Daniela Cusi, la actriz peruana que busca abrirle espacio al teatro nacional en Nueva York

Por Marce Rosales | Radicada desde hace tres años en la meca del teatro, la actriz y productora peruana habla de su formación en Stella Adler, del vértigo de abrirse paso en la escena neoyorquina y de The Bravas, la compañía con la que impulsa textos latinoamericanos en inglés.

por marcerosalescordova@gmail.com
Daniela Cusi

Nueva York suele presentarse como una ciudad de consagración artísticamente hablando, pero para Daniela Cusi ha sido, sobre todo, una ciudad de aprendizaje. La actriz y productora peruana llegó movida por la curiosidad, se formó en Stella Adler y hoy intenta abrirse paso en una escena feroz sin soltar el vínculo con su origen. Desde ahí impulsa The Bravas, la compañía que fundó para tender puentes entre la dramaturgia latinoamericana y el circuito neoyorquino.

Qué fue lo que te llevó a Nueva York? Más allá de la ambición profesional, ¿qué te empujó realmente a dar ese salto?
Primero, yo fui parte de la Universidad de San Martín y también del elenco de teatro profesional que estuvo bajo la dirección de Cristian Palomino, que fue un referente muy importante en mi formación artística y en mis ganas de dedicarme a esto de manera profesional. Después empecé a formarme con Leonardo Torres Vilar, que estudió en Nueva York, y a través de todo lo que él contaba sobre esa experiencia fue creciendo mi curiosidad.

Creo que eso fue lo que me llevó: la curiosidad de querer conocer un poco más, de buscar nuevas perspectivas y nuevas técnicas. Primero llegué a un Summer Conservatory en Stella Adler para probar un poco cómo era la escena en Nueva York, cómo era el teatro allá, y gracias a eso terminé quedándome en el conservatorio profesional.

Nueva York suele verse como una cima artística. Ya viviendo y trabajando ahí, ¿qué mitos se te cayeron sobre la ciudad y sobre la escena teatral?
Sí hay un choque cultural. Creo que lo principal, y algo que me ha tomado tiempo entender, es que aquí todo va mucho más rápido. Tu vida puede cambiar de la noche a la mañana, sí, pero también está esa sensación constante de que tienes que seguir haciendo tus propios proyectos, ir armando lo tuyo y crearte tus propias oportunidades.

Un mito que me alegra que se haya ido cayendo es la idea de que los artistas latinos o internacionales están clasificados únicamente para personajes latinos. Hoy siento que hay mucha más curiosidad por las capacidades del actor, más allá de su etnicidad. Pero también depende mucho de cómo tú te presentes, de los proyectos en los que decidas participar y de cómo quieras construir tu camino artístico.

Ahora cuéntame de The Bravas, que es uno de los proyectos en los que has estado trabajando últimamente.
The Bravas nació con la intención de crear oportunidades para que más voces latinoamericanas tengan presencia en la escena neoyorquina. Lo fundé con otra actriz peruana, Milena Cataño, y las dos teníamos esta idea de tender un puente entre talentos latinoamericanos y la posibilidad de llevar sus historias a escenarios internacionales.

Gracias a la compañía pudimos producir nuestro primer proyecto con un texto de Mariana de Althaus, que fue traducido al inglés, aunque manteniendo algunas expresiones en español, casi como un spanglish, porque hay cosas que no se pueden perder del origen. Fue una experiencia muy enriquecedora. Empezamos con un stage reading y a partir de eso obtuvimos una residencia artística en HB Studio, que es un espacio muy reconocido en Nueva York. Gracias a eso pudimos montar nuestra primera producción ahí. Para nosotras ha sido una experiencia muy rica y también muy alentadora para una nueva generación que está tratando de abrir su propio espacio y compartir su cultura desde una mirada más contemporánea.

Actuar en otro país y moverte en una escena como la de Nueva York, ¿ha cambiado tu relación con el Perú? ¿Tu identidad peruana se vuelve más nítida, más presente?
Sí, totalmente. Yo creo que mi identidad peruana influye muchísimo en el trabajo que estoy haciendo aquí en Nueva York. Quiero seguir manteniendo esa relación con la cultura peruana, con los artistas peruanos y con esos textos que necesitan un poco más de difusión.

En el caso de los textos peruanos, siento que hay algo muy particular: son dramas, pero siempre hay comedia. Creo que eso caracteriza mucho al peruano, esta manera de reírnos incluso de nuestras propias desgracias. Y siento que eso es un rasgo muy fuerte, un diferenciador que conecta con el público. Con Three Sea Stories, por ejemplo, eso estaba muy presente. La obra habla de las relaciones familiares, de los vínculos entre mujeres, de cómo esos lazos se transforman, y al mismo tiempo la comedia aparece para darle otra flexibilidad al drama. Desde mi perspectiva como actriz y artista, me interesa seguir trabajando desde esa identidad para difundir historias que siento resilientes, acogedoras y profundamente humanas.

Nueva York también puede ser una ciudad brutal para los artistas. ¿Cuál ha sido el golpe más duro de este proceso?
Yo creo que llegar aquí sola. No tenía ningún tipo de conexión, no tenía comunidad, y creo que para sobrevivir en esta ciudad necesitas comunidad. Fue volver a empezar desde cero.

Al comienzo una se inclina un poco hacia lo que conoce, hacia ciertos artistas latinos o espacios donde siente una cercanía, pero poco a poco fui abriendo más mi horizonte y preguntándome de qué comunidad quería formar parte realmente. Creo que esa ha sido una de las lecciones más grandes. Entendí que, para crecer profesionalmente, pero también para sostener tu salud mental y tu bienestar, necesitas rodearte de personas con las que puedas seguir aprendiendo y construyendo.

¿Cómo son tus días en Nueva York? ¿Qué tan frenético puede ser el trabajo allá?
Depende mucho del proyecto. Antes de la residencia estaba trabajando en distintas producciones a la vez, y el ritmo cambia bastante según si es cine o teatro. Cuando son proyectos de teatro, literalmente es todo el día. Durante la residencia prácticamente vivía en el teatro. Había ensayos, trabajo técnico, escenas, reuniones. Podíamos empezar a las diez de la mañana y terminar a las ocho de la noche. Entonces sí, es una dinámica intensa, pero también muy estimulante.

Si pudieras hablar con la Daniela que estaba a punto de irse a Nueva York, ¿qué le dirías?
Le diría que siga su curiosidad. Que siga esas ganas de contar historias y que no tenga miedo de empezar de cero. También le diría que esa idea que tenía antes de qué tipo de actriz quería ser, con el tiempo se ha transformado. Hoy la pregunta es más bien qué tipo de artista soy, no solo como actriz, sino como artista en general, a partir de todas las experiencias que he ido recogiendo en estos años.

¿Hay alguna posibilidad de verte pronto trabajando en el Perú?
No voy a regresar en un futuro cercano, pero sí quiero seguir manteniendo una relación con el Perú desde lo que estoy haciendo acá. De hecho, estamos trabajando en un festival latinoamericano en el que queremos recibir textos de dramaturgos y artistas jóvenes que quieran difundir sus proyectos en Nueva York. La idea es recolectar la mayor cantidad de textos posible para poder presentarlos y darles una plataforma aquí.

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