Esta restauración en el Parque Universitario marca un paso significativo para Prolima, que desde hace varios meses viene ejecutando una intervención integral en la antigua iglesia de San Carlos, convertida en 1924 en Panteón de los Héroes.
A diferencia de las ocho iglesias recuperadas desde el 2021 en el centro de Lima, donde el trabajo se centró principalmente en reforzar la estructura de los inmuebles y recuperar las fachadas, “aquí se ha intervenido, además, el mobiliario litúrgico y la museografía”, señala el arquitecto Juan Manuel Parra, subgerente de Planificación, Gestión, Recuperación y Salvaguarda del Patrimonio Cultural de Lima en PROLIMA – MML. Y agrega que “lo que se está buscando es reflejar mejor la historia del inmueble desde su fundación”.
Desde su construcción, en 1760, ha sufrido muchas intervenciones, de las cuales no hay registros. La última gran remodelación fue en 1924 cuando se pintó todo de gris y la iglesia pasó a convertirse en panteón para recordar a los próceres de la independencia. Lo bueno es que, el Ejército como nuevo administrador, conservó las valiosísimas piezas de madera como el retablo, el púlpito y el inspiratorio.


Noemí Jiménez, coordinadora general de conservación, señala que “ha sido como buscar una aguja en un pajar”. La razón es que no existe una relación clara de las intervenciones previas y esta restauración reveló escasas pero cruciales evidencias pictóricas ocultas bajo numerosas capas de pintura. Para eso el equipo de restauradores “durante meses eliminó con un bisturí capas de pintura látex hasta encontrar fragmentos mínimos a los cuales se les hacía un análisis químico”. Con esas evidencias se realizó un estudio de correlación y así fueron armando un rompecabezas gigantesco. En la torre del campanario se sorprendieron al descubrir un mural jesuita cargado con colores muy vistosos y por más que buscaron evidencias en el resto del conjunto no las encontraron.
La pieza estelar, sin embargo, es el retablo principal, tallado en cedro y diseñado por Jorge Lanz, un jesuita de Flandes, lo cual explica la influencia del norte de Europa en sus ornamentos: atlantes, carátides y rocallas estilo francés.

“Es un retablo muy peculiar, posiblemente el primero de su estilo en Lima”, asegura Parra quien confiesa que “personalmente siempre lo he amado”. Esta intervención les ha permitido restituir su forma original mutilada antes de 1924, y desde ese año el altar está dedicado a Nuestra Señora de la Merced, patrona del Ejército del Perú.
Este proyecto, cuya inversión asciende a 14 millones de soles, tiene una complejidad porque “buscamos encontrar un equilibrio entre todos los años de historia de la iglesia”, dice Parra.
Se recuperó la paleta original del siglo XVIII, pero se conservaron símbolos esenciales del panteón, como las imágenes de San Martín y Bolívar. La museografía, hoy en desarrollo, busca ordenar bustos, placas y medallones para representar a todos los próceres identificados, cerca de treinta, y para eso Prolima trabaja de la mano del Centro de Estudios Histórico Militares, encargado de custodiar el templo cívico.
Este inmueble recuperado forma parte del Plan Maestro del Centro Histórico de Lima que se aprobó en 2019 y ha sobrevivido a cuatro alcaldes. Para los arquitectos Parra y Jiménez, ver materializada la recuperación de espacios patrimoniales es un sueño hecho realidad. Ellos aseguran que los restauradores que trabajan en esto lo hacen “por amor al arte y a la cultura”. (Diana Zileri)













































