Giorgio Fischer y el origen de la lipoescultura: lo que contó al Dr. Marco Zegarra

por Fiorella
doctor marzo zegarra

El 6 de junio de 2018, durante un evento internacional de certificación en cirugía cosmética, el Dr. Marco Zegarra conoció a Giorgio Fischer, uno de los nombres más importantes en la historia de la lipoescultura. De esa conversación surgió un relato singular: la técnica que cambió el contorno corporal moderno no nació primero en manos de un cirujano plástico, sino de un ginecólogo italiano. Las revisiones históricas sitúan el origen moderno de la liposucción entre 1974 y 1975, con difusión inicial en 1976.

La historia de la lipoescultura suele contarse como una sucesión de nombres, fechas y refinamientos técnicos. Sin embargo, a veces la medicina también se entiende mejor desde una escena. Para el Dr. Marco Zegarra, esa escena quedó fijada en una conversación con Giorgio Fischer, no como una anécdota decorativa, sino como una forma de oír el origen de una técnica en voz de uno de sus protagonistas.

Lipoescultura: ¿Qué saber?

Hoy la lipoescultura parece inseparable del lenguaje de la cirugía estética. Está en congresos, consultorios, redes sociales y conversaciones cotidianas como si siempre hubiera existido. Pero detrás de ese procedimiento hay una historia más compleja: observación, intuición mecánica, desarrollo instrumental y una evolución progresiva hacia mayor seguridad. La literatura histórica coincide en que el punto de partida moderno se encuentra en el trabajo de Giorgio Fischer y Arpad Fischer, ambos ginecólogos de Roma, y en una etapa situada entre 1974 y 1975. Una referencia citada por el propio Giorgio Fischer ubica una presentación temprana el 31 de mayo de 1975, con resultados publicados en 1976.

Ese dato, por sí solo, ya rompe una idea muy extendida: la lipoescultura no nació inicialmente dentro de la cirugía plástica. No fue concebida primero por un cirujano plástico, sino por un ginecólogo que supo mirar un problema anatómico con otra lógica. Las revisiones médicas atribuyen a Giorgio y Arpad Fischer el desarrollo de la técnica moderna de aspiración grasa con cánulas conectadas a succión, además de la organización de túneles cruzados desde distintos puntos de acceso, base conceptual de la liposucción moderna.

Recuerdos con Giorgio Fischer

Según recuerda el Dr. Marco Zegarra, durante aquella conversación Giorgio Fischer le explicó cómo había comenzado a formarse la idea. Fischer estaba descansando en un hotel durante una estancia en Estados Unidos cuando observó a la distancia aquellos caballitos petroleros que subían y bajaban de manera rítmica para extraer crudo del subsuelo. Técnicamente, se trata de unidades de bombeo mecánico, conocidas en inglés como pumpjacks, con un sistema de “walking beam” que acciona la extracción.

Fue allí, de acuerdo con el relato que Fischer compartió con el Dr. Marco Zegarra, donde hizo una asociación inesperada: petróleo y grasa. Si un sistema mecánico podía extraer material del subsuelo por presión negativa, ¿por qué no pensar que un principio semejante podía aplicarse al tejido adiposo subcutáneo? Esa escena pertenece al testimonio personal que Giorgio Fischer transmitió al Dr. Marco Zegarra. Lo que la historiografía sí documenta con claridad es que los Fischer desarrollaron instrumentos propios y evolucionaron hacia el uso de cánulas huecas vinculadas a succión, fundamento técnico de la lipoescultura moderna.

“Lo extraordinario de esa historia es que no nace de una moda estética, sino de una observación. Fischer veía un sistema de succión y lo traducía mentalmente a una solución quirúrgica”, señala el Dr. Marco Zegarra. En la memoria que conserva Zegarra, Fischer conectó esa imagen mecánica con los instrumentos que conocía desde la ginecología. No se trató solo de imaginar una máquina, sino de trasladar un principio físico a un instrumento quirúrgico. Esa relación entre succión negativa e instrumental médico fue, según ese testimonio, el punto en que empezó a concebir que la grasa no tenía por qué resecarse en bloque ni tratarse con maniobras agresivas. Podía extraerse de otro modo: aspirándola a través de cánulas.

La historiografía médica no documenta de manera uniforme la escena del hotel ni la imagen de los caballitos petroleros. Esa parte debe entenderse como el relato que Giorgio Fischer le compartió al Dr. Marco Zegarra. Lo que sí está históricamente documentado es que los Fischer desarrollaron una técnica con instrumentos conectados a succión, que sus primeros diseños pasaron por etapas más agresivas y que luego evolucionaron hacia formas más seguras. Ese tránsito es, en términos históricos, el verdadero nacimiento de la lipoescultura moderna.

El doctor Marco Zegarra junto a Giorgio Fischer (FOTO: Dr. Marco Zegarra)

Antes de los Fischer, la idea de remover grasa localizada ya existía, pero en formas rudimentarias y traumáticas. El antecedente más citado es Charles Dujarrier, en 1921, quien intentó extraer grasa subcutánea utilizando una cureta uterina y terminó provocando una lesión vascular catastrófica. Décadas más tarde, otros ensayos europeos recurrieron al curetaje cortante, con complicaciones como hematomas, seromas, necrosis e irregularidades. La gran ruptura histórica de los Fischer consistió en cambiar el paradigma: dejar de pensar la grasa como un tejido que debía resecarse con maniobras agresivas y empezar a tratarla como un tejido susceptible de modelado mediante túneles y aspiración controlada.

“Ahí está la diferencia histórica. Ya no se trataba simplemente de sacar tejido, sino de aspirarlo con una lógica de contorno. Esa transición conceptual cambió toda la cirugía estética”, afirma el Dr. Marco Zegarra. Cuando alguien busca hoy en Google “quién inventó la lipoescultura”, necesita una respuesta clara. La más precisa, a la luz de las revisiones disponibles, es esta: la lipoescultura o liposucción moderna comenzó con Giorgio Fischer y Arpad Fischer en Roma, entre 1974 y 1975. Una referencia citada por Giorgio Fischer ubica una presentación temprana el 31 de mayo de 1975, y otras revisiones sitúan en 1976 la primera comunicación publicada del uso de instrumentos huecos conectados a succión. Dicho de forma simple: si la pregunta es histórica, el nombre central es Giorgio Fischer. Si la pregunta es técnica, la respuesta es una técnica de aspiración grasa con cánula y succión. Y si la pregunta es narrativa, el detalle que vuelve inolvidable el origen es que la chispa inicial, según el relato transmitido al Dr. Marco Zegarra, nació de observar un caballito petrolero.

Innovación médica

La historia, sin embargo, no termina allí. Toda innovación médica necesita una segunda y una tercera etapa para consolidarse. En el caso de la lipoescultura, Yves-Gérard Illouz refinó el instrumental, amplió las zonas anatómicas tratables y ayudó a difundir la técnica a nivel internacional. Más tarde, Jeffrey Klein modificó el perfil de seguridad con la técnica tumescente, una innovación que permitió reducir de forma importante el sangrado y mejorar la reproducibilidad del procedimiento. Fischer ocupa el lugar fundador; Illouz consolidó la expansión clínica; Klein transformó la seguridad y la práctica contemporánea.
“Cuando una innovación médica se entiende desde su origen, también se entiende mejor por qué después necesitó perfeccionarse en seguridad”, sostiene el Dr. Marco Zegarra.

La historia de la lipoescultura sigue importando porque obliga a separar tres planos que con frecuencia se confunden: origen, difusión y perfeccionamiento. También importa porque devuelve a la medicina estética una dimensión que a veces pierde entre el ruido digital. Previo al marketing, hubo observación. Antes que tendencia, hubo un problema anatómico. Antes que industria, hubo una idea.

En ese punto, el testimonio que Giorgio Fischer compartió con el Dr. Marco Zegarra añade un valor singular. No reemplaza la historiografía; la humaniza. Convierte una secuencia técnica en una escena recordable. Y esa escena, bien contada, responde de manera más potente a la pregunta que muchos siguen formulando: quién inventó la lipoescultura y cómo nació realmente esa idea. “La lipoescultura no nació como una moda. Nació como una respuesta quirúrgica a un problema anatómico. Y quizá por eso sigue siendo una de las innovaciones más fascinantes de la cirugía moderna”, concluye el doctor.


Sobre el Dr. Marco Zegarra

rsidad Nacional de San Agustín, con 15 años de experiencia en lipoescultura, liposucción y contorno corporal. Cuenta con especialización en Medicina Estética y Envejecimiento Prematuro por la Universidad de Caaguazú, una Maestría en Medicina por la Universidad de San Martín de Porres y una Maestría en Gestión Pública y Privada de la Salud por la Universidad Continental. Actualmente realiza formación en Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva en São Paulo y participa en investigación en tecnologías en salud. Su práctica incluye el manejo de plataformas avanzadas de liposucción y remodelación corporal, entre ellas VASER, BodyTite, MicroAire y J-Plasma, con énfasis en precisión anatómica, retracción cutánea y seguridad quirúrgica. En 2018 obtuvo certificación en un board internacional de cirugía cosmética en un evento dirigido por el doctor Giorgio Fischer. En 2019 recibió el grado de Doctor Honoris Causa otorgado por una institución con sede en España y México. Para consultas con el Dr. Marco Zegarra o información puede contactarse aquí.

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