Paradojas de una añeja Guerra Fría: el Partido Comunista Chino inspiró y apoyó operativamente dos procesos subversivos: el de 1958-1965 (particularmente al MIR) y, desde la escuela de formación de cuadros de Nanjing, al maoísta Sendero Luminoso de 1980, imbuido en la revolución cultural sesentista.
En la década de los setenta, el gobierno militar progresista del general Velasco apostó a la URSS en diplomacia (1969) y armamento (1973), mientras que, en Chile, Pinochet respondió cultivando especiales relaciones de contrapeso con la China de Mao. Eran tiempos de estrategia pendular.
La misión del entonces ministro de Energía y Minas, general Jorge Fernández Maldonado, en noviembre de 1971 fue importante para entablar relaciones bilaterales, mientras que la misión del general Mercado Jarrín, en octubre de 1972, se complementó con una discreta triangulación chilena cuyo gobierno, el de la Unidad Popular de Salvador Allende, estableció previamente relaciones (1970) con el gigante asiático.
El primer ministro Zhou Enlai mostró un gran interés en formalizar relaciones con el Perú, sopesando la observación republicana de la administración Nixon a la política exterior aperturista y no alineada del régimen militar izquierdista limeño. Las compras de armas a ese país fueron escasas en comparación con nuestros proveedores tradicionales, pero el Gobierno de Ollanta Humala (2011-2016) adquirió material relevante de artillería y, en los últimos años, la cooperación militar aumentó. “China es nuestro primer socio comercial frente a la complejidad global por la visión de Trump”. Dos presidentes contemporáneos, Alan García Pérez y Pedro Pablo Kuczynski, con sendas visitas a la potencia asiática, miraron con atención al régimen unipartidista de Beijing.
La iniciativa de la Franja y la Ruta (adherida en 2019) y el megapuerto de Chancay son variables en el contexto más o menos reciente de una “diplomacia del lobo guerrero” en modo doctrina Xi Jinping: una versión hard (dura) que incluye operaciones híbridas y multido CARETAS / JULIO 22, 2026 minio al amparo de su doctrina militar de “guerra irrestricta” (¿Sun Tzu II?) —distinta a la tradicional—, y una versión soft (blanda) no confrontativa, o de ascenso pacífico, propia de la doctrina Deng Xiaoping (1978), el reformista que fue acusado por Sendero Luminoso de “desviacionista”. Un tecnocrático Hu Jintao perfeccionó la línea de Deng en 2003.
China es nuestro primer socio comercial frente a la complejidad global derivada de la visión de Trump, desconfiada de su presencia y actividad en la región (“influencia maligna”, entre otros eslóganes). Más allá de las suspicacias por las flotas pesqueras extractivas y los megaproyectos de corredores bioceánicos, encontrar difíciles equilibrios será un factor clave para sortear el actual escenario, quizás empleando la filosofía del juego del go.