Keiko Fujimori llega a la presidencia del Perú en una circunstancia excepcional. Lo hace en su cuarto intento, después de más de tres lustros de persistencia política, derrotas estrechas, recomposiciones internas y una presencia constante en el centro del debate nacional. Su elección marca, además, un hito institucional: es la primera mujer elegida presidenta del país. Pero ese dato histórico, por sí solo, no basta para definir el sentido de su gobierno. La verdadera medida de su presidencia no estará en haber llegado, sino en cómo ejercerá el poder en un país exhausto, polarizado y profundamente desconfiado de su clase política. Fue elegida a los cincuenta y un años, la misma edad que tenía su padre en 1990, cuando llegó a la presidencia tras derrotar a Mario Vargas Llosa en segunda vuelta.
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