CRÓNICA | Tini en Lima: Tantas Tinis

Por Marce Rosales | Tini presentó el FUTTTURA World Tour en el Estadio Nacional con una noche explosiva que repasó todas sus versiones. La artista argentina hizo convivir a la niña de Violetta, la estrella urbana, la cantante vulnerable y la performer de estadio frente a un público que se reconoció en cada una de esas facetas.

por marcerosalescordova@gmail.com
Tini en Lima. Tantas Tinis

Antes de que el estadio terminara de entregarse a Tini, Maxi Espíndola abrió la noche e hizo cantar y saltar al público asistente. El artista argentino, anunciado como invitado para la fecha limeña del FUTTTURA World Tour, llegó con la ventaja de una cercanía previa con el universo de Stoessel: además de su carrera solista y su paso por MYA, ha trabajado con ella y ambos han interpretado Te pido, una de las canciones más emocionales del repertorio reciente. Su aparición funcionó como una antesala muy bien ubicada.

El estadio también se vistió de Tini

Para ese entonces, ya había muchas Tinis caminando alrededor del Estadio Nacional. La noche tenía una estética extravagante y acorde a la ocasión: sombreros rosados de vaquerita, lentes negros, pañuelos en la cabeza, casacas de cuero, corsets, minifaldas, botas altas, tops plateados y blancos, jeans baggy, camisetas de fútbol intervenidas con guiños a la artista y brillos cerca de los ojos. Algunas llevaban gloss impecable, delineados muy cuidadosos, caritas pintadas y el cabello recogido en clean looks que sobrevivirían, con distinta suerte, a tres horas de gritos, saltos y canciones rompecorazones.

El público era mayoritariamente femenino, aunque no uniforme. Había niñas y adolescentes acompañadas por sus mamás, grupos de amigas en sus veintes, mujeres en sus treintas que habían ido a cantar y bailar hasta el piso y menos parejas que en otros conciertos. También había baddies, muchas, pero no todas las chicas con cuero, minifalda o botas pertenecían a esa onda. La diferencia siempre está en la actitud: en el maquillaje más marcado, en la manera de posar, en la seguridad corporal que marca presencia escénica sin estar directamente vinculada al espectáculo. Al costado convivían fans de Violetta en sus veintes, chicas con maquillaje temático, alguna vaquerita pop, alguna urbana, varias asistentes más discretas y otras que parecían haber elegido la ropa para contar sin palabras desde qué Tini venían.

No era una multitud ansiosa ni desbordada antes del inicio. Llegaban más bien tranquilas, se tomaban fotos en distintos puntos del estadio, acomodaban bolsos, revisaban el maquillaje, grababan historias. La explosión vendría después, cuando las canciones más atrevidas o más rotas las hicieran sacar el celular, cantarse a sí mismas, hacer videollamada con quienes no pudieron estar en el estadio y bailar como si este recinto fuera el lugar adecuado para descargar sus emociones más intensas. Una joven de estética Bratz agregó cremas a una hamburguesa para devorarla minutos antes del show, desmontando por un segundo su personaje de chica mala. La noche andaba bien. Todo brillaba, pero también todo tenía un aire de naturalidad.

Cuando las luces bajaron, el grito de “Tini, Tini, Tini” empezó a repetirse tantas veces que recuerda esa firma vocal presente en varias de sus canciones como La Triple T y Miénteme. Entonces apareció ella: rubia, desafiante, coqueta, descendiendo con un top y short negro de cuero, botas largas y mucha presencia escénica. A su alrededor, bailarines vestidos de plateado, con brillos, lentes de aire noventero, pelucas rubias y gorros con la tipografía del tour, completaban una imagen futurista acorde a la estética de su último álbum.

Desde el primer segundo, los músicos acompañantes demostraron que Tini no ha llegado a esta escala por accidente. Batería con mucho groove, guitarras eléctricas que le dan músculo al repertorio y una puesta en escena de primera: plataformas, estructuras móviles, humo, fuego, cámaras, cambios de vestuario y hasta un parante de micrófono cubierto de brillitos. Todo está pensado para que el ojo no descanse demasiado.

La gramática del cuerpo

Tini entiende su cuerpo como parte central de la puesta en escena. Lo usa con seguridad, precisión y provocación. Sobre el escenario, su figura domina y jerarquiza la atención. Esa seguridad, sin embargo, no aparece en el vacío. Durante los últimos años, ha tenido que responder más de una vez a comentarios sobre su apariencia que pasan desde burlas televisivas sobre su ombligo hasta observaciones desubicadas sobre su delgadez. El problema nunca fue su cuerpo, sino la libertad con la que otros se sintieron autorizados a examinarlo.

Ella misma contó que, en sus momentos más difíciles, llegó a cubrirse con ropa holgada y guantes para evitar exponerse, después de creer parte de aquello que se decía sobre su apariencia. Por eso, verla moverse en Lima con short, cuero, botas altas y una sensualidad frontal no era un detalle menor. En Lima, ese cuerpo no fue tema de comentario ajeno, sino parte de su gramática escénica.

Violetta también volvió

La clave del FUTTTURA World Tour no está solo en su despliegue visual. Está en su estructura. El concierto funciona como una biografía pop dividida en versiones de Tini. La primera es la estrella segura de sí misma, la que canta y baila como dueña de una producción enorme. La segunda es la niña televisiva que muchas vieron crecer. Cuando llegaron los guiños a Violetta, con imágenes de sus primeros años y una blusa que decía precisamente eso, el estadio cambió de temperatura. “¿Quiénes vieron Violetta?”, preguntó. La respuesta fue una ola de gritos nostálgicos.

En ese bloque, canciones como En mi mundo, Cómo quieres, Te creo, Destinada a brillar / Algo suena en mí y Ser mejor recordaron la época de Violetta, de la cual se mostró muy orgullosa y a la vez nostálgica. La aparición de Mercedes Lambre, recordada por interpretar a Ludmila Ferro en la serie, terminó de convertir el tramo en una cápsula de memoria Disney. Varias veinteañeras, maquilladas para una noche pop pero atravesadas por una infancia televisiva común, cantaban llorando mientras se grababan. Llorar por la niña que fueron, pero con el celular en alto, asegurándose de guardar la prueba. Todo eso tiene tintes nostálgicos sin descuidar lo contemporáneo.

De la herida a la fiesta

La tercera Tini fue más íntima. Con vestido blanco, abrigo de plumas y luces bajas, el concierto entró en una zona diferente. Buenos Aires dio una de las dosis más densas de la cita. Varias fanáticas se emocionaron y sus ojos lo demostraron. La argentina puso cara llorosa, luego lloró de verdad, y el estadio, que minutos antes era una pista de baile, se volvió una habitación enorme.

En paralelo, otra escena ocurría fuera del escenario. Rodrigo De Paul observaba el concierto desde la zona de producción, con capucha y gorro. Bastó que algunas asistentes lo notaran para que la noticia se propagara en dominó: celulares arriba, gritos, pedidos de saludo, de autógrafos y fotos tomadas a la distancia. Un par de chicas murmuraban sobre él y volteaban cada cierto tiempo para comprobar que seguía ahí. “Quiero un amor así”, dijo una de ellas. Tini no solo cantaba sobre el amor, también era mirada desde el relato público de su propio romance con el futbolista que en unos días disputará el Mundial 2026 para intentar defender el título obtenido en 2022.

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Más adelante, el concierto recuperó el pulso de fiesta. Down, High, Una noche más, Me gusta, Carne y hueso y otros temas fueron llevando la noche hacia una zona más física. Tini bajó al público, recibió regalos, se puso un sombrero con la bandera peruana, mostró una bandera del FUTTTURA y aceptó un muñeco de De Paul que exhibió ante las cámaras mientras el futbolista se reía desde su lugar. También le dieron un anillo y se lo puso. En esos gestos pequeños, la distancia entre estrella y fan se redujo por momentos a una especie de intercambio de amuletos.

La noche de todas

La noche también elevó la apuesta con invitados. Mercedes Lambre apareció en el bloque de Violetta como una visita directa al pasado televisivo de Tini. Más adelante, Maxi Espíndola subió al escenario entre aplausos y luego apareció María Becerra, recibida como un golpe de adrenalina. Cantaron juntas, se abrazaron y María le dijo “te amo” a Tini antes de agradecer al público. La química entre ambas encendió la noche porque venía cargada de historia reciente con su canción Miénteme. Cuando volvió a sonar, el estadio respondió con celulares arriba, gritos, saltos, gente grabándose y varias bailando hasta abajo.

A esa altura, Tini ya había pasado por casi todas sus formas. La niña Disney, la diva urbana, la cantante herida, la novia observada, la performer sexy, la artista agradecida, la amiga de sus invitadas, la mujer que llora y la estrella que se recompone. La Triple T hizo estallar al público en uno de los momentos más coreados de la noche. De nuevo, el “Tini, Tini, Tini” se repitió al unísono como una firma vocal ya reconocible. Luego pidió aplausos para su equipo, sus bailarines y sus músicos para recordar que detrás de esa fantasía futurista había una operación humana sosteniéndola.

El cierre llegó con Cupido, pirotecnia, humo y Tini haciendo un corazón con las manos antes de desaparecer entre la nube final. No fue un final sobrio, ni tenía por qué serlo. La noche había pedido excesos y debía finalizar de la misma manera. Excesos de brillos, de nostalgia, de gritos, de lágrimas, de celulares grabando, de cuerpos bailando, de chicas que habían ido vestidas como si ellas también fueran parte del espectáculo.

Cuando todo terminó, una señora dirigiéndose a la salida mientras procesaba la experiencia sensorial que acababa de vivir dijo con la cabeza ligeramente hacia abajo. “Te amo, Tini, te amo para siempre”. Quizá por eso el título del registro de esta noche no podía ser uno solo. En Lima no hubo una Tini. Hubo muchas. Todas cantaron. Todas dolieron. Todas brillaron, bailaron y devoraron.

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