La madrugada de la intervención policial, el pasado 18 de mayo, varios integrantes de la banda intentaron escapar lanzándose desde los techos de las viviendas allanadas en El Agustino. Uno de ellos terminó herido tras caer desde un tercer piso, mientras que otra detenida quedó bajo custodia en un hospital.
Los agentes irrumpieron en inmuebles que, desde el exterior, parecían viviendas comunes de cualquier barrio popular. Adentro encontraron ambientes utilizados como centros de cautiverio, colchones tirados en el piso, celulares, droga y objetos empleados para grabar pruebas de vida enviadas a las familias de los secuestrados. Algunos de los intervenidos aún vestían ropa de trabajo. Otros aseguraban ser barberos, mototaxistas o vendedores ambulantes.
La Policía sostiene que esa fachada de vida cotidiana les permitió ocultar durante meses una estructura dedicada al secuestro extorsivo. Las investigaciones policiales revelan que la banda habría cometido al menos cinco secuestros en apenas seis días. Entre las víctimas figuran un ingeniero electrónico, un mecánico automotor y presuntos mineros ilegales.
“Los torturaban, les mutilaban los dedos, cobraban parte del rescate, pero la suerte de las víctimas ya estaba echada y era la muerte”, relató uno de los agentes durante la reconstrucción del caso.
El 14 de mayo se convirtió en una fecha clave para los investigadores. Ese día, cerca de las cinco de la tarde, un mecánico automotor fue interceptado mientras conducía por San Martín de Porres. Los secuestradores lo arrastraron hacia un vehículo y luego lo trasladaron a un inmueble acondicionado como centro de cautiverio. La familia logró reunir 13 000 soles, aunque los delincuentes exigían 80 000 para liberarlo.


MUJERES CLAVE Y CASAS TOMADAS
Uno de los elementos que más llamaron la atención de los investigadores fue el rol protagónico de las mujeres dentro de la organización criminal. “Estas personas son seleccionadas por las mismas mujeres que realizan algún servicio de carácter sexual”, explicó el general PNP Óscar Arriola. “Ahí son privadas de su libertad y mantenidas en cautiverio”, añadió.
La Policía sostiene que las jóvenes actuaban como captadoras, enlaces logísticos y vigilantes dentro de las casas de cautiverio. Eran ellas quienes recibían a las víctimas en el primer piso de los inmuebles y las conducían hacia los ambientes donde permanecían retenidas durante días. Entre todas, “La Cortadedos” se convirtió en la figura más temida. “Una de las detenidas era la encargada primero de cortar los dedos a las personas secuestradas”, declaró el general PNP Víctor Revoredo.
Según las investigaciones, las mutilaciones eran grabadas y enviadas a las familias para presionar el pago de los rescates. Los delincuentes exigían cifras que oscilaban entre 100 000 y 300 000 soles. Solo en los últimos secuestros habrían logrado recaudar cerca de 350 000 soles.
Las intervenciones simultáneas se realizaron en El Agustino, Santa Anita y Huarmey como parte del Plan Nacional de Seguridad Ciudadana y Lucha contra la Criminalidad 2026-2028.
Fue en El Agustino donde la Policía encontró dos inmuebles utilizados como centros de cautiverio. Colchones en el piso, habitaciones cerradas, restos de sangre y objetos utilizados para grabar pruebas de vida formaban parte de la escena hallada por los agentes. “Se han ubicado los lugares de cautiverio. Los peritos han podido objetivizar las evidencias”, afirmó Revoredo durante la conferencia policial.
Durante los allanamientos fueron detenidas once personas y retenida una menor de edad. También se incautó un arma de fuego, vehículos menores, droga, celulares y un POS utilizado presuntamente para mover dinero de extorsiones. Tres de los intervenidos intentaron escapar lanzándose desde el tercer piso de uno de los inmuebles. “Son totalmente avezados”, señaló un investigador. “No muestran ningún signo de arrepentimiento”, agregó.
TOCORÓN Y LA RUTA DEL DINERO
Las autoridades sospechan que varios integrantes de la banda tienen vínculos directos con la fuga masiva del penal venezolano de Tocorón ocurrida en septiembre de 2023. “Son venezolanos provenientes de las canteras del penal de Tocorón, de ‘Niño Guerrero’”, afirmó Revoredo. La Policía investiga si algunos participaron directamente en aquella fuga que permitió escapar a cientos de miembros del “Tren de Aragua” antes de la intervención militar venezolana.
Tocorón no era una cárcel cualquiera. Bajo el dominio de “Niño Guerrero” se convirtió en el centro de operaciones de la organización criminal más poderosa de Venezuela. Desde allí se expandieron redes de extorsión, trata de personas, secuestro, sicariato y narcotráfico hacia países como Perú, Chile, Colombia y Ecuador. Ahora las autoridades peruanas creen que varias de esas células operan camufladas en barrios populares de Lima y provincias.
Las investigaciones sostienen que el dinero producto de los secuestros era enviado progresivamente hacia Venezuela. “El monto recaudado por esta banda proveniente del ‘Tren de Aragua’ alcanza aproximadamente 350 000 soles”, detalló Revoredo. Parte de esos recursos habría sido transferido mediante cuentas bancarias, aplicativos móviles y operadores informales para financiar operaciones de la organización criminal.
La captura de alias “La China” en Huarmey abrió otra línea de investigación. Según la Policía, ella sería una de las encargadas de recibir y mover dinero proveniente de extorsiones y secuestros.
Las autoridades sospechan que Huarmey se habría convertido en un nuevo punto estratégico para el movimiento de dinero y logística criminal. Secuestro, tortura y mutilación pueden llevar a los integrantes del “Tren de Aragua” a enfrentar condenas de hasta cadena perpetua. (Edgar Mandujano)







