DURANTE el descanso nocturno, el cuerpo puede despertar antes que la voluntad. Los ojos se abren y la habitación resulta familiar, pero los brazos no responden y la voz se ahoga en la garganta. La parálisis del sueño convierte unos segundos entre la vigilia y la noche en un escenario de terror. La experiencia ocurre en la frontera del descanso. Durante la fase REM (movimiento ocular rápido), el cerebro produce los sueños más intensos mientras desconecta temporalmente el tono muscular para evitar que ejecutemos físicamente lo que soñamos. Cuando una persona recupera la conciencia antes de que el cuerpo recupere la movilidad, surge la parálisis: un estado de inmovilidad donde la mente está lúcida pero atrapada. Durante siglos, diversas culturas interpretaron esta angustiante inmovilidad con explicaciones mitológicas o sobrenaturales. Hoy la ciencia demuestra que se trata de un fenómeno transitorio de la arquitectura del sueño, aunque la vivencia conserva un impacto psicológico abrumador para quien la padece por primera vez.
Suscríbase al contenido
Esto es material premium. Suscríbete para leer el artículo completo.