Me desmarco de quienes consideran un error que el nuevo ministro de Salud no sea médico. Desde hace décadas, el presupuesto público del sector viene subiendo de manera consistente mientras los servicios empeoran año tras año. Que yo recuerde, históricamente, los ministros de Salud han sido médicos. Es hora de ensayar otra forma de enfocar el problema para no seguir repitiendo los errores que, hasta hoy, son la constante en la salud pública.
Por eso considero que el nombramiento del administrador Luis Dyer es una decisión en la dirección correcta. Veamos por qué.La salud pública, vista como sistema, tiene como único fin y beneficiario al ciudadano. Miremos los insumos: personal de salud, desde médicos especialistas hasta enfermeras y técnicos; servicios de consulta médica, laboratorio, imágenes, tratamientos y hotelería en los hospitales. Esos servicios llegan a los ciudadanos en postas médicas, policlínicos, hospitales y, cada vez más, por vía virtual.
En suma, es un sistema de procesos con insumos humanos, infraestructura, obra civil, equipamiento e insumos —medicinas, material consumible y equipos—. Se trata, entonces, de ordenar esos recursos para que funcionen de manera óptima, sin cuellos de botella, en tiempos predecibles, minimizando el traslado innecesario de los pacientes. Además de las consabidas metas de disminución de mortandad y morbilidad, se deben considerar metas para minimizar los tiempos de espera para atender a pacientes, para el inicio de tratamientos y entre etapas de tratamiento, etc.
Para que todo esto funcione, tiene que haber información: historia clínica digital, control de stocks de medicamentos e insumos, y horarios bien asignados para el personal médico y asistencial.
Hoy existe lo que se llama la “salud 2.0”, que, gracias a la tecnología de la información y la inteligencia artificial, permite crear los sistemas informáticos necesarios para esta tarea a una fracción de lo que costaba hace pocos años, y que además seguirán abaratándose. La corrupción y el desperdicio de horas profesionales se minimizan cuando toda la información está en bancos de datos accesibles para quienes participan y supervisan los procesos.
Por supuesto, hay respetables profesionales de la salud que consideran que la cabeza del sector debe ser un médico, pero ahí hay un par de errores de concepto. El problema de la salud no es la solvencia clínica de sus médicos, sino la logística, las compras de medicinas, la adquisición de equipos y la gestión de personal.
El ministro Dyer es un profesional de la gestión, con estudios de administración de empresas, y su valía se ha demostrado en la conducción de equipos de personeros en múltiples procesos electorales. En sus primeras declaraciones públicas, ha mostrado vocación de corregir la pésima gestión gerencial del Ministerio de Salud mediante herramientas avanzadas de gestión y tecnología de punta. Merece que se le dé la oportunidad. Esperemos todos que le vaya bien. Los peruanos se lo merecen.