ALCANZAR la pasarela más cotizada del planeta jamás se logra por mero azar o por simple simpatía ante el lente. Antes de que las luces se enciendan y la música retumbe ante millones de espectadores, existe un filtro silencioso e implacable donde cada silueta, cada pisada y cada rasgo se examinan al milímetro. En ese escenario de altísima exigencia, cuatro figuras habituales de nuestras portadas y redes sociales —Natalie Vértiz, Alexandra Morillo, Luciana Fuster y Alessia Rovegno— decidieron cruzar la línea de confort y medirse en el proceso presencial para el emblemático Victoria’s Secret Fashion Show 2026. Cuatro trayectorias distintas, cuatro apuestas con un mismo horizonte y un veredicto implacable que, por esta temporada, dejó el pasaporte peruano fuera de la nómina oficial.



El despliegue no fue menor. La convocatoria de la firma estadounidense discurrió entre audiciones privadas y evaluaciones minuciosas en ciudades clave como Miami, Houston y Nueva York, donde la belleza convencional es apenas el punto de partida. A diferencia de las reglas rígidas que estructuran los certámenes tradicionales, el criterio del gigante de la lencería responde a un engranaje mucho más complejo. Se busca una combinación magnética de fotogenia contemporánea, versatilidad editorial, una estatura estándar bordeando los 1,75 metros y las clásicas proporciones de pasarela, todo enmarcado en un aura de frescura y aplomo escénico.
BITÁCORA ÍNTIMA
Acostumbradas a la inediatez de la era digital, las cuatro aspirantes convirtieron sus plataformas en una elegante bitácora en tiempo real. Fragmentos de los ensayos previos en los sets de Miami y Nueva York, estilismos cuidados al mínimo detalle y la ineludible tensión antes del walk through poblaron las redes, permitiendo al público local asomarse al hermético mundo del modelaje internacional. Esa cercanía alimentó la ilusión colectiva de ver, por primera vez, una representante nacional luciendo las célebres plumas sobre la pasarela más mediática del planeta.
Sin embargo, en el universo del haute couture y la publicidad global, las interacciones en redes y la popularidad local no garantizan un lugar en el lineup final. Entrar en la lista corta de preseleccionadas tras recorrer los escenarios de Houston o la Gran Manzana es un mérito indiscutible, pero franquear el último filtro requiere la venia absoluta de un jurado técnico impredecible y sumamente riguroso.
CUATRO APUESTAS
Cada una de nuestras representantes llegó a la cita norteamericana con un equipaje distinto y argumentos propios para hacerse notar: Natalie Vértiz aportó la solvencia de quien domina la televisión y la estética publicitaria nacional desde hace más de una década. Habitual de los eventos y alfombras rojas de mayor distinción internacional, la ex Miss Perú asumió el desafío en las audiciones de Miami ante una mesa examinadora que contó incluso con figuras como Gigi Hadid, completamente ajena al confort de los sets locales. Luciana Fuster, tras coronarse en el Miss Grand International 2023, buscó dar el salto definitivo desde la disciplina de las pasarelas asiáticas hacia el exigente mercado estadounidense.
Para Fuster, la audición presencial representaba el reto de despojarse de la corona de reina de belleza para adoptar la actitud desenfadada que exige el lenguaje visual de la marca. Por su parte, Alexandra Morillo exhibió un perfil pulido en el ámbito del modelaje en Estados Unidos, mostrando a sus seguidores la intensidad de las jornadas en Miami y Houston donde cientos de candidatas de todo el mundo compitieron por apenas un puñado de plazas. Alessia Rovegno completó la delegación en la convocatoria de Nueva York con su marcada impronta editorial. Su presencia reafirmó la ambición de una generación de modelos peruanas que ya no se conforma con el circuito local y busca proyectar su imagen en las verdaderas ligas mayores.
LA PARADOJA DEL FANDOM
Desde España, el booker de modelos y coach de pasarela Roberto Otoya aporta a Ellos&Ellas la clave técnica para descifrar este desenlace. Lejos de faltarles preparación, Otoya ensaya una hipótesis contundente: el exceso de exposición mediática pudo jugarles en contra. «Pienso que les ha sobrado el hecho de ser personas tan mediáticas; es un arma de doble filo. Tener un fandom tan fuerte presionando en redes no siempre gusta a la marca, pues puede interpretarse como una preferencia hacia influencers por encima de las modelos de carrera», explica el especialista.

para el Victoria’s Secret Fashion Show 2026.
En esta primera convocatoria abierta (open call), la firma priorizó el descubrimiento de rostros desconocidos, diversidad étnica y biotipos fit muy trabajados para lencería, desmarcándose del ruido digital. «Aun así, la distancia se acorta. Como ocurrió en su momento con Juana Burga en castings a puerta cerrada en Nueva York, tener hoy a cuatro peruanas compitiendo en la élite global confirma que la pasarela internacional ya las tiene en el radar», concluye Otoya.
VEREDICTO FINAL
Aunque la nómina definitiva no incluyó nombres peruanos esta vez, el solo hecho de rasgar el velo de esas salas de audición sitúa nuevamente al talento nacional en la conversación de los grandes directores de casting. La experiencia deja un precedente valioso y la certeza de que la distancia entre Lima y las pasarelas neoyorquinas es cada vez más corta. Las alas no volaron hacia nuestra capital esta temporada, pero la pasarela global ya ha tomado nota. La pregunta que queda flotando en los salones de la alta sociedad limeña no es si el Perú volverá a tocar esas puertas, sino cuál de ellas será la primera en cruzar el umbral definitivo.









