A reaparición del Senado en el Perú no solo abre una oportunidad institucional, sino que también revela un riesgo central: el diseño actual puede diluir su función si no se asegura una orientación cla ramente nacional. Al combinar senadores elegidos por regiones con otros elegidos en distrito único, se introduce una tensión que amenaza con convertir al Senado en una réplica de la Cámara de Diputados, debilitando la lógica misma de la bicameralidad. La distinción entre ambas cámaras debería ser nítida.
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