Ya en el siglo VI d. C. el fenómeno del Niño azotaba los templos y colapsaba el sistema agrícola de la cultura mochica. Y, sin embargo, el Perú sigue sin tomar precauciones ante un flagelo tan milenario como predecible. Un descuido inadmisible, porque a estas tierras no solo llega el Niño costero, sino también el Niño global. Y es importante diferenciarlos. El Niño costero se forma por condiciones atmosféricas locales, frente a Ecuador y el norte del Perú. Ya conocemos sus efectos nocivos. El Niño global, en cambio, implica que se calienta todo el Pacífico sur, desde Australia hasta Sudamérica, y tiene devastadores efectos a escala mundial. Y ambos Niños han marcado gravemente la historia política peruana contemporánea.
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