Escribe Paulo Villacorta
Para Isabel Chappell, "Ahí" representa una de las experiencias más libres y desafiantes de su carrera. La actriz y directora recuerda que el proyecto nació durante la pandemia gracias a la dramaturga argentina Bel Eiff, quien ideó el formato como un juego teatral para actores. Tiempo después, el actor Alfonso Dibos descubrió la propuesta, impulsó su llegada al Perú y la invitó a formar parte de un espectáculo que rompía con las reglas tradicionales del teatro. “Desde que conocí el proyecto me fascinó porque devuelve al actor la posibilidad de jugar”, recuerda.

"Ahí" a los escenarios peruanos.
La esencia de Ahí radica en la incertidumbre. No existen ensayos ni personajes previamente construidos. Los actores llegan a escena sin conocer las situaciones que deberán interpretar y descubren el material en tiempo real frente al público. Para Chappell, esa dinámica convierte cada función en una experiencia irrepetible. “Aquí el error deja de ser un problema. Al contrario, muchas veces termina generando los momentos más memorables de la noche”, afirma.
La confianza como punto de partida
Tras el éxito de la primera temporada, asumió la dirección de esta nueva etapa junto con Laura Delgado. Más que marcar interpretaciones, explica que su principal labor consiste en crear un espacio de confianza donde los actores puedan desenvolverse con libertad. Antes de cada función conversa con ellos para conocer sus límites, respetar aquello que desean o no realizar sobre el escenario y garantizar que cada reto se mantenga dentro de un ambiente seguro. “Nuestro trabajo no es decirles cómo actuar, sino darles la confianza para que se entreguen al juego”, señala.

en el que cada función nazca frente al público.
Esa libertad, sostiene, permite que los intérpretes conecten de forma auténtica con el público. A diferencia de otros montajes, Ahí no pretende provocar una reacción específica. “Cada espectador recibe la obra desde un lugar distinto. Algunos se ríen, otros se conmueven o se incomodan, y todas esas respuestas son válidas”, comenta. Para ella, esa diversidad demuestra el carácter profundamente subjetivo del arte.
Cada función es irrepetible
Chappell define el montaje como una lectura performática y un juego teatral que expone un instante pocas veces visto por el público: el momento en que un actor recibe un texto por primera vez y comienza a construir un personaje frente a los espectadores. “Normalmente ese proceso queda oculto. Aquí lo compartimos con el público y eso hace que cada función sea única”, explica.
Más allá del reto artístico, reconoce que uno de los mayores desafíos sigue siendo convocar espectadores. Considera que el teatro independiente compite constantemente por la atención del público y que propuestas como Ahí buscan demostrar que todavía es posible sorprender desde el escenario. “Queremos que la gente salga de la rutina y descubra una forma distinta de vivir el teatro”, concluye.