Fernando Luque: “Se ha olvidado que el arte también es artesanía”

Por Marce Rosales | El actor y director vuelve sobre Hamlet, el personaje que lo ha acompañado durante más de una década, para convertir sus monólogos en una experiencia libre que dialoga con César Vallejo y Segismundo. En esta conversación reflexiona sobre la locura, la muerte y el rigor que todavía exige el trabajo escénico.

por marcerosalescordova@gmail.com
Fernando Luque. Hamlet

En esta ocasión, Fernando Luque no interpreta la tragedia completa de Hamlet. Tampoco pretende reconstruir de manera convencional la historia del príncipe danés. En Hamlet, príncipe de la locura, el actor toma los monólogos del personaje de William Shakespeare, los fragmenta y los cruza con textos de César Vallejo y Segismundo, protagonista de La vida es sueño.

El resultado es una performance sin una trama lineal, construida como un extenso poema escénico que transita por tres estados: el infierno, el purgatorio y una posible redención. “No es exactamente la obra como tal. Estoy usando varios monólogos de Hamlet y mezclándolos libremente en una experiencia poética y teatral. Los mezclo con Segismundo y con Vallejo”, explica Luque.

La propuesta nació durante un viaje a Pucallpa, donde fue invitado a ofrecer un taller y una presentación. Sin un montaje previamente desarrollado, decidió recurrir a una práctica que llevaba tiempo explorando: la improvisación poética a partir de las emociones que aparecieran en escena.

Aquella primera experiencia lo animó a trasladar la idea a Lima y construir una estructura más definida junto con el músico Andrés De La Sur, encargado de la composición y musicalización en vivo.

Un poema que cambia sobre el escenario

El proceso comenzó sin un orden cerrado. Luque llevaba consigo distintos monólogos. De La Sur aportaba piezas musicales, entre ellas composiciones de Bach, y ambos observaban cómo podían dialogar el texto, la emoción y el sonido.

Algunas secuencias comenzaron a repetirse naturalmente durante las funciones y terminaron convirtiéndose en la estructura actual. Sin embargo, determinados momentos permanecen abiertos a la improvisación.

“Yo podía cambiar el orden si me provocaba. También decía poemas míos, pero no poemas que ya hubiera escrito. De pronto sentía algo, venía en una forma poética y lo decía”, recuerda.

La primera parte de la performance pertenece enteramente a Hamlet y concentra la dimensión más trágica del montaje. Luego aparece Vallejo, particularmente su mirada sobre el dolor como una experiencia inevitable que atraviesa al ser humano. Finalmente, Segismundo introduce una posibilidad distinta: la reconciliación.

Luque encuentra allí un contraste decisivo. Mientras Hamlet concluye con la muerte de sus principales personajes y una corte danesa destruida, La vida es sueño conduce a sus protagonistas hacia el reconocimiento de sus errores y la restauración del orden. “Hamlet es el más atormentado porque no logra reconciliarse consigo mismo”, sostiene.

El silencio después de la muerte

Después de años interpretando y estudiando al personaje, Luque identifica en Hamlet a un hombre dominado no solo por la duda, sino también por el temor a aquello que podría existir después de la muerte.

Su frase final, “el resto es silencio”, resume para el actor una ausencia radical de esperanza. Aunque Hamlet desea que Horacio relate correctamente su historia y preserve su nombre, no encuentra una verdadera certeza sobre la trascendencia.

“Me da la sensación de que lo que está sugiriendo es que después de la muerte hay simplemente una nada, un vacío. Esa falta de esperanza es lo que hace de Hamlet un personaje efectivamente trágico”, comenta.

El príncipe piensa reiteradamente en el suicidio, pero retrocede ante la posibilidad de que lo desconocido sea incluso peor que el sufrimiento que ya experimenta. Desde esa lectura, la vida deja de ser una dicha y se convierte apenas en el mal menor.

Ese tránsito emocional encuentra un marco particular en el hall del Museo Metropolitano de Lima. Su escalera principal, incorporada a la puesta, permitió desarrollar una composición vertical y reforzar el carácter ritual de la experiencia.

“Hay lugares que tienen una teatralidad ya inserta. La escalera es preciosa y ayuda muchísimo porque le da una teatralidad maravillosa”, señala.

Arte y técnica

Además de actuar en Hamlet, príncipe de la locura, Fernando Luque dirige una nueva versión de La casa de Bernarda Alba y participa como actor en Bodas de sangre. Los montajes forman parte de una búsqueda más amplia de La Vaca Multicolor por desarrollar una manera propia de acercarse al drama, al texto y al trabajo del intérprete.

Luque considera que la fidelidad que ha construido con parte del público responde a una exploración sincera de la condición humana, pero también al cuidado técnico detrás de cada puesta.

“Creo que hay una cosa que se ha perdido en el arte en general: se ha olvidado que el arte también es artesanía. No es solamente una idea loca, como pegar un plátano en la pared”, afirma, en referencia a la obra conceptual Comedian, de Maurizio Cattelan.

Aunque reconoce que el arte posee ambiciones conceptuales y espirituales que van más allá de fabricar algo bello, sostiene que esas aspiraciones deben apoyarse en el dominio de una técnica.

Para Luque, la herramienta principal del actor es el texto. Así como el pintor debe trabajar con precisión el pincel y el escultor el cincel, el intérprete necesita controlar cada palabra, intención y pensamiento que coloca sobre el escenario.

“No se trata solamente de tener dicción, porque eso es lo mínimo. Hay un trabajo de pensamiento sobre cómo dices el texto. No es meramente improvisado: existe una reflexión sobre por qué decirlo de esa manera”, explica.

Quizá el espectador no pueda identificar cada una de esas decisiones técnicas. Sin embargo, Luque confía en que el trabajo termina percibiéndose, del mismo modo que se distingue un producto elaborado con atención y paciencia.

“Se siente porque existe ese trabajo detrás. Nosotros también ambicionamos eso y creo que es lo que el público agradece”.

Hamlet, príncipe de la locura continúa los lunes de junio a las 8:45 p. m. en el Museo Metropolitano de Lima. La performance cuenta con musicalización en vivo de Andrés De La Sur y contiene luces estroboscópicas y efectos sonoros intensos.

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