El 18 de marzo pasado, la vida de Alejandra Landers Carpio, una arquitecta de 26 años, se truncó tras un procedimiento médico en la clínica Sanna de San Borja. La joven acudió a urgencias por fiebre alta a causa de una gripe, pero lo que parecía ser un tratamiento estándar terminó siendo fatal. Según las investigaciones, el suero fisiológico administrado contenía una anómala concentración de sodio, lo que causó una muerte cerebral en pocas horas.
Tras la tragedia, la Segunda Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Santa Anita abrió una investigación por posibles delitos de lesiones culposas agravadas y homicidio culposo agravado. Como parte de las diligencias, los fiscales realizaron una intervención en la clínica, donde recabaron las historias clínicas de Landers y solicitaron las grabaciones de las cámaras de seguridad para esclarecer las circunstancias del incidente y determinar responsabilidades.
El tratamiento administrado a Landers consistió en un suero de la marca Medifarma, que, en lugar de ser una solución estándar, presentó una concentración de sodio peligrosa. Esto provocó un paro cardiorrespiratorio en la paciente, y horas después, se diagnosticó su muerte cerebral. La empresa Medifarma aún no se ha pronunciado oficialmente sobre el incidente, aunque la Fiscalía ya ha solicitado toda la documentación relacionada con la fabricación y distribución del producto defectuoso.
Este trágico caso ha puesto de relieve las fallas en los controles de calidad en la industria de la salud y ha generado un fuerte debate sobre la regulación de los productos médicos en el país. Mientras la investigación sigue en curso, las autoridades y la familia de la víctima exigen respuestas y acciones para evitar que más vidas se vean afectadas por negligencias similares.