Próximo presidente del Perú: los desafíos que heredará en 2026

La inseguridad ciudadana, el crecimiento económico, el empleo, la crisis institucional y la corrupción figuran entre los principales retos que deberá enfrentar el próximo mandatario desde el primer día de gobierno.

por Diana
Keiko Fujimori y Roberto Sánchez - desafios

Cuando los peruanos terminen de votar este 7 de junio no solo estarán eligiendo al próximo presidente de la República. También estarán definiendo quién asumirá la tarea de enfrentar una de las coyunturas más complejas de las últimas décadas. Aquí les decimos cuáles son esos desafíos que heredará.

Tras años de inestabilidad política, desaceleración económica y creciente inseguridad ciudadana, el próximo mandatario recibirá un país con profundas demandas sociales y una ciudadanía cada vez más escéptica frente a sus autoridades.

Los desafíos son múltiples, pero cinco aparecen de manera recurrente en las encuestas y estudios de opinión como las principales preocupaciones de los ciudadanos.

1. Frenar la inseguridad ciudadana

La delincuencia se ha convertido en la principal preocupación de los peruanos. Extorsiones, sicariato, robos y crimen organizado forman parte de una realidad que afecta tanto a Lima como a diversas regiones del país.

La expansión de redes criminales vinculadas al narcotráfico, la minería ilegal y la trata de personas ha puesto a prueba la capacidad del Estado para garantizar el orden público. El próximo gobierno enfrentará una creciente presión para ofrecer resultados concretos en materia de seguridad durante sus primeros meses de gestión.

La demanda ciudadana ya no pasa únicamente por más presencia policial. También exige inteligencia, reforma institucional y una mejor coordinación entre el Poder Ejecutivo, la Policía, el Ministerio Público y el Poder Judicial.

2. Recuperar el crecimiento económico

Aunque Perú mantiene una de las economías más estables de la región, el crecimiento ha perdido dinamismo en los últimos años.

La inversión privada se ha visto afectada por la incertidumbre política y por conflictos sociales que han paralizado importantes proyectos mineros e infraestructura. A ello se suma la necesidad de impulsar nuevos motores de crecimiento en un contexto internacional cada vez más competitivo.

El próximo presidente deberá encontrar un equilibrio entre la promoción de inversiones, la sostenibilidad fiscal y la reducción de las brechas sociales que persisten en amplias zonas del país.

3. Generar empleo y reducir la informalidad

Más del 70% de los trabajadores peruanos se desempeña en condiciones de informalidad. Se trata de uno de los principales problemas estructurales de la economía nacional.

La creación de empleo formal será clave para mejorar los ingresos familiares, ampliar la base tributaria y fortalecer los sistemas de salud y pensiones.

Sin embargo, el reto es enorme. El crecimiento económico por sí solo no garantiza la formalización, por lo que el próximo gobierno deberá impulsar reformas laborales, simplificación administrativa y mejores condiciones para las pequeñas y medianas empresas.

4. Reconstruir la confianza en las instituciones

Desde 2016, el Perú ha tenido una sucesión de presidentes, vacancias, intentos de destitución, enfrentamientos entre poderes del Estado y protestas sociales que han erosionado la confianza ciudadana.

El resultado es una percepción de fragilidad institucional que afecta la gobernabilidad y limita la capacidad del Estado para ejecutar políticas públicas de largo plazo.

Quien asuma la Presidencia en julio deberá gobernar además con un Congreso fragmentado y en un escenario político donde los consensos son cada vez más difíciles de construir.

5. Combatir la corrupción

Pese a los avances en transparencia y fiscalización, la corrupción sigue apareciendo entre los principales problemas del país.

Las investigaciones que han alcanzado a expresidentes, gobernadores regionales, alcaldes y altos funcionarios han profundizado la percepción de que los recursos públicos continúan siendo vulnerables a prácticas irregulares.

La lucha contra la corrupción será una prueba permanente para la próxima administración y un factor decisivo para recuperar la credibilidad de las instituciones.

Un país que exige resultados

A diferencia de otros procesos electorales, la campaña de 2026 ha estado marcada menos por las promesas ideológicas y más por las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos. La seguridad, el empleo y la estabilidad aparecen por encima de los grandes debates doctrinarios.

Por ello, quien resulte elegido no solo recibirá la banda presidencial. Heredará también la responsabilidad de responder a una ciudadanía cansada de las crisis políticas y cada vez más exigente con sus gobernantes.

El reto será demostrar que el Perú puede volver a mirar más allá de la coyuntura y recuperar la capacidad de construir un proyecto de largo plazo.

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