Julio Chávez: “Preferí hacer mi propio viaje por La ballena”

Por Marce Rosales | El actor argentino protagoniza la versión teatral de La ballena bajo la dirección de Ricky Pashkus. En conversación con CARETAS, habla de Charlie, de la decisión de no ver la película que le dio un Óscar a Brendan Fraser y de cómo interpretar la fragilidad sin pedir compasión.

por marcerosalescordova@gmail.com
Julio Chávez La Ballena

Julio Chávez interpreta a Charlie en la versión teatral de La ballena, dirigida por Ricky Pashkus. La película de Darren Aronofsky le dio un Óscar a Brendan Fraser e instaló al personaje en el imaginario reciente del cine. Pero, durante la conversación, el actor argentino revela un detalle clave de su proceso: no vio la película y tampoco piensa verla. “Soy muy vulnerable”, dice. “No quería entorpecer mi vínculo con el asunto”.

En la obra, Charlie es un profesor de escritura que vive encerrado y atraviesa una condición física extrema. El personaje se esconde, pero al mismo tiempo no puede dejar de ser visto. Su cuerpo ocupa el centro de la escena, aunque Chávez insiste en que el trabajo no debe quedar atrapado allí. Para él, Charlie no es un monstruo ni una rareza. Tampoco debe ser visto únicamente desde el sufrimiento. Es un hombre atravesado por zonas difíciles de explicar, como cualquier otro. Solo que, en su caso, aquello que suele permanecer oculto aparece expuesto ante todos.

Charlie es un personaje que vive muy expuesto a la mirada ajena, incluso desde el encierro. ¿Cómo se construye esa contradicción: alguien que se esconde, pero a la vez no puede dejar de ser visto?

Te diría que es la condición humana. Inclusive, casi la personalidad de uno está hecha en base a cosas que uno articula para esconder. De manera que no alejaría a Charlie ni lo ubicaría en un lugar muy particular, salvo que su situación física es de muy difícil capacidad de esconder por lo que pesa.

De hecho, él da clases y se esconde poniendo una imagen de un paisaje para que sus alumnos no vean el tamaño que tiene. Tiene un encuentro con su hija, donde de alguna manera le pide disculpas por su situación física.

Pero yo ubicaría el físico de Charlie en algo común a todos los humanos: nuestros aspectos complejos, difíciles de explicar, de por qué existen. Uno puede llegar a ser hasta avaro y pedir disculpas por lo avaro que es, y no sabe por qué lo es. Sabe que no está bueno, pero no lo puede evitar.

Charlie tiene una situación física que casi inhibe al espectador de preguntarle cosas, porque esa situación produce una suerte de distanciamiento, de respeto o de privacidad. Uno tiene pudor de meterse con un cuerpo en esa situación. Eso me parece muy atractivo del material, porque hacemos de una aparente particularidad que separa a Charlie de los otros algo que, en el transcurso de la obra, empieza a acercarlo.

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Charlie se va acercando, se va acercando, se va acercando, y cuando termina el espectáculo es un humano como todos los humanos que están sentados en el lugar. El espectador, por lo que yo creo y por lo que recibo, establece empatía con el personaje.

Creo que eso se diferencia de la película, que no vi y que no veré, pero tengo entendido que el Charlie de la película no termina de producir empatía. Se manifiesta hasta el final como alguien extremadamente particular, que está todo el tiempo diferenciándose. Nosotros queremos hacer un Charlie que, en el transcurso de la obra, empiece a repercutir en cualquier ser humano, que cualquier persona sentada en la platea pueda establecer lazos. No con la morbidez física de Charlie, porque no es común, pero sí con todo lo otro que es Charlie.

¿No vio la película? ¿No quiere verla por algo en particular? ¿O es un recurso actoral no verla?

No, no. A esta altura del partido, tomé contacto con la obra y la obra despertó en mí mucho gusto en abordarla, en trabajar sobre ella. Tuve un presentimiento muy cercano al material, mucho gusto de involucrarme, de prestarle mi humanidad y que Charlie me preste la suya.

Al tener una impresión tan clara, me parecía que no tenía sentido ir a ver el Charlie de otro. No tenía curiosidad. Primero porque soy muy vulnerable. No quería entorpecer mi vínculo con el asunto. Entonces preferí hacer mi propio viaje por La ballena y no ver las fotos del viaje del de al lado.

Es como cuando te vas a un país. Siempre hay gente que te dice: “No conociste tal cosa”. Conocí la París que me tocó conocer. Siempre hay otra París que te hace creer que entonces no conociste del todo París. París no la conoce del todo nadie. Yo recorro mi París.

Entonces yo le diría a la película: vos recorriste tu Ballena, yo recorrí la mía. A la tuya le dieron un Óscar. Bueno, parecería ser que entonces tu Ballena es París. Y yo digo: no, tu Ballena no es París, es una posible París.

¿Cómo se interpreta la fragilidad de Charlie sin pedir compasión al espectador?

Con humor, no con solemnidad. Sí con seriedad, pero no con solemnidad. Y tampoco haciéndose mucho el importante. Charlie no es tan interesante. Charlie tiene cero intención de despertar en el otro piedad o atención.

Nuestro Charlie es muy empático, casi simpático. Alguien que no relata el dramatismo que uno supone que está viviendo. Lo cual no significa que no lo esté viviendo. No lo vive como uno cree que lo vive.

A veces, y hablo de mi ignorancia, de lo convencional que puedo ser como ser humano, cuando veo a alguien que no es vidente, que es ciego, me sorprende enormemente cuando empiezo a ver rasgos que se ríen, que escuchan una charla, que cuentan un chiste. Y digo: “Julio, ¿qué crees? ¿Que un ciego no se ríe con un chiste? ¿De dónde sacaste eso? ¿Te pensás que un ciego todo el tiempo cuenta ‘soy ciego’?”.

Uno escucha a una persona que estuvo en Auschwitz y le sorprende enormemente cuando habla de Auschwitz y, de golpe, hasta se ríe por una anécdota. Y uno dice: “Las personas que estuvieron en Auschwitz tienen que estar todo el tiempo serias, con cara de que sufrieron”. Eso es una convención. El ser humano no necesariamente es así.

En nuestro Charlie elegí ese camino. Es tan obvio que Charlie pesa 230 kilos y que está en una situación muy particular, que contemos de Charlie esas cosas que no cuenta su cuerpo. Porque lo otro ya lo cuenta su cuerpo.

Lejos de hacer un trabajo de discriminación, hacemos un trabajo de inclusión con Charlie. Incluirlo en el paisaje humano. Aunque Charlie se quiere excluir porque siente mucho pudor de esta situación física en la que vive.

Hace unas semanas, conversé con Ricky Pashkus y me decía que, en esta obra, “la forma es el contenido”. Desde su experiencia como actor, ¿qué significa eso sobre el escenario?

No es una obra críptica. No hay una sola frase en la que uno pueda preguntarse: “¿Qué quiso decir con lo que dijo?”. No es un Pinter, no es un Albee, no es un Cocteau. No es una obra del surrealismo, no es una obra intelectual, no es una obra que pertenezca a algún gueto.

Es una obra que tiene un lenguaje para cualquiera. El relato es muy sencillo y lo único que pide es que sea relatado con humanidad. Que lo humano se sienta expresado.

No por sencilla, no por no ser críptica, deja de ser compleja. Porque muchas veces justamente lo complejo es comunicarnos a los humanos cosas de humanos de manera humana.

El material no contiene elementos crípticos ni complejos en ese sentido. Es lo que se ve, es lo que se escucha, es lo que está pasando. La acción es muy clara, muy directa y es para cualquiera.

Después de tantos años de oficio, ¿qué tipo de personaje todavía puede incomodarlo, moverlo o ponerlo en una situación desafiante como actor?

No lo sé porque todavía no ha aparecido. Pero, en cuanto aparezca un material al cual yo le diga que sí, es justamente porque tiene esos ingredientes. Hay millones de obras que podrían ponerme nuevamente en jaque, volver a ubicarme en una situación de prueba, pero no te podría decir ahora cuál será la próxima que acepte.

Hace muy pocas semanas viví una situación muy particular en mi oficio. Era un material de una obra francesa, de una autora francesa. La acepté porque tenía ganas de participar con el equipo con el cual fui invitado. Y cometí el error de confundir esas ganas con el material.

Cuando empecé a trabajar, me di cuenta de que no, de que la obra no era. Tuve la situación muy desagradable de bajarme del proyecto, por responsabilidad mía, por haber leído mal, por haber leído equivocadamente. Así que mi próxima obra no sé cuál es, pero seguramente cuando diga que sí será porque me interese el resto.

La ballena sigue a Charlie, un profesor de literatura que dicta clases desde su casa mientras atraviesa una enfermedad asociada a la obesidad mórbida y ha decidido no atenderse. Acompañado por su amiga Ana, su rutina se altera con la llegada de Tomás, un joven religioso que lo enfrenta con su propia historia. Ante la certeza de sus últimos días, Charlie intenta reencontrarse con Ellie, la hija a la que no ve desde hace ocho años, para reparar un vínculo atravesado por recuerdos, silencios y rencores. La obra, escrita por Samuel D. Hunter y dirigida por Ricky Pashkus, cuenta con las actuaciones de Julio Chávez, Laura Oliva, Octavio Murillo, Manuela Yantorno y Emilia Mazer. Se presentará en únicas funciones los días 5, 6 y 7 de junio en el Teatro Canout. Las entradas están disponibles en Teleticket y en la boletería del teatro.

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