Las alianzas en el Perú podrían jugar un rol crucial en las elecciones de 2026. Con más de 40 posibles candidatos, la dispersión del voto y la repetición de 2021 son amenazas latentes.
Mientras la derecha enfrenta una fragmentación evidente con figuras como Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori, Philip Butters y Carlos Álvarez compitiendo más o menos por el mismo electorado, una alternativa de centro podría consolidarse como una opción para el sector del electorado que se resiste a una derecha ultraconservadora y hasta autoritaria. Y para esa derecha, ese bloque de centro sería la representación de la “caviarada” que hoy es rechazada por medios y redes, aunque en muchos casos su definición sea un confuso barril sin fondo.
En este contexto, Alfonso López Chau (74), rector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), ha comenzado a delinear una estrategia política enfocada en la construcción de una alianza de centro. Su objetivo es consolidar un bloque que incluya desde sectores de centroizquierda –como Nuevo Perú, Primero la Gente y su propio partido Ahora Nación– hasta expresiones liberales de derecha, como Libertad Popular, el partido de Rafael Belaúnde Llosa y Pedro Cateriano.


“No se trata de hacer alianzas en función de la correlación de fuerzas partidarias, sino sobre la base de un programa común”, subraya López Chau, quien se define como un socialista liberal, una postura que, según explica, toma del liberalismo la defensa de los derechos individuales y la propiedad, y del socialismo, la justicia social y la ética.
Su mente ingenieril lo lleva a imaginarse un país con tres grandes partidos: uno de centroizquierda, otro de centro y uno de centroderecha, cada uno con principios claros, democracia interna y una visión de largo plazo. “El Perú no puede seguir funcionando como un sistema multipartidista de-sordenado, donde la fragmentación y el transfuguismo debilitan cualquier intento de gobierno estable”, señala.
López Chau es crítico de la falta de cohesión en la política peruana y pone como referencia el caso de Uruguay, donde los expresidentes José Mujica y Julio María Sanguinetti, provenientes de espectros políticos distintos, han sido reconocidos por sus respectivos congresos. “Si ellos pudieron construir consensos en beneficio del país, ¿por qué el Perú no?”, se pregunta.
Desde su perspectiva, ni la derecha ni la izquierda han logrado consolidar un modelo que equilibre justicia social y desarrollo económico. “El mundo sigue buscando ese equilibrio”, reflexiona. Para lograrlo, propone un modelo de industrialización descentralizada, con zonas económicas especiales y el fortalecimiento de la educación técnica y científica.
La gran pregunta es si sectores tradicionalmente alejados en lo ideológico pueden sentarse en la misma mesa. López Chau y Belaúnde Llosa han expresado respeto mutuo, lo que sugiere que una confluencia programática es posible. Sin embargo, la presencia de movimientos como Nuevo Perú, de Verónika Mendoza, añade un desafío adicional, dado su apoyo inicial al gobierno de Pedro Castillo.
LIBERTAD POPULAR Y SU ROL EN LA COALICIÓN
En conversación con CARETAS, Pedro Cateriano ha reafirmado la importancia de un enfoque programático en la construcción de Libertad Popular: “No buscamos alianzas solo por estrategia electoral, sino basadas en principios y acuerdos claros”. Para ello, el partido viene cerrando acuerdos con movimientos regionales, como Agua de Ayacucho, con el objetivo de abordar temas urgentes como el acceso al agua potable.
Frente a la posibilidad de integrar un bloque de centro, Cateriano ha sido enfático en que su partido defiende la libertad en todas sus dimensiones: política, económica y social. Rechazan el monopolio y el estatismo, pero también evitan caer en posturas ultraconservadoras. “El aborto es un tema de conciencia y la unión civil es una solución pragmática que debe avanzar sin necesidad de una reforma constitucional”, señala.
Sin embargo, Cateriano advierte que la construcción de alianzas debe ser meticulosa: “Hay sumas que restan y malas compañías que pueden desnaturalizar un proyecto político”. Su preocupación radica en evitar pactos que terminen vaciando de contenido el partido.


¿UN PUENTE ENTRE LIBERALES Y PROGRESISTAS?
Uno de los puntos que podrían acercar a López Chau y Libertad Popular es su visión sobre la inversión privada. Durante la entrevista, López Chau se definió como mucho más proinversión de lo que comúnmente se piensa, una postura que lo acerca a los liberales. En su modelo de desarrollo, el Estado debe facilitar la inversión sin caer en el asistencialismo, asegurando condiciones para que el mercado funcione de manera eficiente.
Por su parte, Cateriano enfatiza que la política debe dejar de ser un campo de batalla ideológico sin propuestas concretas: “Necesitamos debates sobre propuestas reales, como la falta de agua potable para 3.5 millones de peruanos o la modernización del Estado con herramientas digitales”. Tanto él como López Chau coinciden en la necesidad de alejarse de la polarización y priorizar soluciones pragmáticas.
¿EL CONTRAPESO A UNA DERECHA FRAGMENTADA?
Mientras la derecha peruana sigue dividida en distintas facciones, desde el conservadurismo de López Aliaga hasta el populismo de Carlos Álvarez, la alianza de centro impulsada por López Chau podría presentarse como una alternativa potable para un sector del electorado. Si logra sumar a sectores liberales como Libertad Popular, podría consolidar una opción viable frente al electorado que rechaza tanto los extremos de derecha como los de izquierda.
El gran reto será superar las barreras ideológicas y construir un programa de gobierno con acuerdos mínimos, algo que en el Perú pocas veces se ha logrado con éxito. En el recuerdo persisten experiencias frustradas como la del Fredemo, que Cateriano recuerda bien, y otras más recientes como la del APRA y el PPC. Sin embargo, si esta confluencia prospera, el 2026 podría marcar un punto de inflexión en la política peruana, con un bloque de centro que contrarreste la fragmentación de la derecha y la radicalización de la izquierda.














