Hígado graso: una enfermedad silenciosa pero prevenible
El Ministerio de Salud (Minsa) advirtió que el hígado graso es una condición que puede prevenirse, controlarse e incluso revertirse si se mantienen cambios sostenidos en la alimentación y el estilo de vida.
Aunque en sus primeras etapas suele desarrollarse sin síntomas claros, esta enfermedad está vinculada principalmente al sobrepeso, el sedentarismo y una dieta alta en azúcares, grasas y productos ultraprocesados.
Alimentación saludable como eje de prevención
La nutricionista del Minsa, Norma Huaraka, explicó que la alimentación cumple un rol clave en la recuperación de la salud hepática.
Recomendó priorizar el consumo de alimentos naturales como verduras frescas, hortalizas y frutas, que deberían ocupar al menos la mitad del plato en las comidas principales.
También sugirió incluir proteínas magras como pescado y pollo sin piel, además de cereales y menestras como parte de una dieta equilibrada.
Reducir ultraprocesados y bebidas azucaradas
La especialista advirtió que uno de los principales factores de riesgo es el consumo frecuente de productos con alto contenido de azúcar, grasas y calorías vacías.
Entre ellos mencionó bebidas gaseosas, jugos industrializados, galletas, pasteles, frituras, golosinas y comida rápida, los cuales pueden agravar el daño hepático si se consumen de manera habitual.
Asimismo, remarcó la importancia de evitar el consumo de alcohol, ya que incrementa el riesgo de desarrollar hígado graso y otras enfermedades del hígado.
Hábitos diarios que marcan la diferencia
Además de la alimentación, el Minsa recomendó mantener horarios regulares de comida, realizar actividad física constante y acudir a controles médicos periódicos para detectar a tiempo posibles alteraciones en la salud.
De acuerdo con la entidad, pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden generar mejoras significativas en la salud hepática y en la calidad de vida de las personas.
En resumen
El Minsa enfatiza que el hígado graso no solo es prevenible, sino también reversible si se adoptan hábitos saludables de manera constante. Una alimentación equilibrada, la reducción de ultraprocesados y la actividad física regular son claves para proteger el hígado y evitar complicaciones futuras.