Muchos recuerdan a Forrest Gump correr sin saber exactamente cuándo detenerse. Corría porque algo dentro de él le decía que siguiera avanzando mientras el camino aparecía frente a sus ojos. En Perú, dos corredores acaban de hacer algo parecido. No necesitaron una película, una multitud siguiendo sus pasos ni una explicación. Solo necesitaron 42 kilómetros y 195 metros para recordarnos que algunas historias también se escriben corriendo.
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