Elisa Tokeshi empezó a escribir Borderline sagrada cuando acababa de dejar el alcohol y las drogas. No sabía todavía si estaba construyendo una novela o simplemente tratando de ordenar el ruido. Primero salieron 350 páginas desbordadas, casi imposibles de leer.
Después vino la forma. “Ese manuscrito era como un bloque de mármol”, dice. La escritura fue catártica. La novela sigue a Julieta, una joven con TLP, adicciones y una manera intensa de habitar el mundo. Pero Tokeshi no la presenta como una postal atractiva del desastre. “Hay una diferencia muy grande entre romantizar el TLP y demostrar que se puede vivir con TLP”, afirma.
En su libro, el dolor es una materia difícil, incómoda, a veces feroz. Cantante, pintora y ahora novelista, Tokeshi habla de su obra como un universo en expansión. Prepara un disco con el mismo nombre del libro y quiere sumar una dimensión visual. “El disco y la novela son como mellizos. Quiero un trillizo”, cuenta. Hay algo de reparación en esa insistencia por crear. No como fuga, sino como rumbo.
