A reciente advertencia de los organismos del sistema electoral sobre potenciales riesgos en los próximos comicios si no se incrementan sus partidas presupuestales abre un debate necesario, pero planteado bajo una lógica incompleta. En la administración pública, la demanda de mayores recursos no puede ser el único eje de discusión; es fundamental analizar la calidad y eficiencia del gasto antes de presionar al erario nacional. El Estado no es una caja ilimitada y la prudencia fiscal debe prevalecer.
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