“Señooor, soy pecadora”, canta en tono cómico mientras exhala y se desliza sobre el sofá. Es un día de prensa, sinónimo de agotarse hablando sobre lo mismo con diferentes personas en largas jornadas. Pero lo que se cocina vale la pena. Un sold out tempranero en el Gran Teatro Nacional para el 17 de febrero hizo que abriera una segunda fecha el día siguiente. Mientras alistaba esta doble cita, publicó “Quien”, una balada salsera que habla del amor irremplazable, en la que participó como coautora y coproductora.
No me lo creo
Más allá de mostrar su nuevo rumbo musical, es un adelanto de su próximo álbum, del cual no da detalles, pero sí que “sale porque sale” y llegará con colaboraciones. “Es una salsera de Perú, si no me equivoco, fantástica, una vozarrona”, dijo recientemente la cantante argentina Nathy Peluso en una entrevista. Una señal de que la internacionalización empieza a asomarse.
Probar cosas nuevas es justamente lo que define esta nueva faceta en su vida. Desde hace unas semanas viene participando en +Qtv, proyecto de streaming de la exconductora Pía Copello. “Siempre me ha gustado hacer cosas diferentes y este es un momento idóneo de mi carrera porque me puedo permitir aún hacer lo que yo quiera en lo musical y personal. No sé si así será más adelante”, comenta. Además, dice estar conforme por cómo se desarrolla el programa y espera que la audiencia se enganche: “Me gusta que haya nacido este espacio de podcast para compartir y conversar, porque son cosas que me encantan”.


Los treinta se asoman
El tiempo no pasa en vano, y estar a unos meses de llegar a la base tres hace que se replantee muchas cosas. Está muy agradecida por estos últimos años, que cataloga como “evolutivos”, mientras repasa que las personas que van y vienen siempre dejan enseñanzas. “Anteriormente, hubiera estado aterrada por los treinta. Pero agradezco haber llegado a este punto en mi vida de la manera en la que estoy con treinta años y no tener que esperar a los cuarenta o cincuenta para decir ‘ahora sí maduré’. Lo único que no quiero permitir es dejar de vivir intensamente”, explica.
Además, tiene un gran deseo de convertirse en madre, según declaraciones recientes a un medio local. Es una idea que la acompaña desde hace años, aunque no lo siente como una obligación social o para sentirse realizada como mujer. No ha puesto fecha, pero está “aspirando a que eso suceda en algún momento”.
Pensarse mejor
La reflexión en cuestión no es gratuita, pues se ha vuelto mucho más contemplativa tras adentrarse en los tres últimos libros del psicoanalista argentino Gabriel Rolón: El duelo (2020), La felicidad (2022) y La soledad (2025).
La intérprete confiesa estar feliz en sus términos: “Soy feliz con cómo me veo y con quién soy. Soy feliz con lo que entrego y con lo que sé que todavía tengo para dar. Soy feliz con mi potencial, con eso que sé que vive en mí, en el corazón. Y cada cosa que entrego la hago con convicción, con palabra, porque sé que soy un buen ser humano. De eso se trata mi felicidad”, precisa.
Años atrás decía que una de sus metas era emigrar y potenciar su carrera musical. Hoy en día es algo que le “respira en la nuca” y que espera concretar pronto. “Me falta ese cachito de no quedarme con las ganas nunca de experiencias como conciertos, promociones y otras cosas, no sé aún qué es. Pero después de eso no tengo más que hacer aquí. Si se trata de seguir avanzando, como bien dicen las abuelas, “por mi mejoría, hasta mi casa dejaría”. Va a costar, obviamente, pero es parte de crecer”.
Si bien en algún momento llegó a sentirse algo sobrepasada por algunos fans, hoy comprende mejor su sentir. “Ya me acostumbré. Los fans no son malcriados. Ha habido momentos y situaciones donde sí me hubiese gustado tener más privacidad, pero entiendo que es parte de mi contexto”, explica Darcourt. “Me he encontrado con gente en casinos, supermercados y aeropuertos. Es bonito recibir feedbacks de personas que no te conocen y que de repente no vuelvas a ver en la vida”, añade.

Al mismo nivel
Esa misma lógica de derribar jerarquías se traslada al escenario. Para el espectáculo que ofrecerá en el Gran Teatro Nacional —con funciones el 17 y 18 de febrero— quiere alterar el juego y que sus conciertos dejen de ser algo rígidos en formato. “Quiero romper el esquema del ‘Daniela hace salsa’ y jugar con el público. Sacar sonrisas, sacar lágrimas. Que no se sienta que el artista está arriba y el público abajo, sino todos en un mismo nivel”, explica. La intención detrás de esta decisión es que la energía circule y que el concierto funcione como un espacio compartido y no como una vitrina.
El impulso por experimentar no se limita a lo musical. En paralelo, Darcourt enumera una lista de pendientes personales que va desde deportes extremos hasta nadar en mar abierto. “Durante mucho tiempo hubo prejuicios: ‘Tú no puedes, tú no deberías’. Hoy ya no me interesa. Quiero hacerlo y ya”. Una forma más de insistir en ese deseo de hacer, simplemente, lo que le gusta.
En el plano creativo, la apertura es igual de amplia. “Con quien venga, sea de la vieja o de la nueva escuela, mientras haya respeto por mi trabajo y por mi historia, vamos. Así sea para grabar coros”, asegura. La prioridad sigue siendo la música, aunque el mapa ya no sea lineal ni predecible. De hecho, confirma que un nuevo álbum está en camino, aunque sin fechas ni promesas rígidas. “Sale porque sale”, resume, fiel a una filosofía que ha distinguido su trabajo frente al de otros artistas.
Tal vez por eso, cuando se le pide titular esta entrevista, no duda demasiado. “Una entrevista diferente”, dice. Y sonríe. Como su concierto. Como este momento de su vida. Daniela Darcourt está lejos de agotarse. (Marce Rosales)











