Escribe: ARQ. URB. Jorge Ruiz de Somocurcio*
El 25 de abril de 1534, Francisco Pizarro fundaba la capital del virreinato del Perú en la sierra central en el soleado valle de Jauja ocupado por las culturas Xauxa y Huanca al pie del río Mantaro. Jauja era el mito europeo de abundancia y prosperidad asociado a la riqueza del Perú. Sin embargo, finalmente, el mismo Pizarro acodera en 1535 la capital frente a las costas del Pacífico por las posibilidades de conexión con ultramar a través del futuro puerto del Callao.
Ahora, el candidato Rafael López Aliaga anuncia el traslado de las competencias de gobierno localizadas en Lima hacia la sierra central: ¿Huancayo, Tarma? ¿Jauja?
La intención, como lo ha mencionado Roxana Rocha, candidata a una diputación por Lima con Renovación Popular, sería contribuir al descentralismo. Es decir, mover el centro de gravedad de las decisiones hacia el Perú provinciano.
Es una propuesta muy potente y que en realidad nos deja con muchas preguntas, entre otras: conocer si hay estudios para el efecto, cuánto costaría ese emprendimiento, cómo se financiaría, y obviamente qué pasaría con Lima y toda la infraestructura de gobierno existente.
En América Latina hay dos experiencias similares. La creación de Brasilia en 1960, construida en cuatro años como la nueva capital de Brasil, imaginada por el presidente Juscelino Kubitschek como una cabecera urbana para el desarrollo de la Amazonia. Diseñada por los arquitectos y planificadores urbanos Lucio Costa y Oscar Niemeyer, Brasilia impactó como mensaje en América Latina y en el mundo. Fue de una audacia territorial sorprendente y reposicionó el liderazgo de Brasil en el continente. Hoy viven ahí casi tres millones de personas.
La segunda experiencia de descentralización de los espacios de poder fue en el Chile de Patricio Aylwin en 1990 con el traslado de todo el Congreso a la ciudad de Valparaíso. Como resultado de esa re-gobiernización, la presencia del Congreso provocó una renovación de la zona en El Almendral, mayores costos de funcionamiento, pero fue un potente simbolismo regionalista.
¿Cómo sería desgobiernizar la ciudad de Lima? Sería una amenaza pero también una oportunidad si se cumplen ciertas condiciones: en primer lugar, Lima debería ser empoderada con competencias y recursos como región. Es la única pendiente. Organismos como ATU, SEDAPAL, COFOPRI, SBN, la ANA deberían ser dirigidos por la Región Metropolitana. Los edificios del Congreso y Palacio de Gobierno renovarían el pensamiento del Centro Histórico y podrían ser museos; instalar institutos de Altos Estudios, Centros de Arte y Cultura. Las oficinas ministeriales podrían reciclarse como vivienda u oficinas. La base aérea Las Palmas se convertiría en un gran Parque Nacional. Lima podría transformarse en una gran metrópoli de diversidad cultural, de servicios, comercio y turismo en América Latina; bisagra a través del puerto de Chancay entre las cuencas del Pacífico y el Atlántico.
El candidato Alfonso López Chau, de Ahora Nación, tiene un pensamiento del país que cuestiona su condición desigual, con grandes brechas, insostenible, nación inconclusa, y propone entre otras estrategias impulsar nuevas ciudades a partir de las que ya existen, pero constituyendo una propuesta virtuosa de reordenamiento urbano. Urbes territorialmente sostenibles, democráticas en su desarrollo, con un hábitat amigable que contribuya a superar inequidades de las ciudades existentes y ser motores de crecimiento y oportunidades. Volveremos en un próximo artículo sobre estas nuevas propuestas que por fin incorporen la noción de que el Perú será, lo que sean sus ciudades.
*Exdecano del Colegio de Arquitectos de Lima