La confusión no siempre es un derrumbe. Para Andrea Llosa, ese estado que en el cuerpo pesa como un vacío y en la mente se multiplica como un eco fue, inesperadamente, un punto de partida. Spring Summer 25/26 nació en un territorio movedizo donde nada estaba claro, pero todo podía transformarse. “Cuando uno está demasiado seguro, no hay espacio para otras miradas e ideas”, explica.







RUPTURA Y RENACIMIENTO
El origen es íntimo, pues deriva de una separación familiar que alteró sus ideas de hogar, amor y estabilidad. “Reorganizó mi idea de ver el mundo, las relaciones y qué es lo que nos mueve como seres humanos”, cuenta. Ese quiebre no solo alteró su vida personal, también redefinió su manera de diseñar. Llosa empezó a mirar la confusión como una especie de brújula rota que, aun fallando, señala algo verdadero. En ese proceso descubrió que la claridad absoluta nunca es tan fértil como ese intervalo de preguntas donde lo interno y lo externo se cruzan sin alinearse del todo.
EL CAOS TOMA FORMA
Su método parte de sensaciones más que de ideas concretas. “Yo no tengo clarísimo lo que haré. Pero está bien porque eso deja entrar nuevas ideas”, explica. De ahí aparecen imágenes que luego se convierten en estampados. Las escaleras infinitas para representar pensamientos que se encadenan sin descanso, un pez que se muerde la cola para ese ciclo mental que repite y repite, puntos de colores que buscan ordenar lo que se desborda. “La confusión a veces es como subir una escalera que no termina”, dice. Ese vértigo emocional se vuelve grafismo, textura y movimiento, que se vuelve como un registro de un estado mental.
En un contraste que ya reconoce como parte de su naturaleza, sus colecciones más luminosas han nacido de sus etapas más oscuras. “Es increíble. En mis estados más profundos y difíciles han salido las colecciones más alegres”. Esa claridad involuntaria se materializa más adelante en sus diseños, con colores intensos para abrir espacio, formas repetitivas para domesticar el miedo y líneas fluidas para recordar que todo lo difuso y tembloroso también puede avanzar.
Los estampados se vuelven así un diario íntimo no confesional, una forma para exorcizar temores. El color que necesitó para respirar, la forma que mejor traducía una duda, el ritmo constante de un pensamiento que insistía en volver. En Spring Summer 25/26, ese lenguaje se vuelve más visible, más preciso y más honesto.


DISEÑAR SIN ESTEREOTIPOS
Pero la colección no es solo introspección. Llosa sostiene una idea clara sobre el papel que debe cumplir la moda, el de ser un acto de conciencia. Diseñar menos, diseñar mejor y diseñar para durar. Elegir materiales con intención. Apostar por procesos locales que no romantizan lo artesanal, sino que se fortalecen en relaciones reales y sostenibles. Crear piezas que acompañen a las personas a lo largo del tiempo, lejos de la ansiedad de las tendencias. “La moda responsable es una forma de empatía”.
Esa empatía también atraviesa su mirada sobre la inclusión. Diseñar libertad significa liberar al cuerpo de las expectativas de la edad, de la talla, del estereotipo. La ropa como herramienta para que cada persona se exprese desde dentro. “Para mí, la inclusión en el diseño empieza por la libertad. Cuando usas la ropa como expresión y no como regla, sales de los estereotipos: no importa la edad, el cuerpo o lo que otros esperan de ti. La prenda tiene que nacer desde quién eres tú”, detalla.
El norte creativo de Andrea Llosa parte de diseñar como alguien que enciende una luz mínima en una habitación oscura. No para disipar la sombra por completo, sino para orientarse lo suficiente como para seguir avanzando. Y, en ese gesto, permitir que otros también encuentren un camino. (M.R)































