Naomi Osaka no solo está jugando en Roland Garros. También está usando la cancha como una pasarela. La tenista japonesa volvió a colocarse en el centro de la conversación durante el Grand Slam parisino con una de sus apariciones más comentadas: un ingreso con corsé negro, falda larga plisada y una posterior revelación de un vestido dorado diseñado para competir.
El look fue creado en colaboración con el diseñador suizo Kevin Germanier, conocido por trabajar con materiales reciclados y piezas de alto impacto visual. Según la WTA, Osaka ingresó con un corsé negro y una falda en cascada, antes de revelar un vestido dorado de Nike con capas y lentejuelas. La prenda incorporó materiales reutilizados, una marca del trabajo de Germanier.
La moda como declaración
Osaka explicó que la ropa le permite expresarse de una forma que no siempre hace con palabras. “No hablo mucho, así que puedo hablar a través de mi ropa”, dijo en conferencia de prensa. La frase resume una parte importante de su presencia pública: para ella, el vestuario no es un adorno alrededor del tenis, sino una extensión de identidad, carácter y performance.
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La apuesta no apareció de la nada. En el Australian Open 2026, Osaka ya había llamado la atención con una entrada marcada por parasol, velo y un gran sombrero con mariposas. En Madrid, optó por un conjunto naranja con pañuelo en la cabeza, y antes de Roland Garros también había destacado en la Met Gala con un abrigo escultórico marfil con plumas rojas.
Entre el tenis y el espectáculo
El gesto también abrió debate. Algunos comentarios cuestionaron si este tipo de entradas convierten el Grand Slam en un show de moda antes que en una competencia deportiva. Sin embargo, Osaka no parece verlo como una contradicción. Su apuesta se inscribe en una tradición que ya tuvo a Serena Williams y Venus Williams como referentes de grandes revelaciones visuales en la cancha.
En lo deportivo, la japonesa también respondió. Osaka venció a Laura Siegemund en primera ronda y luego superó a Donna Vekic por 7-6(1) y 6-4 para avanzar a la tercera ronda de Roland Garros. El mensaje quedó completo: estilo, sí; pero también tenis.
Roland Garros siempre ha tenido una relación especial con la estética. La arcilla, París y la tradición del torneo convierten cada aparición en una imagen poderosa. Osaka entendió el escenario y lo llevó más lejos: hizo de su entrada una declaración de moda, pero también de control narrativo. En una época donde las atletas también construyen marca, voz y presencia cultural, Naomi Osaka parece decidida a vestir cada Grand Slam como si fuera una portada.