La noche del 2 de marzo, una llamada activó la maquinaria fiscal. A las 10 p. m., el fiscal adjunto provincial Pako Grajeda recibió la alerta: cinco detenidos por presunto tráfico ilícito de drogas en el Callao. Entre ellos, un extranjero que, en cuestión de horas, se convertiría en el eje de una investigación con ramificaciones internacionales.
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