La segunda vuelta presidencial de este 7 de junio no solo pondrá a prueba las preferencias de los electores entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. También servirá para medir uno de los fenómenos que más preocupa a las autoridades electorales: el creciente ausentismo electoral en los procesos democráticos peruanos.
Aunque los resultados de participación de la jornada todavía no se conocen, la referencia más reciente es la primera vuelta del 12 de abril de 2026. Según datos oficiales, alrededor del 23,8% del electorado no acudió a votar, lo que equivale a más de seis millones de ciudadanos que se mantuvieron al margen de una elección decisiva para el país.
La cifra confirma una tendencia que diversas instituciones vienen observando desde hace años. Un informe del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) evidenció que el ausentismo en los comicios generales mostró un crecimiento sostenido entre 2006 y 2021, reflejando una progresiva desconexión entre una parte de la ciudadanía y el sistema político.
Una tendencia que se acentuó con la pandemia
En las elecciones generales de 2006, el ausentismo nacional se ubicó en torno al 11%. Cinco años después, en 2011, la cifra se mantuvo relativamente estable. Sin embargo, el fenómeno comenzó a incrementarse de manera más visible durante la última década.
El punto más alto se registró en las elecciones generales de 2021, realizadas en plena emergencia sanitaria por la COVID-19. Ese año, cerca del 30% de los electores no acudió a votar en la primera vuelta, una cifra sin precedentes en la historia reciente del país. Más de 7,5 millones de ciudadanos se abstuvieron de participar, según datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Los especialistas atribuyeron entonces el fenómeno a las restricciones sanitarias, el temor al contagio y las dificultades de desplazamiento generadas por la pandemia. Sin embargo, diversos estudios posteriores concluyeron que el incremento del ausentismo no podía explicarse únicamente por la emergencia sanitaria.
Desconfianza y desgaste político
El Observatorio Nacional de Prospectiva Estratégica del CEPLAN ha advertido que el ausentismo electoral constituye un indicador relevante de la relación entre ciudadanía e instituciones democráticas. Cuando aumenta el número de personas que no participan en los comicios, también surgen interrogantes sobre la legitimidad de la representación política y la confianza en el sistema.
La inestabilidad presidencial, la fragmentación partidaria, los escándalos de corrupción y la percepción de que los procesos electorales no producen cambios sustanciales figuran entre los factores que suelen mencionarse para explicar el alejamiento de algunos ciudadanos de las urnas.
A ello se suman problemas estructurales como la migración interna. Millones de peruanos viven lejos de la dirección consignada en su Documento Nacional de Identidad, lo que implica viajes largos y costos adicionales para ejercer el voto.
¿Qué se espera en esta segunda vuelta?
Aunque históricamente las segundas vueltas suelen movilizar a más votantes debido a que la competencia queda reducida a dos candidatos, no existe certeza de que el ausentismo disminuya de manera significativa este año.
Analistas electorales consideran que la participación podría mejorar ligeramente respecto a abril, pero advierten que el desgaste político acumulado, la desconfianza en las instituciones y las campañas a favor del voto en blanco o nulo podrían mantener elevados los niveles de abstención.
Si el ausentismo se ubicara nuevamente entre el 20% y el 24%, el Perú confirmaría una tendencia que se ha vuelto cada vez más visible en las últimas elecciones: millones de ciudadanos siguen viendo las urnas con distancia y escepticismo.
Más allá de quién gane la Presidencia, el desafío para la democracia peruana parece ser otro: recuperar la confianza de quienes, aun teniendo la obligación legal de votar, deciden no participar.