Vladimir Cerrón, candidato clandestino de Perú Libre a la presidencia, sostiene en reiteradas ocasiones que su partido representa a una “izquierda popular”. No es el único en la izquierda que razona de manera similar, porque hasta conspicuos sociológicos y académicos sostienen lo mismo. Matos Mar, palabras más y palabras menos, creía que su seminal estudio sobre el mundo popular serviría para el “socialismo en el Perú”.
La izquierda ha procurado para sí dos temas. La primera, como arriba sostengo, es asociar lo popular necesariamente a sus intereses. Lo segundo es aún peor porque se guardan para sí el nominalismo ético de decir quién es bueno y quién malo.
No vamos a entrar a discutir en lo último, sino en lo primero.
Considerar que el mundo popular es de izquierda por el solo hecho de ser “popular” es un yerro máximo que al final termina extinguiendo sus objetivos estratégicos. Así como se considera que el pueblo es también un sujeto de izquierda, creer que el mundo popular es de izquierda es el “ello objetivado”; un wishful thinking que amerita cierto diseccionado.
Cuando se habla del mundo popular se refiere sobre todo a ese mundo de gente común a diferencia de las élites de los sectores económicos pudientes. El mundo popular se piensa en contra de un mundo no popular social y económico. La visión marxista de que el mundo popular corresponde a la izquierda se basa en el maniqueísmo de suponer que también hay una lucha de clases entre lo popular y lo no popular, entre pobres y ricos, entre buenos y malos.
Esa visión simplista de lo popular entonces difiere con la realidad porque hay socialismo en cualquier lado del mundo menos en los sectores populares, menos en un país tan particular como el Perú. Lo que existe, y todo indica, es que en el Perú lo popular tiene un marcado conservadurismo social relacionado a la familia, el mercado y las tradiciones. Digámoslo así: el mundo popular es conservador.
Pero Vladimir Cerrón y buena parte de la izquierda pretenden contarnos el cuento de que hay un sujeto revolucionario llamado pueblo o mundo popular que se sitúa a la izquierda cuando es todo lo contrario. Miren Puno, Huancayo, Cusco o Apurímac para saber que si hay capitalismo salvaje es sin duda en esos lugares.
Miren también las Limas de los mal llamados conos donde bulle y florece el mercado en unión con la familia y las tradiciones.
Ha llegado el momento de separar la paja del trigo. La zurda hace un análisis con anteojeras ideológicas que le ha hecho perder el norte y la interpretación de ese mundo popular que reclama pero que se le aleja apenas habla de socialización. En Villa El Salvador triunfó la izquierda en la década de 1980 no por ser izquierda, sino porque la gente quería propiedad privada en las invasiones.
Escribe: IVÁN ARENAS
















