A un año de su elección como sumo pontífice, León XIV ha construido un liderazgo silencioso pero firme dentro del Vaticano. Sin grandes rupturas ni gestos estridentes, su pontificado se caracteriza por la continuidad institucional y una apuesta por la diplomacia internacional. Sin embargo, su historia personal introduce un elemento singular en la narrativa reciente de la Iglesia: su estrecho vínculo con el Perú.
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