La violencia contra niños, niñas y adolescentes en el Perú no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como el resultado de factores sociales, económicos y culturales que afectan directamente la salud mental de las nuevas generaciones. Así lo advirtió la Dra. María del Carmen Calle Dávila, especialista del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM), durante un evento científico internacional.
La especialista participó en el simposio “Determinantes de las violencias y su impacto en la salud mental”, desarrollado en el marco del I Congreso Científico Internacional y la XLIV Jornada Institucional del INSM, donde analizó cómo las condiciones estructurales del entorno influyen en el desarrollo emocional de niños y adolescentes.
Violencia y desigualdad como factores estructurales
Durante su exposición, la Dra. Calle explicó que la pobreza, el desempleo, la exclusión social y la desigualdad de oportunidades son factores que incrementan significativamente el riesgo de violencia en los entornos familiares y comunitarios.
Asimismo, señaló que estas condiciones no actúan de manera aislada, sino que se combinan con dificultades en el acceso a servicios básicos, lo que agrava la vulnerabilidad emocional de las personas, especialmente en etapas tempranas de la vida.
La especialista advirtió que estos escenarios contribuyen a la reproducción de ciclos de violencia que afectan de manera sostenida el bienestar psicológico de la población infantil y adolescente.
Transmisión intergeneracional de la violencia
Uno de los puntos centrales de su intervención fue la llamada transmisión intergeneracional de la violencia, un fenómeno en el que los menores expuestos a situaciones de maltrato pueden normalizar estas conductas y reproducirlas en su vida adulta.
Según explicó, cuando la violencia se convierte en parte del entorno cotidiano, existe un alto riesgo de que se consolide como un patrón conductual que se repite de generación en generación.
“La violencia aprendida en el entorno familiar puede convertirse en un patrón que se repite si no existen mecanismos de prevención y protección”, advirtió la especialista durante su exposición.
Factores culturales y entorno digital agravan el problema
La Dra. Calle también señaló que las desigualdades de género y los estereotipos machistas continúan siendo factores estructurales que influyen en diversas formas de violencia en la sociedad.
A ello se suma el impacto creciente de los entornos digitales, donde el ciberacoso, la exposición a contenidos violentos y la constante interacción en redes sociales pueden intensificar el malestar emocional, especialmente en adolescentes.
Estos factores, combinados con contextos familiares y sociales vulnerables, incrementan los riesgos de afectaciones psicológicas en la población joven.
Riesgos en la salud mental de niños y adolescentes
La especialista alertó que la exposición prolongada a la violencia y a condiciones de vulnerabilidad social puede derivar en graves consecuencias para la salud mental.
Entre los principales riesgos mencionó la aparición de cuadros de ansiedad, depresión, estrés postraumático, consumo problemático de sustancias, autolesiones e incluso conductas suicidas.
En ese sentido, enfatizó la necesidad de abordar la salud mental desde una perspectiva integral que considere tanto los factores individuales como los determinantes sociales que influyen en el bienestar emocional.
Prevención y fortalecimiento de entornos seguros
Frente a este escenario, la especialista del INSM subrayó la importancia de fortalecer las competencias socioemocionales desde la infancia y adolescencia, como herramienta clave para enfrentar situaciones de riesgo.
Asimismo, destacó la necesidad de promover entornos seguros en el hogar, la escuela y la comunidad, así como reforzar la articulación entre los servicios de salud mental y las políticas públicas de prevención.
Según indicó, solo mediante un enfoque integral será posible reducir las brechas de desigualdad y mitigar el impacto de la violencia en las nuevas generaciones.
El análisis presentado por el Instituto Nacional de Salud Mental pone en evidencia que la violencia, la pobreza y la desigualdad continúan siendo factores determinantes en el deterioro de la salud mental de niños y adolescentes en el Perú. La advertencia de la especialista refuerza la necesidad de políticas públicas sostenidas que aborden no solo las consecuencias, sino también las causas estructurales de este problema.