El petróleo volvió a quedar atrapado por la geopolítica. La guerra entre Estados Unidos e Irán amenaza una de las principales rutas mundiales de hidrocarburos, mientras el conflicto entre Rusia y Ucrania golpea refinerías e infraestructura energética. Menor oferta, mayores riesgos y costos logísticos elevan el precio del crudo y terminan trasladándose a los mercados.
La cuenta empieza lejos de los grifos. En Medio Oriente, el conflicto entre Estados Unidos e Irán puso nuevamente bajo presión al estrecho de Ormuz, una de las rutas decisivas del comercio mundial de hidrocarburos. Por allí transita entre 20% y 25% del petróleo producido en el planeta, según explica el exministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi.
El efecto inmediato es el encarecimiento del crudo. Antes de los conflictos, el barril se movía alrededor de los US$ 60. Hoy bordea los US$ 100. A la escasez se suma el costo de transportar el petróleo por rutas más largas. Los buques que no pueden atravesar Ormuz deben bordear África, con más días de navegación, mayores fletes y seguros más caros.
La guerra entre Rusia y Ucrania también ha afectado refinerías e infraestructura energética. Herrera Descalzi sostiene que entre 40% y 45% de la capacidad de refinación rusa llegó a quedar fuera de servicio por ataques ucranianos. El daño reduce la disponibilidad de derivados y eleva los márgenes de refinación.
“En el Perú recibimos el doble golpe: el golpe del crudo y el golpe de las refinerías”, explica el exministro. Esa diferencia resulta clave para entender por qué la gasolina y el diésel pueden subir incluso más que la cotización internacional del petróleo.
El Perú está expuesto porque consume mucho más petróleo del que produce. Según Herrera Descalzi, la demanda puede ubicarse alrededor de 260 mil barriles diarios y alcanzar incluso los 300 mil en determinados periodos, mientras la producción nacional bordea los 100 mil.
Las refinerías peruanas tampoco cubren todo el consumo: su capacidad de procesamiento ronda los 160 mil barriles diarios. Debe complementar su abastecimiento con importaciones.
Ecuador y Colombia pueden resultar alternativas por la cercanía. Pero el mercado internacional no espera al Perú. Si China, Corea del Sur o Japón pierden parte del petróleo que reciben de Medio Oriente, buscarán otras fuentes. El barril cercano puede terminar costando más al competir con economías de mayor capacidad de pago.
PERÚ DEPENDIENTE
Así funciona el mercado petrolero: una interrupción en un punto puede alterar los precios en otro. Si los operadores creen que la guerra continuará o se agravará, incorporan ese riesgo al precio de hoy.
El impacto termina trasladándose al mercado interno. Durante 2026, los precios de los combustibles han mostrado fuertes movimientos. En marzo, el INEI registró un incremento de 32,98% en el diésel y de 32,42% en gasohol y gasolina. En abril, el diésel volvió a subir 14,73%. Hubo luego una corrección, pero la presión reapareció con el nuevo salto internacional del petróleo.
El Banco Central de Reserva también ha advertido que, en determinados periodos, los precios internos de los combustibles aumentaron muy por encima del crudo. Refinación, importación, transporte, almacenamiento, impuestos y comercialización completan la cadena. Hay otro factor. El precio en el grifo no siempre baja al mismo ritmo que el internacional.
Herrera Descalzi explica que los establecimientos manejan inventarios comprados a distintos precios. Cuando el petróleo sube, el precio de reposición puede trasladarse rápidamente al consumidor.
El precio de los combustibles se ha alejado de los niveles de julio. En Lima, el gasohol regular pasó de un mínimo de S/ 16.85 a S/ 20.49 por galón, mientras el premium subió de S/ 17.95 a S/ 21.29 y el diésel B5 de S/ 20.40 a S/ 23.45. El encarecimiento refleja el impacto de las tensiones internacionales sobre el mercado petrolero.
CUENTA FINAL
El Gobierno ha respondido con medidas temporales para amortiguar el impacto. Entre ellas, figura un subsidio de S/ 4 por galón de diésel B5 y B20 para determinados transportistas formales. En la Amazonía también se estableció un apoyo para mototaxistas. La vulnerabilidad tiene una dimensión energética de largo plazo.
Para Herrera Descalzi, el problema es que el Perú suele reaccionar cuando la crisis ya está encima, pese a que la energía exige planificación con años de anticipación. Una transición hacia vehículos eléctricos podría reducir la exposición al precio del petróleo. La discusión no termina en cuánto cuesta llenar un tanque.
Detrás están Ormuz, las refinerías rusas, los buques que rodean África, los seguros, los fletes y la competencia por cada barril. El conductor ve el precio en el grifo. La factura se escribe mucho antes y a miles de kilómetros del Perú. (Edgar Mandujano)


