La tecnología también puede convertirse en una fuente de compañía y esperanza durante una enfermedad. En el Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja (INSN San Borja), un nuevo integrante busca arrancar sonrisas a los pequeños pacientes que enfrentan tratamientos complejos: se llama Tomy, es un perrito robot y tiene una particularidad que lo distingue: puede comunicarse en seis lenguas originarias del Perú.
Desarrollado en el Laboratorio de Innovación Tecnológica del instituto, Tomy fue diseñado para acompañar a niñas y niños con leucemia de la Sub Unidad de Trasplante de Progenitores Hematopoyéticos (TPH), donde las hospitalizaciones prolongadas y los procedimientos médicos de alta complejidad forman parte de su tratamiento.
El dispositivo combina robótica, electrónica e impresión 3D para interactuar con los menores mediante movimientos, sonidos y frases de afecto. Su propósito no es reemplazar la atención médica, sino contribuir al bienestar emocional de los pacientes y hacer más llevadera su estancia hospitalaria.
Un compañero durante el tratamiento
Tomy busca transformar algunos momentos de la rutina hospitalaria en espacios de juego y distracción. Cuando se acerca a los pequeños, inicia la interacción con frases como: “¡Hola! ¿Cómo te llamas? Quiero ser tu amigo”. También mueve la cola, levanta una patita y responde a diferentes estímulos.
Las primeras experiencias ya se vivieron en el servicio de Trasplante de Progenitores Hematopoyéticos, donde niñas como María Delia y Lupita compartieron momentos de juego con el robot.
Para los menores que atraviesan tratamientos oncológicos, estas interacciones representan una alternativa de acompañamiento en medio de jornadas marcadas por procedimientos, controles y periodos prolongados de hospitalización.
La directora general del INSN San Borja, Melva Benavides López, destacó que el proyecto forma parte de los esfuerzos por humanizar los servicios de salud e incorporar nuevas herramientas tecnológicas al cuidado pediátrico.
Tecnología que habla en seis lenguas
Una de las características más particulares de Tomy es su capacidad para interactuar en seis lenguas originarias, entre ellas el quechua, el aymara y el awajún. Esta función fue desarrollada con el apoyo del Ministerio de Cultura, que participó en la validación lingüística y cultural de sus mensajes.
La incorporación de estos idiomas busca que los niños de distintas comunidades puedan reconocer su propia lengua durante la interacción con el dispositivo. Se trata de un componente intercultural que amplía el alcance de la iniciativa y permite que la tecnología también dialogue con la diversidad lingüística del país.
El robot fue construido mediante la integración de distintas disciplinas. La robótica permite programar sus movimientos; la electrónica controla motores, luces, sonidos y sensores; mientras que la impresión 3D facilita la fabricación personalizada de sus piezas y estructura.
De los hospitales a las comunidades awajún
La experiencia de Tomy también alcanzó a niños procedentes de comunidades awajún del distrito de El Cenepa, en la región Amazonas. Un grupo de 19 menores recibió atención médico-quirúrgica en el INSN San Borja y, durante su permanencia en el establecimiento, compartió actividades de juego e interacción con el robot.
Para estos pacientes, que debieron permanecer lejos de sus hogares durante su recuperación, escuchar frases de cariño en su lengua originaria y compartir momentos de distracción representó una forma adicional de acompañamiento.
El instituto proyecta llevar a Tomy a sus campañas extramuros en regiones como Cajamarca y Junín, con la intención de acercar esta experiencia a niños de localidades alejadas.
Una innovación nacida en el Perú
Tomy tiene su origen en el Primer Concurso de Innovación del INSN San Borja, realizado en 2023, donde fue seleccionado como uno de los proyectos ganadores. Desde entonces, su desarrollo estuvo a cargo del equipo del Laboratorio de Innovación Tecnológica de la institución.
La directora ejecutiva de la Unidad de Desarrollo de Investigación, Tecnologías y Docencia, Katia Granados Guibovich, destacó que la iniciativa demuestra cómo la innovación puede contribuir a humanizar la atención hospitalaria y promover el bienestar integral de los pacientes.
Más allá de sus componentes electrónicos y movimientos programados, Tomy representa una experiencia que combina ingeniería peruana, atención pediátrica e inclusión cultural. Su siguiente desafío será llegar a más hospitales y comunidades, donde una interacción sencilla puede convertirse en un momento de alegría para niños que enfrentan largos procesos de recuperación.