Lorena Blume, cantautora independiente con casi diez años de carrera, camina por la escena como si en cada paso reventara una caja de fósforos. Y en su nuevo disco, el fuego MISMO es el mensaje. Titulado Dinamita, su tercer álbum es una explosión emocional, donde la cantautora lima su voz hasta el hueso para incendiar los restos de lo que ya no sirve.
A diferencia de sus trabajos anteriores, donde la guitarra y lo introspectivo dominaban el paisaje, este nuevo ciclo se abre a otros climas como la cumbia, rock, pop e incluso afrobeats. No hay un solo género que lo defina, pero la constante es la voluntad de transformarse. "Tiene que ver con mutar, con permitirse cambiar", dice Blume. Y no es un cambio superficial, sino estético, sonoro y vital.
Parte del disco fue escrito entre Lima y Ciudad de México, donde la artista vivió un año. En ese período ocurrieron rupturas, migraciones, replanteos. La ciudad le ofreció conexiones y oportunidades, pero también la experiencia de sentirse extraña. "Tenía que volver para cerrar el disco, y también porque ya nada me hacía volver a México", recuerda. Desde su regreso, el proceso ha sido agotador entre grabaciones, videoclips, decisiones drásticas como raparse por completo como parte del concepto del álbum. "Me sentí liberada. Quitarme el pelo era cerrar y decir: esto es Dinamita".
Además, se alejó momentáneamente de las presentaciones grandes para mantenerse enfocada en terminar el material. Sin embargo, se hizo un espacio en noviembre cuando tuvo la oportunidad de abrir el concierto de la artista noruega AURORA.


En escena, Lorena Blume mezcla formatos. Toca con banda o sola, con loopera, guitarra o secuencias, según la canción lo pida. No es por falta de medios, es por libertad. "Me gusta que cada canción tenga una movida distinta. No estar amarrada a un solo instrumento". Esa autonomía también se refleja en la narrativa de Dinamita, donde habla de rupturas amorosas, sí, pero también de tensiones internas, de la intensidad, la fragilidad, el deseo, el drama, la fuerza.
"Habla de cosas que internamente me rompen y me cuestiono de mí misma". El 17 de julio, presentará el disco con un concierto en Lima. La acompañarán Greccia y Rossy War, en un gesto de cruces generacionales y sonoros. La presencia de la segunda, ícono de la cumbia popular, no es un accidente. "Siento que lo popular y lo independiente a veces se pierden de escucharse mutuamente. Me emociona que se crucen esos mundos".
Entonces, Dinamita se perfila más bien como un ritual. Una puesta en escena que busca detonar desde adentro. Blume sabe bien que no se trata de volver a lo de antes ni de quedarse donde está. Se trata de estallar, para seguir. "Cada canción es una mecha encendida", se lee en la publicidad de su show. Y no es una promesa, sino un aviso.



