Escribe: Rubén Quiroz Ávila.
La puesta en escena de Beaumarchais en la versión de Gamarra prácticamente no difiere de sus anteriores escenificaciones de Molière, a pesar de que las diferencias no son solo temporales, sino fundamentalmente de objetivos dramatúrgicos. Incluso parece una misma serie, con capítulos escalables que han cedido al espectáculo más ligero antes que a la confirmación de la variedad portentosa del gran teatro francés.
El clasicismo moliereano asume el orden establecido y su margen de cuestionamiento es controlado por la ironía doméstica; incluso son los poderosos quienes participan como vigilantes de la justicia y del equilibrio moral.
Sin embargo, la capacidad corrosiva hacia las clases sociales —en particular ante las arbitrariedades de los privilegiados— es expuesta y cuestionada incisivamente por el texto de Beaumarchais: todo un peligro por su ataque ideológico a la monarquía y a la aristocracia desalmada que sostenían las asimetrías de convivencia que, apenas años después, van a estallar con la Revolución francesa.

Pero el director peruano decide desactivar la profunda crítica social y la evidente insolencia en ciernes ante la inminencia de un estallido de dimensiones transformadoras.
El potencial mordaz es aplastado por un enfoque de comedia ligera descafeinada, en la que la sátira y el brillante sarcasmo se muestran con superficialidad y con la levedad de la gracia despolitizada.
Desaparecen las denuncias y la voz crítica de Fígaro para extraviarse como un personaje chistoso y de toques ocurrentes, cuando es justamente la característica decisiva en la propuesta del aventurero y polígrafo autor francés.
Fígaro pierde su filo político en una puesta que privilegia el humor y el despliegue escénico.
Tal vez sea que el elenco está demasiado mimetizado y acostumbrado a sus mismos gestos y gags, los cuales repiten incluso hasta en el tono y el movimiento corporal al desplazarse. No hay distancia ni autorreflexión suficiente para que se entienda que son modelos diferentes, tanto de exigencia dramática como de psicología de personajes distintos.
De este modo, la continuidad de las puestas bajo la dirección de Gamarra se convierte en una reiteración de lo obvio y confunde dos registros cronológicos y concepciones teatrales distintas, lo que detiene su interesante y necesario aporte reciente.
Por eso, algunas escenas parecen no estar en sintonía con el tópico que desarma el poder invisible y, tal como está colocado en la sala limeña, optan por el espectáculo en el que la destreza personal —como el canto de Grazia— se sitúa por encima de la tesis de un teatro perturbador y revoltoso como lo concibió Beaumarchais.
Detrás del telón
- Texto: Pierre-Augustin de Beaumarchais.
- Dirección: Jean Pierre Gamarra.
- Elenco: Fernando Luque, María Grazia Gamarra, Óscar Yépez, Amaranta Kun, Alonso Cano, Denise Arregui, Alejandro Tagle y Martín Aliaga.
- Lugar: Teatro de la Alianza Francesa de Lima, Miraflores.













