Dina Boluarte, dueña de un récord histórico de impopularidad, cayó en lo que pareció de un momento a otro. Pero fue su reemplazo, el joven parlamentario José Jerí de 38 años, quien terminó encendiendo una mecha aún más intensa en las calles.
La paradoja es evidente: sacaron a Boluarte y la protesta se fortaleció. Al comenzar el jueves 16 se confirmó la muerte de Eduardo Ruiz Sáenz (32) por herida de bala. Los disturbios habían dejado al menos 102 policías y civiles heridos, además de 10 detenidos. La violencia volvió a tomar el centro de Lima. Resultaba difícil de creer que el Congreso de la Lengua que se realizaba por fin en Arequipa con la presencia del rey de España viera sus actividades interrumpidas por las manifestaciones, luego que Mario Vargas Llosa gestionara su celebración para 2023 y se tomara la decisión de celebrarlo en Cádiz tras las protestas desatadas luego del frustrado golpe de Pedro Castillo.
Consolidando su estilo, la noche de las protestas Jerí caminó hasta el Congreso para constatar el estado de los policías heridos.
El Congreso creyó haber aprendido de 2020. En aquel entonces, la vacancia de Martín Vizcarra provocó gigantescas manifestaciones contra un presidente –Manuel Merino– que duró menos que la indignación. Esta vez, el cálculo fue distinto: Boluarte era universalmente rechazada en las encuestas y por tanto —pensaron— su salida no encendería las calles.
El error fue de diagnóstico: no entendieron que la desconfianza ya no era contra Boluarte, sino contra el Congreso mismo.
Así, el país volvió, al menos por unas horas, a punto de ebullición.




UN PRESIDENTE HECHO EN EL CONGRESO
Desde su primera noche en Palacio, Jerí entendió que debía construir una narrativa propia. Cambió el terno de parlamentario por la camisa blanca arremangada, estilo Bukele. Se le vio tomando una gaseosa de madrugada en los alrededores de Palacio, encabezando “operativos” nocturnos en cárceles, citando a alcaldes y gobernadores para hablar de seguridad ciudadana.
El día anterior se dirigió a los delincuentes frente a cámaras: “Pórtense bien, sino vamos a cambiar todo lo que se pueda cambiar en los penales, es una advertencia”.
Jerí sabe que la preocupación dominante del país es la inseguridad, la misma que detonó la caída de Boluarte tras la balacera en el concierto de Agua Marina la noche del 8 de octubre.
La tragedia fue el punto de quiebre: el símbolo del desborde de la delincuencia y la pasividad del Estado. Antes de que comenzaran las protestas, Jerí quiso presentar a su gabinete completo para proyectar autoridad. Pero el proceso se convirtió en un laberinto.
Por cinco días, Palacio fue un desfile de tanteos y negativas. Entre los consultados para la Presidencia del Consejo de Ministros estuvieron Ricardo Márquez, Jesús Salazar Nishi y Felipe Cantuarias, todos hombres de gremios empresariales. La intención era clara: armar un gabinete técnico y proinversión.
Pero ninguno aceptó. Cantuarias fue el último en declinar. Con pocas opciones, Jerí recurrió a Ernesto Álvarez Miranda, expresidente del Tribunal Constitucional y miembro del Partido Popular Cristiano. La designación fue recibida con sorpresa: Álvarez es respetado por la derecha y rechazado por la izquierda, símbolo de un orden conservador que genera desconfianza.
Integró la comisión de juristas que asesoró a Boluarte y es recordado por su estilo severo en redes sociales, donde dispara sin matices. La ironía no pasó desapercibida: el mismo día que fue convocado por Jerí, Álvarez publicó una columna en el diario Expreso donde afirmaba que “el mayor problema sigue siendo la montonera que lleva al sillón de Pizarro a cualquiera”.
Ese “cualquiera” era José Jerí.


LOS VETOS INVISIBLES
Durante el cubileteo ministerial se reveló parte de la anatomía del poder que rodea a Jerí. Varios nombres fueron vetados por los socios parlamentarios que sostuvieron su ascenso. Según fuentes cercanas al entorno presidencial, el congresista Édgar Reymundo (Cambio Democrático) y José Vega Antonio (UPP) bloquearon candidaturas.
El propio Phillip Butters denunció que Wilber Medina fue vetado del Ministerio de Justicia por José Luna Gálvez de Podemos Perú. Como premio consuelo le dieron al jurista una plaza de asesor. A ello se suma la influencia de Patricia Li, presidenta de Somos Perú, y del abogado Luis Alfonso Morey, figura recurrente en los círculos políticos limeños.

Finalmente, el gabinete de Jerí está lleno de tecnócratas reciclados del aparato estatal, lo que no es malo. En el MEF, Denisse Miralles, exviceministra de Economía, representa continuidad directa del equipo de José Salardi. En Educación, Jorge Figueroa Guzmán llega tras haber sido asesor del despacho ministerial.
En Relaciones Exteriores, Hugo de Zela regresa con su experimentada hoja de servicio diplomático, y en Comercio Exterior, Teresa Mera Gómez vuelve desde la viceministratura. Es, literalmente, un gabinete “de la casa”.
El joven presidente y sus sombras

La contracara de la juventud es la inexperiencia. José Jerí Oré, abogado formado en Villarreal y colegiado en la César Vallejo, se integró a Somos Perú en 2017. Su hoja de vida laboral arranca recién en 2019, por encima de los 30 años, cuando ingresó al gobierno regional de Áncash.
Su ascenso ha sido vertiginoso. Y aunque se expresa mucho más articuladamente que Boluarte o Pedro Castillo, lo que no es exactamente una proeza, arrastra una sucesión de controversias.
La denuncia por violación sexual presentada en enero de este año fue archivada por falta de pruebas. El fiscal supremo Tomás Gálvez confirmó que la prueba de ADN lo exculpó. Pero el tema dejó huella.
Una empresaria denunció un presunto cobro de S/ 150 mil para incluir proyectos en el presupuesto cuando Jerí presidía la Comisión de Presupuesto. Jerí negó los hechos, pero despidió a un asesor cercano.


Horas antes de convertirse en presidente, CARETAS publicó la nota “La Comisión de los S/ 3 millones”, sobre un cuestionable –y oneroso– cambio en las reglas de juego en su administración al frente del Parlamento. El Congreso contrató pólizas de salud para 7480 personas –trabajadores, cónyuges e hijos– mediante un proceso que incluyó la incorporación de la corredora Confianza Corredores de Seguros como intermediaria exclusiva. Esa intermediación implica una comisión del 5 %, equivalente a unos S/ 3 millones, un monto que no formaba parte de los procesos anteriores de contratación directa sin intermediarios. El cambio, además de elevar los costos, genera sospechas de manipulación en el proceso: fechas alteradas, ajustes de cronograma y exigencias para incluir la comisión como requisito obligatorio.
El congresista Carlos Anderson lo describió a CARETAS entonces como “uno de los jóvenes congresistas que siempre están cerca de situaciones vinculadas con dinero”.
Su supuesta diferencia patrimonial –según explicó en Cuarto Poder cuando asumió la presidencia del Congreso hace un par de meses– se debe al departamento que paga en hipoteca, no a flujo de efectivo. Su historial digital, por cierto, le jugó en contra: viejos tuits sexistas y cuentas de contenido sexual en sus redes fueron viralizados al día siguiente de su investidura. Cabe preguntarse si la cantidad de videos viralizados con los muñecos “José Pajerí”, al estilo del Ken de Barbie, y con un violín de accesorio, no lo terminen por beneficiar.
Jerí fue el autor del informe con el que se archivó la denuncia contra Boluarte por los muertos de las protestas, donde señaló excesos puntuales de las Fuerzas Armadas, pero no responsabilidad presidencial por la cadena de mando.
Meses después, lideró la vacancia que la derribó.


En otra de sus pocas entrevistas como presidente del Congreso, en RPP, fue crítico de la politización de la Justicia y la persecución política que, en su opinión, se emprendía en ocasiones desde la Fiscalía. Respaldó también la reforma judicial propuesta por la Comisión que preside María del Carmen Alva.
El joven presidente es, en suma, producto de un partido que opera, pero no inspira. Somos Perú es una maquinaria electoral sin ideología, un cascarón funcional que siempre encuentra asiento en los gobiernos de turno y candidatos de fuste, como ha hecho últimamente con Carlos Bruce para la próxima elección en Lima. No es menor que Jerí haya llegado al Congreso como accesitario del inhabilitado Martín Vizcarra, quien ahora exige su renuncia acusándolo de “blindar” a Boluarte.
El vocero de SP ya anunció que esta vez el candidato presidencial será George Forsyth, el futbolista exalcalde de La Victoria que encarnó la juventud y la “mano dura” contra la inseguridad antes de ver su candidatura desinflarse en 2021 y acercarse a Castillo.
Jerí comparte algo de ese molde: juventud, energía, discurso de orden… pero sin doctrina ni programa. ¿Sacará brújula?
En la madrugada del jueves, la congresista Ruth Luque aseguró que votaría por la censura de la mesa directiva. Si logran defenestrarla, para lo que solo necesitan la mayoría simple a diferencia de la vacancia, se acaba el flamante gobierno.
En un país donde todo vuelve sobre sí mismo, Jerí es el hijo político de un sistema que gobierna para sobrevivir.





