentamiento que se desató entre Irán contra Israel y Estados Unidos.
“Aquí en el campus es una burbuja, no se siente tanto el efecto de la guerra como en Jerusalén, Tel Aviv y Haifa. Sin embargo, como hay una comunidad internacional y estudiantes de Israel, de alguna manera sientes lo que los demás viven en sus familias. Además, todas las noticias sobre la guerra siempre tienen un impacto en nosotros”, comparte la investigadora.
De ese modo, entre preocupación y esperanza, las investigadoras que viajaron desde América Latina se abren paso en medio de un conflicto que no les pertenece, pero que sin querer, lo viven y se adaptan.
“Siempre en temas de investigación uno tiene que ser resiliente para sacar un proyecto adelante en un país extranjero y, sumado a la situación que se vive aquí como la guerra, nos toca ser fuertes”, afirma la ecuatoriana.
Cada año Israel acoge a decenas de investigadores en los diferentes campus de la Universidad Ben-Gurión. Hasta ahí van los jóvenes en busca de transformar al mundo con sus ideas tan disruptivas, innovadoras y necesarias en tiempos de guerra y cambio climático.
Israel pasó de ser un exportador de naranjas a Europa hacia una economía basada en la innovación y creación de desarrollos tecnológicos de punta.
En el primer semestre de 2025, el precio de los futuros del jugo de naranja ha caído más de 55 por ciento, según ActivTrader, la plataforma de trading de ActivTrades.
Por: Ricardo González Vigil
Una joya de la poesía peruana actual: La memoria hila, premio Copé de Oro de la XXI Bienal de Poesía Copé 2023 (Lima, Petroperú, Ediciones Copé, 2025; 64 pp.), de Elma Murrugarra (Lima, 1974). Espléndida maduración creadora de quien mostró, desde sus primeros poemarios (cuatro en 2002-2009), un talento singular, razón por la cual la incluimos en Poetas peruanas de antología (2009).
Y una joya sobre un arte en el que el Perú sobresale a nivel mundial: la textilería: “hace 7,800 años, en el Perú, se elaboraron los primeros textiles de algodón del mundo (…). Yo creo que la poesía en el Perú empezó a escribirse en los tejidos, con bellos símbolos que, hasta el día de hoy, nos transmiten alegría, admiración, asombro y dolor” (p. 55), sostuvo Murrugarra en su discurso de recepción del Copé de Oro.
Celebra túnicas y trajes prehispánicos, resaltando su belleza intacta y virtuosismo artístico, acompañándolos de agudos bordados histórico-culturales y socio-económicos. Más aún, aplica las imágenes textiles a la arquitectura: las piedras tan herméticamente unidas que “ni un hilo las traspasa” y al templo “el lanzón de Chavín como una gran aguja insertada aguanta” (p. 15). Aprovecha, además, que se llama “atados” a unos ingredientes de la cocina nacional.
Y, por cierto, entreteje las milenarias imágenes del hilo de la vida (“la vida es un hilo”, p. 21) y de la memoria (que hila, según relieva el título del libro y “La aguja”, el poema más extenso del libro). De otro lado, subraya que un mensaje (con su trama, urdimbre, nudo y desenlace, todos vocablos originalmente textiles) constituye un texto (es decir, tejido) de signos, con el modelo biográfico de la madre “tejiendo las palabras / de un poema lindo que me cobija” (p. 21) y el paradigma ancestral de los quipus (“anudados como quipus que cuentan la historia”, p. 52), ese ejemplo supremo de cómo los antiguos peruanos convirtieron a los hilos y nudos en un medio de representación en el que “la memoria hila” y el hilo preserva la memoria colectiva.
Resulta admirable cómo todo en el poemario remite a la textilería: los títulos de las secciones (llamadas torzales) y de varios poemas, los temas de cada composición y los epígrafes elegidos de poetas peruanos fundamentales (una especie de quipu colectivo), el entramado de los versos y de las prosas movilizadas por palabras e imágenes que literalmente y/o metafóricamente enhebran un manto-quipu que envuelve al lector con su esplendor verbal y su riqueza de contenido: “la memoria hila para recordar, entre otras cosas, la alegría de la libertad o la admiración frente a la belleza; hila para no olvidar el dolor de una masacre, la indignación ante el abuso del poder, la vergüenza del racismo y la insidia de alguna gente para silenciarnos” (p. 55).
UN CABALLERO EN MOSCÚ
Condenado a muerte por los bolcheviques en 1922, el conde Aleksandr Ilich Rostov elude su trágico final por un inusitado giro del destino. Gracias a un poema subversivo escrito diez años antes, el comité revolucionario conmuta la pena máxima por un arresto domiciliario inaudito: el aristócrata deberá pasar el resto de sus días en el hotel Metropol, microcosmos de la sociedad rusa y conspicuo exponente del lujo y la decadencia que el nuevo régimen se ha propuesto erradicar. Esta es la segunda novela de Amor Towles, que después de recibir innumerables elogios por Normas de Cortesía, su ópera prima, se consolida como uno de los escritores norteamericanos más interesantes del momento.

DE LA DEMOCRACIA EN HISPANOAMÉRICA
Para saber cuál es el estado de la democracia en Hispanoamérica es esencial remontarse a los orígenes. En este libro, Santiago Muñoz Machado recorre con rigor y profundidad dos siglos de historia política latinoamericana, retratando a personajes fascinantes y relatando la implementación de políticas transformadoras y episodios gloriosos, así como tiempos oscuros que erosionaron la libertad. Este libro ofrece una visión completa de los desafíos y logros de los regímenes democráticos. Analiza con exhaustividad cómo las peculiaridades históricas y culturales de Hispanoamérica han moldeado su relación con la democracia liberal, ofreciendo al lector valiosas herramientas para abordar los dilemas actuales y comprender la importancia que presenta la cuestión de la democracia.
Por: RUBÉN QUIROZ
Con una adaptación poderosa, una lapidaria poética y una conmovedora belleza de las palabras como letanías enérgicas y clarividentes, esta puesta es un ejercicio inapelable de esplendor reflexivo, llevado a cabo por un elenco extraordinario y tan luminosamente oscuro como el augurio que trae consigo. Stevenson, en esta adaptación local, adquiere una contundencia filosófica que ha encontrado un espacio escénico moldeado para desplegar las capas psicológicas y los profundos círculos abismales del extravío de la humanidad sobre el cual profetiza en su libro emblemático.
Y no es una tensión moral para optar entre el bien y el mal, sino una dimensión distópica e inminente que más bien desprecia el estatus de lo reconocible como lo humano y, en consecuencia teatral, su personaje principal (Stimman) lo plantea en una actuación soberbia, en la que se desdobla brillantemente entre la tortura y el sadismo, acompasado por actuaciones persuadibles (París, Kozitskaya y Oxenford). Así la ética queda desbordada por ser un obstáculo vetusto ante las acciones que han cruzado todas las líneas rojas. Entonces, no hay ninguna sensación de culpa o arrepentimiento, semejantes sentimientos quedan descolocados por arcaicos y desfasados, frente a una nueva etapa en la que la ciencia, según los delirantes pero lógicos propios experimentos de Jekyll, crean una condición posthumana. Hay un estremecedor vaticinio en este recordatorio escénico, cual advertencia ante lo inaplazable de la disrupción tecnológica y los efectos inciertos de la IA que pone en duda la naturaleza habitual de los individuos.
Ese monstruo que habita en cada uno de nosotros se desborda, porque así lo quisimos, creyendo ilusamente que podía obedecer la prudencia y la sensatez; entonces, toma el control, en un desequilibrio desenfrenado, en el que la pura animalidad absorbida y en imparable crecimiento extrema su ferocidad contra todo aquello que considera una distorsión moral. En esa posición inhumana y ya en la absoluta inconsciencia por distinguir siquiera lo maligno y la bondad, se impone un triunfante despropósito científico, como una categórica derrota de cualquier rasgo que haya caracterizado a una persona, para convertirse en una máquina deforme y atestada de crueldad. Nada justifica el pase a ese nuevo y perverso modo de asumir que no hay reglas más que la suya. Cuando sucede ello, la atrocidad es absoluta y solo sigue la barbarie.
Y en esa destrucción de todo lo humano, con una lóbrega, zigzagueante y precisa escenografía, en la que la coordinada coreografía de los momentos de truculencia resulta inolvidable, pues son contrapunteados con maestría dramática por el narrador (Rivera), quien, una vez más, da señales de por qué sigue siendo uno de los mejores. Mientras el intermitente fondo musical, de aparente sublimidad clásica, va resignificándose, para recordarnos que nada ni nadie puede escapar de alguna forma de la perfidia.


Por: Cristina Dreifuss
Decana de la Facultad de Arquitectura y Diseño – UPN
“Quiere más” es una consigna que escuchamos con frecuencia cuando un cliente se sienta frente al arquitecto. Pero parece ser que se refiere solo a superficies: más metros cuadrados, más dormitorios, más servicios que saltan de la piscina a la sala de parrilla. El verbo querer se confunde con multiplicar, y la arquitectura se reduce a un catálogo de adiciones volumétricas. Sin embargo, si aceptamos esa traducción literal perdemos la oportunidad de preguntarnos qué significa realmente “más”.
Más puede ser más luz natural que reduzca el consumo energético y eleve el ánimo; más ventilación cruzada que ahorre aire acondicionado; más continuidad espacial que invite al encuentro; más materiales honestos y durables que envejezcan con dignidad. Más también es más ciudad: fachadas activas que enriquezcan la calle, esquinas que ofrezcan sombra, primeros pisos porosos donde pueda darse la vida pública. En lugar de engordar el metraje privadamente, podríamos engordar la calidad colectiva.
La paradoja es que este “más” intangible no siempre encarece la obra. A veces requiere restar: restar muros innecesarios, restar pasillos que desperdician suelo, restar servicios superfluos. Otras veces demanda sumar inteligencia: diseñar para la flexibilidad, prever futuros cambios de uso, anticipar la huella de carbono. El arquitecto no debería ser visto como un expendedor de metros, sino como un editor de experiencias habitables.
Pedirle a la arquitectura “más” no es un capricho cuantitativo sino un acto de responsabilidad cultural. Significa exigirle confort térmico y acústico, belleza que dialogue con el entorno, y resiliencia frente a una crisis climática que ya tocó la puerta.
Si redefinimos la vara, descubriremos que el verdadero lujo no está en acumular superficie sino en habitar espacios que, al mejorar la vida de uno, mejoran también la vida de todos. Ese es el reto que nos convoca.
Por: Marce Rosales
Durante casi cuatro décadas, el ICPNA ha sostenido un festival que, lejos de petrificarse en la costumbre, ha hecho de la reinvención su estandarte. La edición 37 del Festival Internacional Danza Nueva, que se desarrollará desde este jueves 10 de julio al 9 de agosto en el Auditorio ICPNA de Miraflores, llega para recordar cómo el cuerpo sigue siendo el vehículo más directo para interpelar, conmover y resistir.
Este año, la apertura estará a cargo de Romeo y Julieta, una coreografía comisionada por el ICPNA al maestro Pepe Hevia. Se trata de una adaptación del clásico de Prokofiev, que evita el cliché del tutú y la zapatilla en punta para abrazar los lenguajes de la danza contemporánea. No es solo una versión, sino un símbolo: con esta obra, el festival comienza marcando territorio desde la creación.
“Descubrimos un potencial enorme en nuestro propio país”, reflexiona Alberto Servat, director del festival, al recordar los años postpandemia. La crisis sanitaria obligó a replantear el enfoque internacional del evento y volver la mirada hacia lo local. “Hemos hecho el trabajo a la inversa: antes se incluía a una compañía peruana por año, ahora tratamos de incorporar extranjeras cuando se puede, pero priorizando lo nacional”, explica.

La apuesta ha dado frutos. El cartel de esta edición reúne siete propuestas disímiles, reflejo de una escena en constante reinvención. Desde ¿Mal yo! Afrontemos la verdad de Dactilares Perú, que aborda la salud mental con franqueza, hasta el esperado cierre con Vacío, obra de Morella Petrozzi y Claudia Odeh inspirada en Siddhartha de Hermann Hesse, el festival despliega una narrativa sin repeticiones y donde cada montaje es una estación emocional distinta.
Desde México llega El cuerpo vacío de la compañía Cuatro por Cuatro, pieza que celebra el cuerpo como espacio de pensamiento y encuentro. También destaca La cosa en sí, de Danza PUCP, y Ultramar, de la Escuela Atmósfera, una exploración junguiana del camino del héroe. La presencia de Yvonne von Möllendorff, con su performance multimedia Del cuarto rojo, añade un matiz íntimo y experimental a la programación.
“No hay una sola tendencia”, sentencia Servat. Y lo que podría parecer caos, en realidad es testimonio de la vitalidad de una disciplina que escapa a definiciones unívocas. “Cada grupo explora sus propias inquietudes. Desde lo social hasta lo existencial, la danza se convierte en una forma de pensamiento en movimiento”.
Más allá del espectáculo, el festival también propone un espacio formativo. Se ofrecerán clases maestras y conferencias en el Auditorio ICPNA Lima Centro, dirigidas tanto a profesionales como al público curioso.
Pero quizá el mayor mérito de Danza Nueva sea resistir. En un contexto donde el apoyo a las artes es escaso y la danza contemporánea no goza del estatus de las formas más masivas de entretenimiento, persistir es ya un acto de valor. “El desafío sigue siendo sobrevivir y captar nuevas audiencias”, afirma Servat. A pesar del tiempo, este festival sigue siendo joven.

Escribe: Luis E. lama
Esta es la primera muestra de arte contemporáneo en la sala Luis Alva del Teatro Municipal. Se ha hecho para coincidir con la temporada alta de ópera y concierto, lo que puede garantizar la presencia de un público informado en una sala que recién se inicia. Estoy seguro que paulatinamente el Municipal albergará otras muestras y el público se acostumbrará a visitarlas dependiendo del interés de cada una de ellas.
Las 32 primeras expositoras forman parte del colectivo MAV (Mujeres en las Artes Visuales del Perú) que además de actividades limeñas, se ha encargado de llevar exposiciones al interior de país, integrando el trabajo de sus asociadas con las artistas residentes en cada localidad, en un encuentro que considero altamente fructífero.
Comparto la idea de quienes sostienen que en materia de arte –o de cualquier profesión– no se debe distinguir por géneros. Pero en nuestro país es indispensable hacerlo. Si nos remontamos a los años 80 del siglo pasado comprobaremos que una mayoría femenina destacaba en el arte peruano, particularmente a nivel escultórico, una disciplina que, hasta entonces, erróneamente, muchos consideraban destinada para hombres.

Ignoro las razones por las cuales esa hegemonía se ha invertido. A pesar de que en las escuelas de arte la gran mayoría son mujeres, estas egresan, exponen y, salvo excepciones, sobresalen de manera efímera en el panorama local. Esa diferencia también podemos apreciarla en nuestra historia del arte moderno y contemporáneo en la cual una desconsoladora minoría femenina se encarga de demostrar las marginalidades que siempre han existido en este ámbito.
En este contexto una asociación como MAV se hace indispensable, no para protegerse –no lo necesitan– sino para destacar las acciones de sus miembros. El ingreso al colectivo es riguroso y varias tienen un respetable currículum. Sería imposible exigir, a todas, el mismo nivel porque son individualidades fuertes con diferentes visiones y trayectorias.
Shakespeare, cuyas obras son el eje de esta exposición, ha sabido escrutar el alma humana, las pasiones y todo aquello que el psicoanálisis se empeña en desentrañar. Pero hay algo más que me apasiona de él, su tratamiento de la codicia, de la política entendida en el sentido más amplio. Nuestros impúdicos congresistas, ministros y presidentes jamás podrían ser personajes de alguna de sus obras. No tienen la grandeza moral –ni el abismo amoral– para serlo. Serían apenas miserables personajes secundarios que viven empoderados en el desagüe de su propio infierno.
A pesar de esta realidad, la muestra del MAV se ve forzada a evitar escrupulosamente toda manifestación ideológica para respetar el reglamento municipal. Y a pesar de ello, creo que vale la pena participar en el empeño de integrar a las artes visuales en el Teatro, sentando un precedente que futuras gestiones deberán ampliar y corregir.

Shakespeare formaba parte de la misógina sociedad isabelina, y si bien solo cuatro de sus piezas tienen protagonistas mujeres, en todo este corpus las acciones masculinas están determinadas por esas heroínas –por llamarlas de algún modo– que tienen una fortaleza que las vuelve el desencadenante principal de la acción.
Lady Macbeth, por ejemplo, me resulta más viril que su marido y no es gratuito cuando ella dice “unsex me” (despójame de mi sexo). ¿Por qué desea desexualizarse? Shakespeare la describe como una mujer que se libera de ataduras y quiere lograr lo que ambiciona a través del hombre bajo su mando. Volumnia es otro ejemplo de poder. Madre de “Coroliano” es la que lo impulsa a buscar la gloria. Son mujeres cuya fortaleza estaba destinada a personajes masculinos y que aquí se reivindican.
En este intercambio de roles hay una suerte de transexualidad teatral cuando el autor recurre a las ambigüedades de género como ocurre con Rosalina –Como gustéis (As you like it)– o Viola –Noche de Reyes (Twelfth Night)– que asumen el papel de hombres. Es cierto que el travestismo era una moda en el teatro de esos tiempos, pero no lo eran las mujeres insumisas como Beatrice –Mucho ruido y pocas nueces (Much ado about nothing)– o Catalina (The taming of the shrew).
Sería interminable hablar de Shakespeare en femenino. La totalidad de su obra oscila entre heroínas condenadas a morir –Desdémona–, las que dominan el mundo que las rodea, las que quiebran los moldes establecidos o simplemente las que representan la sexualidad que rompe con las convenciones de la época.
El autor fue un hombre que representó las infinitas posibilidades de cómo puede reaccionar un espíritu femenino. En su obra no hay parámetros posibles para encasillar a una mujer en un determinado papel. Igual ocurre con las artistas, esas hadas de la fantasía. Ellas están en capacidad de hacer una versión de Shakespeare en desenfreno.
Hoy ya no existen fierecillas domadas.

“No hay brillo en los ojos de una madre como aquel que aparece cuando le devuelves un niño con un rostro normal”. Esa frase, pronunciada por el cirujano plástico Luis Paredes Aponte, resume una vida dedicada a reconstruir sonrisas. Médico del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) y docente en San Marcos y Villarreal, Paredes es además el impulsor de una cruzada quirúrgica que cada año transforma vidas desde la Fundación Alvartez y el Grupo San Pablo, bajo un lema tan potente como preciso: el derecho a la sonrisa.
Paredes lidera una organización que, pese a contar con un equipo pequeño, logra operar gratuitamente a cerca de 80 niños al año. A eso se suman campañas en alianza con otras instituciones y con la Fundación San Pablo, como la que recientemente ha convocado a pacientes a nivel nacional para acceder a cirugías gratuitas. La meta es realizar al menos 50 operaciones más este 2025, según confirmaron fuentes de la campaña “Plan Alegría” de la clínica San Pablo.
UNA DEUDA ESTRUCTURAL
El labio leporino y el paladar hendido afectan a cerca de 1 de cada 588 nacidos vivos en el país, según el último estudio serio sobre el tema realizado por el Hospital San Bartolomé. Con un promedio de 600 000 a 700 000 nacimientos anuales, el Perú requiere al menos 2000 cirugías al año para cubrir la necesidad real. “Eso equivale a seis operaciones por día. Y debería ser cubierto por el sistema de salud en su conjunto”, apunta Paredes.
Pero en la práctica, el acceso a estas cirugías enfrenta múltiples obstáculos: falta de información, trabas en la referenciación de pacientes desde provincias, y campañas extranjeras mal ejecutadas que –en palabras del especialista– “dejan desastres que luego deben ser corregidos por el Estado”.
El problema no es solo estético. Es funcional y profundamente humano. “Estos niños tienen un rostro que no les permite sonreír, y una condición que muchas veces tampoco les permite hablar bien”, explica Paredes. “Sonríes a quien te cae bien. Hablar es lo que nos hace humanos. Quitarle eso a un niño es condenarlo al aislamiento”.


GESTIÓN QUE CAMBIA VIDAS
Desde que comenzó la campaña con San Pablo en 2017, se ha logrado operar a más de 200 pacientes con todas las garantías médicas, prácticamente como si fueran “niños ricos”, enfatiza Paredes. “En la clínica todo lo que pido, desde todos los implementos hasta la mejor atención posoperatoria, se concede. Hablamos de un trato VIP para los más necesitados, como siempre debería ser”.
El Plan Alegría selecciona pacientes mediante un estudio social y una evaluación médica rigurosa. Este año incluso se ha dado un paso más: operar también casos complejos, muchas veces descartados por otros centros debido a intervenciones previas mal ejecutadas.
Aunque el Seguro Integral de Salud (SIS) ha mejorado la cobertura general y ya no es común ver casos extremos como el de una joven de 20 años que fue operada por primera vez apenas hace una década, aún persisten serias limitaciones. Especialmente en las zonas más alejadas del país. “En la selva, por ejemplo, muchos padres no logran la transferencia de sus hijos porque se penaliza a los médicos que remiten demasiados casos. Es un sinsentido burocrático que detiene el país”, denuncia Paredes.
UNA SONRISA PARA TRANSFORMAR
La cirugía de labio se realiza entre los 3 y 6 meses de edad, y la de paladar entre el año y el año y medio, cuando ya se inicia el proceso del habla. La intervención temprana, con profesionales capacitados, es fundamental para el desarrollo del niño. “No es solo un asunto médico: es un derecho. El derecho a hablar, a ser entendido, a ser aceptado. El derecho a sonreír”.
Desde su doble rol de médico y gestor –actualmente culmina un doctorado en Ciencias Políticas con una tesis sobre políticas públicas para niños con fisuras–, el doctor Paredes no se cansa de insistir: “Dios solo le da un niño fisurado a una madre que tiene la fuerza para sacarlo adelante”.
Y si además encuentra un sistema que le dé la mano, ese niño podrá no solo sonreír: podrá cumplir sus sueños.
